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Etica cristiana |
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0T54 |
Doce
Normas para la Convivencia Matrimonial |
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1.
Procuren no enfadarse los dos al mismo tiempo. Turnense en los momentos de
humor. Saber esperar a que el otro se desahogue es uno de los secretos a
convivencia feliz.
2. Nunca se griten el uno al otro, a no ser en caso
de incendio o terremoto, gritarle a una persona (sobre todo mayor) es rebajarla
unos cuantos grados en la escala evolutiva. Ninguno de vosotros se casó con un
animal inferior. Sólo se grita a los animales y a los locos.
3. Procuren
complacerse en todo
mutuamente, ahí está el detalle. Para hacerle un favor no recuerde nunca que ya
se le ha hecho otros favores, eso es una mezquindad.
4. El matrimonio se hace a base de abnegacion y renuncia. Pero
la renuncia y abnegación son las semillas de la mata, no las espinas. Sembrada
la abnegación y la renuncia darán la felicidad para vosotros y para
vuestros hijos.
5.
Nunca anden mirando atrás, como la mujer de Lot, porque se
volverán estatuas de sal. Nunca le andes recordando al cónyuge las faltas
pasadas y los errores que ha cometido; eso, además de inútil puede ser un acto
pernicioso y de crueldad estéril.
6. Que nunca tengan que hablar
en casa de derechos y obligaciones; hablar de derechos y obligaciones
en el amor es definitivamente destructor. Por eso que nunca el cónyuge
tenga que repetir dos veces lo que quiere, y apelar a sus derechos.
7. Una de las fuentes más frecuentes de disgusto, de
heridas incurables y de distanciamientos definitivos suele ser el problema de
los gastos. Nunca se los eches en cara, aunque sean excesivos. Hay que
hacerlo por otro camino. ¿Cuál?
8. Nunca salgas de casa sin decir una palabra
afectuosa que se quede grabada durante la ausencia, iQué poco
cuesta una palabra, y qué importante es la convivencia feliz!
9. Que nunca caiga la noche sobre
vuestro enojo, por muy justo que éste haya sido. Compartir el sueño
rodeado de espinas es como dormir al lado de un lobo; y no hay duda de que
debe ser desagradable. O como dormir junto a un tigre
o un perro rabioso.
10. Busca siempre una palabra agradable para
la hora de volver del trabajo, o para recibirlo cuando
llega; que este momento de reencuentro nunca se convierta en una rutina.
11. Es bueno recordar de cuando en cuando
las horas felices, pero ipor favor!, nunca las infelices.
12. Nunca se pongan a llorar juntos
por lo que pudo haber sido; pues las palomas volaron
y no volverán; lo que existe es el presente y el futuro por realizar.
ESTOS DOCE
MANDAMIENTOS SE ENCIERRAN EN DOS: EN AMARSE DE VERDAD, Y EN PENSAR EN LA IMPORTANCIA
DEL AMOR, DEL EJEMPLO Y DE LA EDUCACIÓN A LOS HIJOS.
Señor, haz de nuestro hogar un lugar de amor, donde no
haya injurias, porque Tú nos das comprensión; donde no haya amarguras, porque Tú
nos das paciencia; donde no haya egoísmo, porque Tú
nos haces generosos; donde no haya rencor, porque Tú nos enseñas el
perdón; donde no haya abandono, porque Tú estás siempre con nosotros.
Haz de nuestras vidas una página llena de Tí, Señor.
Que cada mañana amanezca un día más de entrega y sacrificio; que cada noche nos
encuentres con más amor de esposos; que vivamos todo el día en la ayuda y
consuelo mutuos.
Ayúdanos, Señor; para educar a nuestros hijos según
Tu imagen y semejanza, para que vivamos nuestro amor conforme a Tu voluntad. Para
que veamos en nuestra felicidad motivo más para amarte. Para que demos a los
demás lo mucho que Tú nos has dado.
Te invitamos Señor a nuestro hogar... iOjalá te
encuentres a gusto en él!.
¡Óh, Jesús! iNuestro amadísimo Redentor!, has venido a iluminar el mundo con Tu
doctrina y ejemplo. Quisiste pasar la mayor parte de tu vida obedeciendo humildemente
a José y María en el pobre hogar de Nazaret. De este modo santificaste aquella
familia escogida para ejemplo de todas las familias cristianas.
¡Jesús, María, José! Aceptar benignamente nuestra
familia que os dedicamos y consagramos. Complaceos en
proteger, guardar y custodiarnos en la Fe verdadera, en la paz y harmonía de la
Caridad cristiana. Hacednos conforme al modelo divino de vuestra familia; y
que alcancemos todos la felicidad eterna.
María, Madre de Jesús y Madre nuestra; por tu
misericordiosa intercesión haz que este, nuestro humilde ofrecimiento, merezca ser
aceptado por Jesús, y nos conceda su gracia y bendición.
San José, santísimo custodio de Jesús y de María; ayúdanos
con tus oraciones en todas nuestras necesidades y temporales para que podamos
alabar a Jesús. Juntamente con María y contigo por toda la eternidad.
Discípulos de los Apóstoles de los Últimos Tiempos
Secretaría general en España
Francisco Hernández Yágüez
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