ETIKA E

Discípulos de los Apóstoles de los Últimos Tiempos D.A.U.T.

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27-3-2000

0T29

En defensa del Papa

Padre J. J. Arteaga

Recopilación por la Secretaría General de los D.A.U.T. de algunas de las más importantes Homilías pronunciadas por el Rvdo. Padre J. J. Arteaga en los cenáculos del Movimiento Sacerdotal Mariano en Madrid.
EN DEFENSA DEL PAPA
(13-11-96)

Queridos hermanos/as:

El martes, 22 de octubre de 1996 se cumplieron 18 años del Pontificado de nuestro queridísimo Santo Padre el Papa Juan Pablo II. A toda la cristiandad se nos pidió que en la Santa Misa eleváramos oraciones especiales por él; oraciones de agradecimiento por la feliz operación que ha sufrido y por el diagnóstico transquilizador que los médicos han redactado.

Teniendo en cuenta que después de nuestra consagración al Corazón Inmaculado de María, nuestra fidelidad al Papa y a su Magisterio es uno de nuestros compromisos asumidos, me ha parecido conveniente que la homilía de este Cenáculo salga en defensa del Papa Juan Pablo II. Pero voy a ceder esta defensa a Mons. Pablo María Hnilika s.j. a quien ya conocéis como un gran amigo y defensor del Papado.

El 22 de febrero, fiesta de la Cátedra de San Pedro en Roma, él dirigía a los grupos marianos de oración la siguiente carta, llena de fe en el sucesor de S. Pedro.

Queridos hermanos/as de los grupos de oración marianos:

En la fiesta de la "Cátedra de Pedro", fiesta de la vocación de Pastor universal de nuestro Santo Padre Juan Pablo II, suplicamos la misericordia del Padre Divino para que el Padre pueda acabar la misión que Él ha querido, con su lema "totus tuus" ofrecer al Corazón Inmaculado de María.

Vosotros, queridos grupos de oración, que os habéis consagrado a la Santísima Virgen María, estais llamados a defender la luz de la Verdad que irradia del Corazón de Cristo, sobre todo la Iglesia.

En primer lugar queremos recordar que el Papa ha sido elegido por Dios para realizar todo el mensaje de Fátima: "La consagración al Corazón Inmaculado de María para la conversión de Rusia y la paz del mundo".

Sabemos, en efecto, por las palabras del mensaje de Fátima, que esta consagración alcanzará su plena eficacia solamente cuando sea hecha por el Papa en unión con todos los Obispos.

Dios mismo ha pedido esta consagración, y ha unido a su realización, promesas ricas en bendiciones. Por esta razón era muy importante para la Iglesia y para todos los pueblos.

Por este motivo, el Papa con su carta personal (08-11-1983) invitaba a todos los Obispos del mundo entero a unirse a Él en esta consagración.

Si bien todos no se adhirieron a su invitación, el Papa, por su parte, ciertamente ha hecho todo lo que Él podía hacer, como también lo ha afirmado Sor Lucía de Fátima al respecto.

No es la única vez que el Papa no ha sido tomado en serio por un Obispo en cuestiones importantes. Y esto, demuestra desgraciadamente, que hay también Obispos que no aceptan la plenitud de la vocación del Santo Padre: y es tanto más grave - como todos Santos lo han afirmado en la Historia de la Iglesia - que los Obispos y el Papa deben guiar unidos nuestras almas, y para esto reciben de Dios, dones especiales de Sabiduría.

Por mi parte, por la misericordia de Dios, llevo ya 45 años de episcopado, y por desgracia lo debo decir, que jamás me he habituado a la falta de unión de un Obispo con el Papa, porque es un malísimo ejemplo y causa de desaliento para los fieles: esto podría parecer imposible, porque un Obispo jura fidelidad a Pedro y a sus sucesores durante su ordenación episcopal. Todo esto nos hace comprender qué verdadero es el mensaje de Fátima cuando dice: "El Santo Padre tendrá mucho que sufrir", y, en efecto, uno de sus mayores sufrimientos es ciertamente el ver cierta división interna en la Iglesia.

Verdaderamente las divisiones y los enfrentamientos a tú por tú con las enseñanzas del Papa, sobre todo, cuando vienen de ciertos profesores, de algunos Sacerdotes y hasta de Obispos, crean entre los fieles escándalo y desafecto, indiferencia y desobediencia, y frenan el empuje misionero de la Iglesia.

Al Papa, en este clima de adnimadversión, se le considera por algunos como un Obispo más, cuando Él debería ser amado y venerado como el Vicario de Cristo en la Tierra, que guía al Pueblo de Dios, instruyendo y confirmando con su palabra a sus hijos en el ministerio pastoral, a Obispos y Sacerdotes.

El sufrimiento, del que hablo, anunciado por el mensaje de Fátima, ha sido ciertamente una constante en la vida de todos estos Papas que han seguido las huellas de Cristo.

Durante este pontificado, que asiste, en efecto, a un ataque ininterrumpido contra el Primado de Pedro, como raramente ha sucedido en la Historis de la Iglesia.

Uno de los fenómenos recientes de rebelión contra el Papa es (p. e.) la iniciativa de un referendum "popular" promovido por Austria y que se trata de extenderlo a otros países.

Para nosotros Obispos, Sacerdotes y Fieles de los países del Este, perseguidos a causa de nuestra fidelidad a Cristo y a su Vicario, el amor al Papa era precisamente de una importancia vital, porque Él era la piedra de toque de nuestra fe y el punto de apoyo de nuestra batalla y de nuestra victoria. En los campos de concentración, todos nosotros hemos experimentado que la plena unión con Cristo, el Señor, y con el Papa de Roma nos ha preservado de caer en el error del marxismo y de su doctrina materialista, verdadera negación de la resurrexión de Cristo y de su Esperanza natural.

Solamente la fidelidad a Cristo y al Papa, nos ha dado el coraje de combatir al comunismo y a su idolatría del hombre sin Dios.

En occidente, donde me encuentro desde los años 50, he visto cómo penetraba cada vez más, aún en el interior de la Iglesia este espiritú de secularización y masónico que ya quiso destruir la Iglesia del Este. Esta misma mentalidad que se jacta de ver en la Virgen María y en el Papa a sus mayores enemigos, al no poderlos eliminar completamente, tiende a reducirlos a simples figuras simbólicas, manifestando así una inspiración que dificilmente se la puede llamar de otro modo, sino satánica. Y se echa de ver también en ciertas realidades sacramentales.

Cómo no pensar en el Sacramento de la Santísima Eucaristía y en el sacramento de la Reconciliación en el mundo occidental inmerso en un clima de materialismo laico y secularizado, que no deja sitio a la gracia y al amor de Dios, se tiende hacer desaparacer la confesión y a dar una imagen reducida y superficial de la Santa Comunión.

Si nos apartamos del misterio de Dios y de lo sobrenatural, acabaremos por asemejarnos a algunas Iglesias reformadas protestantes que se comprometen solamente en actividades sociales y de beneficencia. Precisamente en estos grupos protestantes surge la ansiedad en muchos de sus fieles religiosos de querer unirse a la Iglesia católica guiada por el Papa.

Mi corazón sufre al ver a la Iglesia atacada por grupos laicistas y por sectas fundamentalistas y tan debilitada por los desacuerdos internos.

Es doloroso afirmarlo, pero esta indiferencia y a veces esta oposición a la Persona y a la vocación universal del Papa se inculca también en los espíritus de los jóvenes seminaristas por teólogos y exégetas que enseñan con agresividad extravagancias y herejías directamente desde sus cátedras que se pretenden católicas.

Cuando algunos teólogos, Sacerdotes y hasta Obispos se permiten hoy enseñar, escribir y propagar a través de los medios de comunicación social - sus aliados - doctrinas que no están ya en armonía con el magisterio ordinario de Pedro, le limitan y le contradicen debilitando su ministerio.

Con una falsa interpretación del Concilio Vaticano II, se pretende llevar adelante un proceso probador de distorsiones de la Verdad, ignorando la auténtica interpretación del Concilio, que, sin embargo, está presente en todos los documentos y los discursos del Santo Padre.

Se debe evitar, en efcto, que los fieles lleguen por causa de ello, a una apostasía de la verdadera fe que Cristo y sus Apóstoles nos han legado y confiado al Magisterio del sucesor de Pedro.

La sangre de los mártires de la Iglesia perseguida ha testimoniado esta auténtica fe en el ministerio de Pedro y de sus sucesores.

La persecución, en efecto, tenía como fin la división y la destrucción del cristianismo, a saber, la separación de la piedra fundamental sobre la cual había sido fundada la fe cristiana. La persecución de hecho estuvo siempre concentrada sobre el ministerio de Pedro.

En este siglo XX, que ya llega a su final, la Verdad del Primado de Pedro, ha sido atestiguado y defendida por la sangre de los mártires del mundo entero, y también por la sangre de los mártires de la Iglesia del Este, de la que procede nuestro bien amado Papa Juan Pablo II.

Recuerdo que cuando fui llevado a los campos de concentración en Checoslovaquia como decenas de millares de hermanos/as en la fe, la acusación contra nosotros era la de querer permanecer fieles a la Cátedra de Pedro.

Los comunistas, en efecto nos ofrecían la libertad si renunciabamos a la fidelidad al Papa de Roma.

Y así, hemos meditado y comprendido que el enemigo de Dios (Satanás) había descubierto a su más peligroso e invencible adversario: Pedro.

Y efectivamente Jesús había prometido a Pedro que las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia.

Si la sangre de los mártires no hubiera sido derramada por la fidelidad a Pedro en esas tierras, la Iglesia católica no existiría tal vez ya en ellas hoy, a pesar de las presuntuosas pretensiones de la tan cacareada ost-politique vaticana. Con frecuencia ésta no sería nada más que un "chalanco" diplomático de compromiso e intentos, pero no de éxitos, con los enemigos implacables de Dios y de la Iglesia.

En el espiritú de los Cardenales y de los Obispos de los países el Este - a pesar de una eventual buena fe - solamente provocó los mayores sufrimientos para los mártires de la Iglesia del silencio.

Así la etiquetada ost-politique vaticana servía a los enemigos de la Iglesia y del Papa para decir que no existía ninguna persecución. Podría, acerca de esto, citar numerosos testimonios, entre ellos mis numerosos coloquios personales con Pablo VI, de su gran sufrimiento y sorpresa por las noticias dramáticas de los perseguidos.

El Papa Pablo VI escuchaba con lágrimas en los ojos los informes preparados para Él, y todo lo que le comunicaban los grandes Pastores, desde el Cardenal Mindszenty, Primado de Hungría al Cardenal Baran de Praga, del actual Cardenal Lorec de Nitra en Eslovaquia al Cardenal Wyszynski, Primado de Polonia. Esta verdad sobre la persecución en el Este, provocado por los atroces métodos comunistas, solamente la podían comprender los que la han vivido en esos países, porque los cristianos pagaban con su propia vida el precio de su fidelidad a Cristo. Ellos, los mártires del Este, de la llamada "Iglesia del silencio" han sido reducidos al silencio en el Oeste.

Unicamente en este contexto se puede comprender, en efecto, la frase árdua y dolorosa del Cardenal Wyszynski, pronunciada en pleno Sínodo de la Iglesia universal: "Vir Casarolensis ego non sum" (Varón de Casaroli, no soy yo).

Ellos, los mártires del Este, han sido los grandes autores del derrumbamiento del muro de Berlín porque ellos han permanecido fieles a Cristo y al Papa. Su sangre ha preparado el Pontificado de un hombre venido de lejos, de las tierras del Este.

Juan Pablo II es el hombre de la Misericordia divina para nuestros tiempos, preparado por el Corazón Inmaculado de María para introducir la Iglesia en el tercer milenio como se lo indicó al primado de Polonia, el Cardenal Wyszynski, y también por su compatriota la Beata Sor Faustina Kowalska, mensajera de la Bondad y de la Misericordia de Dios.

Queridos hermanos/as, esta carta en la fiesta de la Cátedra de San Pedro en Roma, está escrita, sobre todo, para invitaros a orar por el Papa, a fin de que no llegue a encontrarse sólo y aislado.

Con vosotros, desearía conducir con las palabras escritas y pronunciadas por el Papa en Fátima el año 1982, en el acto de consagración a la Virgen María: Que se revele, una vez más, en la historia del mundo, la potencia infinita del Amor Misericordioso. ĦQue Él detenga el mal! ĦQue Él transforme las conciencias!

ĦQue en tu Corazón Inmaculado se encienda para todos la luz de la esperanza!.

Son palabras de Sor Lucía (la vidente de Fátima):

"Quien no está con el Papa no está con Dios, y quien desee estar con Dios tiene que estar con el Papa".

P. J. J. Arteaga (M.S.M.)

Discípulos de los Apóstoles de los Últimos Tiempos
(D.A.U.T.)

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