ETIKA E

Discípulos de los Apóstoles de los Últimos Tiempos D.A.U.T.

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7-2-2000

0T23

Segunda Venida de Cristo

Padre J. J. Arteaga

Recopilación por la Secretaría General de los D.A.U.T. de algunas de las más importantes Homilías pronunciadas por el Rvdo. Padre J. J. Arteaga en los cenáculos del Movimiento Sacerdotal Mariano en Madrid.
SEGUNDA VENIDA DE CRISTO

(11-01-95)

... En este Cenáculo quisiera ceñirme a la venida intermedia del Señor según San Pablo.

La venida intermedia de Jesús en San Pablo es de difícil solución por una cierta ambigüedad en sus expresiones que parecen estar en contradicción entre sí.

Veámoslo: En su I Cor. 15, 51-52 escribe:

"Voy a declararos un misterio: "No todos dormiremos (moriremos), pero todos seremos transformados. En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al último toque de la trompeta - pues tocará la trompeta - los muertos resucitarán incorruptos, y nosotros seremos transformados".

En su I Tes. 4, 15-17 escribe:

"Esto os decimos como Palabra del Señor: que nosotros los vivos, los que quedamos para la venida del Señor no nos anticiparemos a los que durmieron; pues el mismo Señor, a una orden, a la voz del arcángel, al sonido de la trompeta de Dios, descenderá del Cielo, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Después nosotros, los vivos, los que quedamos, junto con ellos seremos arrebatadaos en las nubes al encuentro del Señor en los aires, y así estaremos siempre con el Señor. Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras".

Pero en otros textos de las cartas de San Pablo se habla de la universalidad de la muerte.

Y así, en su I Cor. 15, 21-22 escribe:

"Porque como por un hombre vino la muerte, también por un hombre vino la resurrección de los muertos. Pues así como en Adán mueren todos, así también en Cristo, serán todos vivificados".

Y en Romanos 5, 12 escribe:

Por obra de un solo hombre entró en el mundo el pecado, y a través del pecado, la muerte; así, la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron...

Y en Hebreos 9, 27 dice:

"Por cuanto a los hombres les está establecido morir una sola vez; y después de esto, el juicio; así también Cristo, que se ofreció una sola vez para soportar los pecados de todos, por segunda vez aparecerá, sin pecado, a los que le esperan para recibir la salud".

Leyendo estos textos la contradicción parece bien patente. Pero es inadmisible por cuanto el Espíritu Santo no se puede contradecir.

Por otra parte es difícil pensar que San Pablo en la misma carta I Cor. y separados ambos textos contradictorios apenas por una treintena de versículos, sostenga que todos morirán porque el pecado original es universal, y luego afirma que "no todos morirán".

┐Cómo resolver, entonces, esta aparente contradicción?.

El P. Martino Penasa, en su: Il Libro della Speranza" (Padova 1989), del cual soy tributario en mis homilías, para defender la Parusía del Señor, es decir, su venida intermedia, sostiene que si la muerte es universal, como lo ha sancionado solemnemente el Concilio de Trento en el Decreto del 17-06-1546, esto quiere decir que el arrebatamiento, el rapto de los vivos al encuentro de Cristo, no puede acontecer al final del mundo sino en la Parusía.

Pero entonces, los así raptados retornarán de nuevo a la tierra para luego morir como todos los hombres.

Será "el pequeño resto" que como los que se salvaron en el Arca de Noé, formarán "los nuevos cielos y la nueva tierra", la era del milenio de paz.

En cuanto a la afirmación contraria de la carta I Cor. 15, 51-52, elimina la dificultad, diciendo que la exacta traducción del texto griego, no es lo que se lee en las modernas traducciones, sino en la Vulgata de San Jerónimo.

Me he cartado con él y reflejo extensamente en mis homilías sus argomentos.

Sin embargo, el P. Aldo Gregori, también decidido defensor de la Parusía del Señor, le refuta en su pequeño libro: "La venuta intermedia di Gesù", así: "El razonamiento del P. Penasa, para el que admite la venida intermedia es atrayente pero no convincente.

Y no es convincente por las siguientes razones:

a)

Ante todo, el versículo 15, 51 de la Vulgata, que San Jerónimo tomó de la traducción latina precedente, no corresponde al texto griego de los mejores códices. Todos los exégetas traducen: "No todos moriremos, pero todos seremos transformados".

Sobre este punto ya no se descute más.

Me basta referirme al juicio del P. Prat: "No se puede razonablemente dudar que no sea tal la verdadera lectura. Es la de todos los minúsculos, excepto unos; de los unciales BKLP, de todos los Padres griegos y siriacos y de casi todas las versiones. Es también la sola que conviene al contexto. San Jerónimo la prefería por más que la Vulgata haya dejado estar la antigua versión latina...

Se cambió de lugar la negación porque no se pensó que aquí San Pablo no habla de los pecadores, sino de las dos categorías de justos, los cuales, todos, muertos y vivos deberán sufrir la transformación para reinar con Cristo" (La Teología de San Pablo, Vol. I. pág. 128, no 84).

b)

Si, pues, la lectura: "No todos moriremos, pero todos seremos transformados" es exacta, es demasiado clara para hacerla objeto de un mal entendido.

Por lo demás, el contexto como observa el P. Prat lo exige. El tono es solemne, revelador de un gran misterio.

Si se aceptase la traducción de la Vulgata, no se entendería la declaración de San Pablo, que anuncia un gran misterio. ┐De qué misterio se podría tratar al declarar que todos resucitaremos, pero que no todos seremos transformados?

La resurrección de los muertos era ya conocida en el A. Testamento, al menos en tiempo de los Macabeos (2 Mac. 7, 9), y de la transformación gloriosa reservada a sólo los justos, San Pablo había ya hablado de ella sin anunciar ningún misterio (I Cor. 15, 42-44).

c)

Referir la venida del Señor, de la que habla San Pablo en la I Tes. 4, 15-17 a la Parusía intermedia es evidentemente un forzar el texto. Son demasiadas las particularidades que nos obligan a pensar que San Pablo se refiere a su última venida; como el grito del Arcángel, el toque de la trompeta divina, la resurrección de los muertos, y sobre todo el inciso: "así estaremos siempre con el Señor".

d)

En fin, la presencia frente a Cristo, juez de los justos transformados sin pasar por la muerte, nos hace comprender mejor la antiquísima fórmula del Credo, que son el eco de las palabras de San Pedro (Hech. 10, 42) y de San Pablo (2 Tim 4,1): "Jesucristo ... vendrá de nuevo en la gloria para juzgar a los vivos y a los muertos". En efecto, si la expresión: "a los vivos y a los muertos" se refiere a la Gracia (vida del alma) tanto los justos como los réprobos estarían ya juzgados, y la expresión resultaría pleonástica.

Ante estas dificultades exegéticas el P. Aldo Gregori propone la siguiente solución: "Resulta, pues, bastante convincente que al fin del mundo habrá algunos justos que serán transformados sin padecer la muerte. Pero queda también claro que "todos mueren en Adán" porque todos han contraído el pecado original. Pero la contradicción entre estas dos afirmaciones es sólo aparente.

San Pablo sitúa en el mismo plano el pecado original y la muerte y habla sí de su universalidad, pero no afirma que todos los hombres, sin ninguna excepción, son concebidos de hecho con el pecado original y deben morir de hecho.

Es necesario, entonces, distinguir la universalidad jurídica de la universalidad de hecho. Todos los hombres han contraído el pecado original y todos deben morir. Deben por Decreto divino morir (statutum est hominibus semel mori), al cual ninguno puede substraerse.

Ninguno, a menos que Dios mismo lo quiera exonerar. Lo ha querido y lo ha hecho así con la Beata Virgen María, substraída al pecado original, al cual por ser hija de Adán debería haberse sometido.

Y lo ha hecho por un singular privilegio en previsión de los futuros méritos de Jesús Redentor, su hijo.

Debido a esta distinción es por lo que los Padres del Concilio de Trento declararon que no era su intención "comprender en el Decreto sobre el pecado original, a la Bienaventurada e Inmaculada Virgen María, Madre de Dios".

Ahora bien, si por un singular privilegio en consecuencia de los méritos de Cristo Salvador, la Virgen María ha sido preservada, desde el primer instante de su concepción, inmune de toda mancha de pecado original, analogamente se puede y se debe admitir que los últimos justos por un pecular privilegio, y en vista de los méritos de Cristo, sean absueltos de la muerte física.

Los últimos justos, pues, purificados por los sufrimientos de la gran tribulación, serán transformados, y subirán sin morir sobre las nubes del cielo al encuentro con Cristo, que retornará sobre la Tierra para juzgar a los vivos y a los muertos.

Será la sanción gloriosa de su completa y total victoria sobre el pecado y sobre la muerte.

Debemos reconocer, por tanto, que los textos de la I Cor 15, 51-52 y de la I Tes. 4, 15-17, que se refieren a la venida del Señor, hay que referirlos a la última Venida (como Juez de vivos y muertos), y no podemos a pesar nuestro, referirlos como prueba de la Parusía intermedia (como Esposo glorioso de la Iglesia). (Lo entre paréntesis son glosas mías).

Hay, sin embargo, en las cartas de San Pablo otros muchos textos que nos autorizan a sostener esta venida intermedia, sigue diciendo el P. Aldo Gregori, y cita a continuación alguno de estos textos y hace una breve exégesis de ellos, a mi parecer muy acertada.

Esta misma dificultad de interpretación de los textos arriba indicados, la experimentó el Siervo de Dios P. Dolindo Ruótolo, muerto a los 88 años, el 19-11-70.

Su obra más grandiosa fue su amplio comentario de la Biblia, que fué también parte de su gran dolor, fue censurada por un Tribunal Eclesiático, aunque en la actualidad se publica en todos los idiomas con gran provecho espiritual de las almas, sobre todo sacerdotales.

Pues bien, el santo D. Dolindo de quien el P. Pío dijo cuando le vio arrodillado a sus pies, pidiéndole consejo y su bendición, que veía en su alma reflejado todo el cielo, comenta así los versículos controvertidos:

"Después de haber explicado (San Pablo) las cualidades que tendrán los cuerpos resucitados para mostrar como resucitarán, comienza por resolver una dificultad, que podía nacer de las últimas palabras dichas por él: si el tiempo corruptible no puede ser partícipe de la felicidad ┐qué será de los que estén vivos cuando Jesucristo Juez venga?.

Evidentemente al fin del mundo habrá una multitud de hombres que asistirán a las tremendas escenas del último cataclismo, y que se encontrarán a punto de pasar de esta vida ante Jesucristo Juez.

Estos no podrán padecer la purificación y humillación del sepulcro.

Morirán como todos los hombres como explicitamente fue dicho por el mismo Apóstol en el versículo 22 de este mismo capítulo (I Cor 15, 22), y en la carta a los Romanos (25, 12), y en la de los Hebreos (C. 9, 27).

Morirán, tal vez por el mismo cataclismo final, o por el espanto que en ellos suscitará, pero al morir, resucitarán inmediatemente con todos los muertos, y su cuerpo terreno no tendrá tiempo de disolverse para retomar una nueva e incorruptibla vida.

Ahora bien, estos que a pesar de morir pueden considerarse como vivientes entre las generaciones muertas durante siglos ┐cómo podrán entrar en la felicidad eterna con su cuerpo?.

San Pablo responde revelando el misterio: "No todos dormiremos (en el sepulcro y padeceremos la corrupción) pero todos seremos transformados.

Los sobrevivientes en el cataclismo final morirán, siguiendo así la muerte de todos los hombres, pero por la misma atrocidad de su muerte se purificarán así y su cuerpo resucitado inmediatamente se transformará."

En la nota de Don Dolindo explica su posición exegética de este modo:

"El texto de la Vulgata dice contrariamente: Todos resucitaremos, pero no todos seremos transformados.

Sin embargo, esta lectura se encuentra en un sólo códice (D) y en algunos Padres latinos; mientras que los más autorizados códices griegos, y la mayoría de los Padres griegos, redactan el versículo tal como lo hemos traducido nosotros. (Es el de las nuevas ediciones).

En el versículo, tal como suena en la Vulgata, se hablaría de la resurrección de los justos y de los pecadores, lo que no está conforme con el contexto, puesto que el Apóstol habla de la resurrección de los justos.

En el versículo, tal como se lee en griego parece afirmarse que no todos morirán, lo que contrasta con la enseñanza del Apóstol, como hemos referido; y contrasta con lo que la Iglesia mayórmente acepta, como dice Santo Tomás y como enseña el Catecismo del Concilio de Trento. Es una grave dificultad por la cual al tratar de evitar un escollo se topa con otro."

La solución que proponemos, dice D. Dolindo, resuelve ambas dificultades.

Hasta aquí el comentario y la nota del Siervo de Dios D. Dolindo Ruótolo.

Como veis, estas tres exégesis demuestran claramente la dificultad que a veces presenta la acertada explicación de un texto Bíblico y la necesidad del Magisterio de la Iglesia, llegado el momento.

Pero, mis queridos hermanos, no debemos perder la esperanza de que esta venida intermedia del Señor, será una maravillosa realidad, y para la que, como las vírgenes sensatas, debemos estar vigilantes.

Estamos en los comienzos del año y me ha llamado la atención de lo que le dice el Señor a Mons. Octavio Michelini, sacerdote emérito jubilado de la diócesis de Carpi, Italia. Era capellán de una asociación de minusválidos físicos cuando el Señor comenzó a hacerle "confidencias".

Más tarde, santos, Papas de nuestro tiempo, religiosos-as que él había conocido le dictaron también mensajes hasta su muerte, ocurrida en 1979.

En la pág. 10 (Tomo III) le dice el Señor: "La hora de la purificación barrerá y arrojará fuera toda la putrefacción de teólogos presuntuosos y soberbios."

En la pág. 11 (idem): "Esta será mi venida intermedia a la Tierra con el Advenimiento de mi Reino en las almas, y será el Espíritu Santo el que con el fuego de su AMOR y con los carismas mantendrá purificada la nueva Iglesia, que será eminentemente carismática en el buen sentido de la palabra".

En la pág. 28 (idem), el 03-12-77 le pregunta al Señor ┐fracaso del materialismo?: "Sí, hijo mío, pleno y total fracaso del materialismo. Aunque, claro, el orgullo humano nunca admitirá esto. Pero será arrollado y convertido en cenizas.

Y estas palabras deben entenderse en su sentido literal. Sí, arderá y será convertido en cenizas - aunque esto no se crea - y será la hora de la purificación la que barrerá y destruirá toda la porquería y aún ... su recuerdo!

Hijo mío, dentro de 20 años, ya no se hablará de esto."

El 3 de diciembre de 1997 se cumplirán los 20 años de este mensaje, y nosotros constatamos que el materialismo elevado a la categoría de Dios por el Comunismo se ha derrumbado y convertido en cenizas tan trágicas como las de Chernobil.

Pero esperamos que en 1997 ya no se hable más de este falso ídolo y de sus adoradores y portavoces.

P. J. J. Arteaga (M.S.M.)

Publicado en Internet en el mes de febrero de 2000 por los
Discípulos de los Apóstoles de los Últimos Tiempos
(D.A.U.T.)

Secretaria general en España
Francisco Hernández Yágüez
Apartado de Correos 536
E-45080 TOLEDO

Teléfono y Fax (925) 21-62-26
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