ETIKA E

Discípulos de los Apóstoles de los Últimos Tiempos D.A.U.T.

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21-1-2000

0T20

Los dos testigos

Padre J. J. Arteaga; Melania; un alma mística

Recopilación por la Secretaría General de los D.A.U.T. de algunas de las más importantes Homilías pronunciadas por el Rvdo. Padre J. J. Arteaga en los cenáculos del Movimiento Sacerdotal Mariano en Madrid.
Los dos testigos que se citan en el cap. 11 del Apocalipsis

(11-12-91)

... La novedad que traerá la Parusía consistirá en que se sumergirán las tierras antiguas y emergerán de las profundidades marinas nuevos Continentes, bajo cielos diversos, como resulta de otros textos. En cambio la novedad del Juicio Universal no admitirá ya el mar, ni cualquier otra cosa de caduco.

El Cielo y la Tierra serán espiritualizados, al igual que los cuerpos resucitados, que los deberán habitar.

De igual modo la cesación del trabajo de las criaturas tiene diversa graduación en el milenio post-parusiaco, y en el de la eternidad subsiguiente al Juicio Universal.

En el milenio post-parusiaco existirá aún, como dijimos, el pecado original con sus consecuencias: La muerte, la posibilidad de ceder a las tentaciones hasta llegar a la apostasía total de nuevo, al final del milenio, por lo que Satanás nuevamente desencadenado encontrará secuaces tan numerosos como las arenas del mar (Apoc. 20,8).

Pero entonces no habrá ya cataclismos ni desastres, que envuelvan a todos, buenos y malos. Estos tendrán temor y permanecerán separados hasta que su Jefe regrese del abismo.

Cuando exponga los dictados sobre la última liberación de Satanás, seguida del Juicio Final o Universal estas diferencias entre la Parusía, el milenio, y el fin del mundo, se verán con mayor claridad.

Mientras tanto creo que los dos testigos de los que nos habla el Apocalipsis no pueden ser otros, como nos lo afirma la Sagrada Escritura, y nos lo confirman las "VOCES" actuales, más que Henoch, el séptimo Patriarca antes del diluvio, y Elías, el Profeta del fuego.

Para mayor abundamiento cito otra "VOZ" muy autorizada. La vidente de La Salette, Melania Calvat en sus cartas al canónigo de Brand en la carta no 228, fechada el 23-05-1881, escribe:

El Apocalipsis, palabra de Dios, tiene diversos sentidos... El libro comido por San Juan es el Evangelio, Palabra de Dios; ahora bien, en la aparición del 19-09-1846, (la aparición de La Salette) las palabras de María son la Palabra de Dios, palabras de vida para unos y de muerte para otros.

(Naturalmente, el mensaje de la Salette es Palabra de Dios en tanto que como revelación privada, concuerda con la Revelación Pública, interpretada, si procede, solemnemente por el Magisterio de la Iglesia).

La quinta trompeta (continúa escribiendo Melania) abre el tiempo presente donde el espíritu de vértigo (la prisa, el sensacionalismo) ofusca la razón y la inteligencia de los hombres; se inciensa a los malvados y se humilla a los buenos. El humo que sale de los pozos, figura la vanidad, la rebeldía de los hijos contra los padres, la ligereza de espíritu, el amor a los juegos (competiciones deportivas, juegos de azar... etc.), a los placeres, a la independencia, a los malos libros y prensa sectaria y en fin, a la blasfemia. (Como veis es un retrato exacto de nuestra época y sociedad).

El último Papa será un hebreo, pero convertido como lo era San Pedro, y Henoch y Elías erán crucificados como el Divino Maestro, después de haber predicado a los Hebreos, los cuales se convertirán.

Melania confirma pues, que los dos testigos no son otros que Henoch y Elías, de acuerdo con lo que dice en otros lugares paralelos la Sagrada Escritura.

También Melania en la carta 450, fechada el 22-04-1895, confirma la exégesis que hemos defendido en los Cenáculos precedentes de que la Parusía no es seguida por el fin del mundo y el juicio universal, sino que entre ambos eventos discurre el milenio claramente predicho en el Apocalipsis.

Melania escribe así:

"Cuando hace algunos años hablaba del Anticristo y de los franc-masones, que le prepararían su reino, se me miraba como a una iluminada e ilusa". ("?)

Y sin embargo se tenía a los Profetas, se tenía el Apocalipsis. ¿Por qué no se lee la verdadera historia de nuestra época?. Uno se sorprendería muy mucho por otros acontecimientos.

Es un gran error si se quiere poner el fin del mundo, fijarlo con el fin del Anticristo.

Después de la caída temporal o corporal del Anticristo, la Iglesia florecerá más resplandeciente que nunca; todos los judíos que queden vivos, abrazarán la fe. Todos los cristianos que queden vivos (los raptados en la Parusía), serán renovados en una fe viva. No habrá ya fuera de la Iglesia Católica ningúna religión ni secta y la paz más bella y universal reinará durante siglos (el milenio), después de los cuales la Fe se enfriará de nuevo..."

En este párrafo de la carta de Melania al canónigo Brand, se resumen perfectamente las ideas que venimos exponiendo y meditando. Son un eco de lo que nos dice la Sagrada Escritura, especialmente el libro de la esperanza cristiana: El Apocalipsis.

De las visiones de un alma mística publicadas en el libro titulado "MI REINO ESTÁ CERCA", entresaco lo siguiente:

Parusía: Venite ad me omnes gentes (1959): El Señor eleva mi espíritu en contemplación. Es una visión múltiple y grandiosa. Un gran campo de trigo, bendición de multitud de gavillas.

Por otra parte el águila y el oro; éste vencido cerca de unas amontonadas gavillas y haces de hierba...

Sobre todo ello la silueta de Jesús dominándolo todo, multitudes que se acercaban y le rodeaban; incontables ángeles que bajan. Ruinas de Milán y Roma ardiendo...

Sobre todo ello, dominándolo todo, una gigantesca Cruz en los espacios...

Oleadas de gentes que subían hacia el Cielo completamente resplandecientes...

Palabras inolvidables en el aire: Terra, Mare, Aer, Regnum, Omega, Parusía...

¡Venite ad me omnes!

Creo que es la llamada a la asemblea (Iglesia) Universal de los glorificados.

Allí somos esperados, deseados.

La figura majestuosa del Padre irradiaba torrentes de luz.

Cerca de Jesús vi una figura luminosísima entre ángeles: MARÍA.

Brillaban estrellas alrededor de su cabeza (La mujer vestida del Apocalipsis).

Era todo de una grandeza y luminosidad, de una belleza imponente...

Contemplo luego el Templo de Ezequiel en una gran explanada. Delante de él (el templo) he leído: "Vendrán mil años" ...

Cerca está para la Tierra en que instaure la era de mi Reinado en el mundo. Pero éste ha de ser probado y purificado, para que los tesoros de mi Corazón sean conocidos y deseados por todos los hombres.

Discípulos de los Apóstoles de los Últimos Tiempos
(D.A.U.T.)

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