ETIKA E

Discípulos de los Apóstoles de los Últimos Tiempos D.A.U.T.

www.etika.com
28-1-2000

0T21

Los signos de los tiempos

Padre J. J. Arteaga; Melania; un alma mística

Recopilación por la Secretaría General de los D.A.U.T. de algunas de las más importantes Homilías pronunciadas por el Rvdo. Padre J. J. Arteaga en los cenáculos del Movimiento Sacerdotal Mariano en Madrid.
Los signos de los tiempos

(09-12-92)

Queridos hermanos: Si habéis leído y releído con asiduidad y atención la serie de homilías que de un tiempo a esta parte hemos venido desarrollando en nuestros Cenáculos mensuales, tenéis en vuestras manos la clave para interpretar los signos de los tiempos que estamos viviendo.

Podemos resumirlas así:

LA VENIDA DE JESÚS de la que se habla en el cap. 19 del Apocalipsis no puede ser de ningún modo la última venida para el Juicio Final-Universal, sino más bien una venida intermedia destinada a cerrar la penetración de la Iglesia en los reinos políticos humanos. Es el llamado "tiempo de las Naciones" (Luc. 21, 24; Mar. 24, 24; Rom. 11, 25ss.). Estos tiempos de las naciones, tuvieron como punto de referencia el poder temporal de los Papas, cuyo último residuo es el Vaticano.

Por lo demás se ha verificado, y se sigue verificando una vez más, como en tiempos de Herodes y Pilato, el Salmo 2o "¿Por qué se amotinan las naciones, y los pueblos maquinan un fracaso?. Se alían los Reyes de la Tierra y los Princípes conspiran contra Dios y su Mesías: "¡Rompamos sus coyundas! ¡Sacudamos su yugo!". (Véase también: Hech. 4, 24,31). Jesús les hará entrar en razón "con vara de hierro" y entregará la tierra purificada a su Iglesia, a la Jerusalén Celeste. "Dichosos los que se refugien en Él!". (Salmo 2).

LA RESURRECCIÓN PRIMERA del Cap. 20 del Apocalipsis no es la resurrección corporal, sino más bien la moral. La misma tiene un significado más o menos propio según los diversos grupos de los resucitados.

Los habitantes del "Limbo" resucitan a la plenitud de la gracia, y luego, de la gloria, como aconteció después de la muerte de Jesucristo "cuando bajó a los infiernos", o, seno de Abraham.

Las almas del "Purgatorio" resucitan con un cuerpo luminoso, pero ficticio, umbrátil, si han terminado su purificación.

Los "Bienaventurados", que gozan ya de la visión beatífica, resucitan en el sentido que descienden con Cristo y los ejércitos celestes, que se preparan a enfrentarse con los ejércitos demoniacos. Se hacen visibles con un cuerpo ficticio hecho de luz.

Será éste el gran juicio contra los ángeles rebeldes, del que hablan los Apóstoles (2 Pedro 2,4; I Cor. 5,2 ss etc.).

Los sobrevivientes en carne y hueso resucitarán en el sentido de que comenzarán a respirar seguros y libres, porque saben, que por obra de Jesucristo son los dueños de la nueva situación en una tierra renovada, como los Hebreos liberados de Babilonia, siguiendo las leyes del paralelismo histórico. (Ez. 37).

EL REINO DE LOS MIL AÑOS DE CRISTO no es un reino en el sentido político y humano; no implica una presencia física, visible, localizada y continua.

Será visible sólo por un cierto tiempo hasta la regulación normal de la nueva situación, de semejante manera a como aconteció durante los 40 días de su "presencia" (en griego: "Parusía") en medio de los suyos desde la Pascua hasta su Ascensión.

Será visible no sólo Él, sino también el cortejo de ángeles y santos que forman su corte de honor. Y así, hasta la retirada de todos al Cielo con una nueva Ascensión colectiva.

Jesús habla de ello, y el Eterno Padre lo confirma, en los dictados a su portavoz predilecto, el "pequeño Juan".

Reinará, sin embargo, hasta el fin del mundo, de modo místico, invisible, rigiéndolo todo a través de la obra ordinaria de la Sagrada Jerarquía.

Los mil años, por lo tanto, no discurren desde los tiempos de la Redención total con la plena victoria sobre Satanás, que permanecerá encadenado en el Abismo durante los mil años (tiempo indeterminado pero largo).

Entonces, los pecados de los hombres, está claro, se deberán atribuir sólo a su perversidad, sin ningún atenuante de tentación diabólica. Pero los castigos se retendrán a la vista del gran número de fieles justos, y Dios no permitirá ya que los malos prevalezcan sobre los buenos. Aquellos formarán grupo aparte hasta que Satanás sea de nuevo desencadenado y se ponga por última vez a dirigirlos.

Entonces se repetirá la época de Gog y Magog, es decir, de la conquista de Israel (Antioco Epifanes, Macabeos) por los Griegos y luego por los Romanos, en la proximidad ya del Juicio Final Universal.

LA NUEVA JERUSALÉN del Cap. 21 del Apocalipsis es la Iglesia renovada y triunfante. Es tipo y figura del Paraíso.

EL JUICIO UNIVERSAL acontecerá después de que todos hayan muerto sobre la faz de la Tierra. ¡Todos! Y no sólo los hombres, sino también los animales, las plantas y los mismos planetas.

La Tierra muerta subsistirá hasta que no haya restituido todos los cadáveres que durante siglos y siglos se ha tragado. Será la resurreción de la carne.

Entonces Cristo descenderá de nuevo para el gran Juicio Final Universal.

Nos encontramos, finalmente, en los umbrales del Paraíso.

Enseguida resonará solemnemente la sentencia del Juicio Universal:

Todo el inmenso cortejo de hombres de buena voluntad, desde Adán hasta el último nacido, se pone en marcha, feliz y festivo, tras de Jesús Triunfador y de María, la poderosa Reina vencedora, para la solemne entrada en las nuevas mansiones celestes, entre los ¡hosannas y alleluias! de los Ángeles y los Arcángeles, de los Tronos y las Dominaciones, y de todas las jerarquías angélicas.

Atrás quedan, agobiados por la condena de Dios, y atormentados por sus propios remordimientos, todos los egoístas rebeldes al suave yugo del Amor, uncidos en cambio, al yugo del cruel Dragón, al que han querido tener como maestro y tirano.

Sin pena ni nostalgia, queda atrás el pobre mundo antiguo, con todos sus dolores y lágrimas, con todos sus desórdenes y luchas fraticidas, con sus tierras, mares, valles, montes y astros del firmamento, que se desvisten como ropa sucia y vieja.

¡Ahora se entra en el gran mundo nuevo!

En los más alto de los cielos, sobre su Trono de gloria, el Padre Celeste está esperando a todos. Desea verdaderamente acoger y dar una bienvenida divina al Hijo predilecto, que llega festivo, cargado de trofeos; el último el de la muerte imbatible, caída también ella a sus pies, dejando pletóricos de vida inmortal a los miembros de su victorioso cortejo.

Llega para que desfilen delante de su Divina Majestad como filial homenaje de amorosa pleitesía y de perfecta gratitud, a fin de que, de ahora en adelante sea Él el Dios Supremo, Alfa y Omega de toda la creación, el todo de todos, como lo reveló el Apóstol (II Cor. 15, 26-28).


A engrosar las filas de este cortejo estamos llamados todos personal- y apostólicamente, pues los adheridos al M.S.M. deben combatir, durante toda su vida al lado de la Virgen y de los Ángeles, para que el mayor número posible de nuestros hermanos los hombres, sean arrancados de las garras del Dragón.

Claro, que como hombres de finales del siglo XX, y escrutando los signos de los tiempos, se nos figura ya más cercana la Parusía del Señor, lo que se conoce como el final de los tiempos.

El 16 del pasado mes de octubre se cumplieron 14 años de su elección, y el 22 del mismo mes fue su coronación como Sumo Pontífice y comienzo de su pontificado.

A todos los fieles cristianos se nos pidió un recuerdo y una oración por el Papa. Yo, en mi parroquia, dije la Misa "pro Sumo Pontífice" y dirigí unas palabritas a los fieles, que agradecieron mucho.

No olvidemos que la fidelidad al Papa es uno de los compromisos del M.S.M.

He dicho que causó una gran sorpresa a toda la cristiandad la elección del primer Papa no italiano desde Adriano VI (1522-23), holandés, en más de cuatro siglos.

Pero no para la Divina Providencia que ya nos lo había anunciado de antemano.

Uno de los genios románticos de Polonia, muerto en olor de santidad, escribía a mediados del siglo XIX, en 1848 (el año precisamente del manifiesto de Carlos Marx en Londres (¡Proletarios del mundo, uníos!):

En el momento en que los peligros se acumulen, el Dios Omnipotente tirará de la soga de la gran campana y ofrecerá su Trono (la Sante Sede) a un nuevo Papa eslavo.

Cual lámpara en la noche tenebrosa, se iluminará su rostro, y conducirá a las generaciones venideras hacia la Luz del Arca Divina para sostener el mundo del Señor.

Será necesario aunar la esperanza y la energía ¡volveos hacia nuestro hermano, el nuevo Papa eslavo! Arenga a los polacos futuros.

Mientras las naciones se colman de cañones, Él no tiene más armas que el amor; como única fuerza los Sacramentos, y el mundo en el hueco de la palma de su mano.

¡Maravillosa profecía!

Es de notar la frase:

"Conducirá a las generaciones venideras hacia la Luz del Arca divina para sostener el mundo del Señor".

Recuerda el versículo 11 del cap. 11 del Apocalipsis: "Se abrió el Templo de Dios, que está en el cielo, y dejose ver el Arca de la Alianza en su Templo, y hubo relámpagos y voces y rayos, y un temblor y granizo fuerte".

Este Arca divina es la Mujer vestida del Sol, coronada de doce estrellas y con la Luna bajo sus pies, que se describe en el cap. 12. Del Apocalipsis.

Luego, será un Papa muy mariano que apuntalará el mundo del Señor, la Iglesia, en una auténtica devoción a la Virgen. Pero van transcurriendo los años, y nos sorprende la profecía de una religiosa, también polaca, la Hermana Faustina Kowalska, que Roma ha proclamada "Beata", y que en sus cuadernos redactados hacia el año 1931 (nació en el año 1905 y murió en 1038) se leen párrafos como el siguiente:

"El Señor me ha dicho: "Yo amo a Polonia de un modo especial. Si me es fiel y se mantiene dócil a mi voluntad, la elevaré en poder y en santidad... y de ella saltará la chispa que alumbrará al mundo entero y le prepararé para mi segunda venida".

Esta chispa hoy nos parece evidente que no puede ser otro que el Papa polaco Juan Pablo II: Por cierto que hasta su elevación al trono pontificio fue el postulador de su causa de beatificación y canonización. Ya elegido Papa, no podía ser juez y parte en la causa.

Es conocida en el mundo entero como "La Secretaria del Amor Misiricordioso del Corazón de Jesús".

Siguen transcurriendo los años, y la frase "prepara al mundo para mi segunda venida" se ilumina de repente.

Desde la humilde cocina de Aniceta, en la aldehuela de San Sebastián de Garabandal se oye el doblar de las campanas a muerto.

Aniceta y su hija Conchita de 11 añitos guardan unos instantes de silencio:

- Mamá ¿por qué doblan las campanas? ¿quién ha muerto en la aldea?

- ¡Ah! ¿Es que no lo sabes? Acaba de morir el Papa Juan XXIII.

- Es verdad, y ya que no quedan más que tres Papas.

Cara de asombro de la madre, que replicó inmediatamente:

- ¡Qué tonterías dices!

- No digo ninguna tontería, mamá. La Virgen me ha dicho: "Después de este Papá, Juan XXIII (3 de junio de 1963), no habrá más que tres Papas".

- Entonces ¿es que va a venir el fin del mundo? Los curas nos han predicado siempre el 29 de junio, fiesta de San Pedro, que los Papas durarán hasta el fin del mundo. (Cultura religiosa no le faltaba a mi buena Aniceta, a quien tuve la dicha de conocer y tratar hasta que murió (07-03-90).)

- La Virgen no me ha dicho que viene el fin del mundo, sino el fin de los tiempos.

- Y ¿no es lo mismo?

- No lo sé, mamá.

Conchita no se cansaba de repetir la misma profecía siempre que se presentaba la ocasión, incluso a personas de más relieve cultural que su mamá Aniceta.

Se lo repitó a la Sra. del Doctor Ortiz, Paquita de la Roza Velarde. Un señor de Barcelona, llamada Clapes Maymó; anotó que en la noche del 19 al 20 de diciembre (1962) Conchita tuvo un éxtasis de 3,15 a 5,15 y estaba presenta la Sra. Salichach (premio Planeta con su novela "La Cangrena"). Nati, la madre de la niña; Aniceta y su hermano Serafín.

Durante el éxtasis se la oyó decir: "Mercedes (Salichach) dice que San Malaquías ha profetizado sobre los Papas y que ya sólo quedan dos". "Después del actual (Juan XXIII) habrá todavía tres más, y luego ya no habrá más".

El Papa Juan XXIII murió el 3 de junio del año siguiente 1963, luego las niñas tuvieron conocimiento de la profecía con bastante antelación. La muerte de Juan XXIII lo único que hizo es ponerla de nuevo sobre el tapete. De ahí la reacción de su mamá: ¡Ya estás con tus tonterías! ¿qué sabes tú?.

Se lo repitió a Plácido Ruiloba, conocido comerciante de Santander, y que posee una importante documentación escrita y grabada de los hechos presenciados por él mismo.

Se lo repitió al P. Lafineur. En una de las 45 preguntas que le hizo, él anotó la respuesta:

"Después de Pablo VI no quedan más que dos Papas.Y en seguida viene "el fin de los tiempos", que no es lo mismo que el fin del mundo. Yo misma no comprendo muy bien esto, pero la Virgen me lo ha dicho así".

(Murió el 28-11-70 en Francia. Era belga, firmaba con el pseudónimo de "Dr. Bonance". Además su preparación teológica tenía una preciosa experiencia en asuntos de Apariciones, pues fue fiscal en el proceso de la Bauning (Bélgica, 1931-1932).

También el P. Lucio Rodrigo S.J., catedrático de la Universidad Pontificia de Comillas, de fama internacional por su tratado de Leyes, el mejor de Europa, insistía en preguntarla sobre esta profecía cuando Conchita con su madre iban a confesarse con él; la insistencia provenía de que el P. Rodrigo, teólogo de prestigio había captado inmediatamente la significación netamente escotológica de las palabras de la Virgen. De ahí que dejara escrito en sus recuerdos:

"Después de los misterios de nuestra Redención, no ha habido en la Historia de la Iglesia ningún suceso tan trascendente (es decir, de naturaleza religiosa, espiritual, relacionado con la historia de la Salvación) tan importante como GARABANDAL. En Garabandal, la Virgen profetiza los últimos tiempos..."

Se lo repitió al P. Pelletier y a los entrevistadores de la revista "Needles" (= Agujas: las hojas de los pinos tienen la forma de agujas. Hoy se titula simplemente Garabandal).

Y ya terminadas las apariciones (13-11-65) el 1 de noviembre de 1966 hablando con la M. María Nieves, superiora de la Residencia de Burgos donde se encuentra internada Conchita, le dice:

"Yo misma le dije un día al la Virgen: ¿Es que en los tiempos de esos sucesos futuros (Aviso, Milagro y posible Castigo ocurrirá el fin del mundo? y ella me respondió: "No, el fin de los tiempos".

Y Conchita añadió a la Madre Ma Nieves (actualmente en 1992, está destinada en el Colegio que tienen en El Escorial): Los Papas después de Pablo VI no serán más que dos, y después, entonces, llega el "fin de los tiempos".

Juan Pablo II, pues, será el último Papa del "tiempo de las naciones", será el Papa de las últimas etapas, del último esfuerzo, de la última oportunidad dada a la Iglesia y al mundo para anunciar la Buena Nueva a todos y en todas partes.

"Cuando la plenitud de los gentiles haya entrado en la Iglesia" según afirmó San Pablo a los Romanos, cap. 11, frase que se conjuga con la de Jesús: "Jerusalén será hollada por los gentiles hasta que se cumpla el tiempo (concedido) de las Naciones, entonces vendrá el fin". ¿Qué fin? El juicio de las naciones apóstatas que coincide con la gran tribulación, la Parusía, y el milenio de paz y reconciliación de los pueblos con Dios y su Mesías, Jesucristo.

Por eso, apenas Juan Pablo II, el Papa polaco, empuña el timón de la barca de Pedro, toca el clarín de combate, saca el farol debajo del celemín, lo sujeta al alto mástil de la Cruz; y como hijo de la Luz, anuncia sin recelos y ambigüedades el esplendoroso mensaje:

¡Sólo Dios salva! ¡El hombre es sagrado! ¡El aborto es un crimen nefando!.

El 22-10-78 en su homilía pronunciada en el curso de su entronización en la Cátedra de San Pedro en Roma, comienzo de su Magisterio, se le oye gritar a la inmensa multitud que le escucha:

"Hermanos, hermanas, ¡no tengáis miedo! Abrid más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo! ¡A su poder salvador! Abrid las fronteras de los estados, de los sistemas económicos y políticos, los inmensos dominios de la Cultura, de la Civilización y del desarrollo a todos los pueblos! ¡No tengáis miedo!".

En la aridez del desierto que está produciendo la gran Apostasía predicha por San Pablo, Juan Pablo II en sus numerosos viajes se ha empeñado en la formidable tarea de predicar el Evangelio a todas las razas, pueblos y continentes.

El Evangelio del Reino en todo el mundo testimonio para todas las naciones. Y en esta perspectiva podemos acabar la cita del Evangelio de San Mateo, 24,14: "Y entonces vendrá el fin."

Este fin del Cap. 24, 14 no es el fin señalado en el Cap. 25 del mismo Evangelio de Mateo.

Como hemos explicado, esta separación indica claramente la diferencia entre Parusía y Juicio Final.

Discípulos de los Apóstoles de los Últimos Tiempos
(D.A.U.T.)

Secretaria general en España
Francisco Hernández Yágüez
Apartado de Correos 536
E-45080 TOLEDO

Teléfono y Fax (925) 21-62-26
Internet: http://www.etika.com

- - - - Retour Index D.A.U.T. - - - - Retour ETIKA Start - - - -