D.A.U.T.

Etica cristiana

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21-9-2003

0T54

Doce Normas para la Convivencia Matrimonial

 

 

1. Procuren no enfadarse los dos al mismo tiempo. Turnense en los momentos de humor. Saber esperar a que el otro se desahogue es uno de los secretos a convivencia feliz.

 

2. Nunca se griten el uno al otro, a no ser en caso de incendio o terremoto, gritarle a una persona (sobre todo mayor) es rebajarla unos cuantos grados en la escala evolutiva. Ninguno de vosotros se casó con un animal inferior. Sólo se grita a los animales y a los locos.

3. Procuren complacerse en todo mutuamente, ahí está el detalle. Para hacerle un favor no recuerde nunca que ya se le ha hecho otros favores, eso es una mezquindad.

 

4. El matrimonio se hace a base de abnegacion y renuncia. Pero la renuncia y abnegación son las semillas de la mata, no las espinas. Sembrada la abnegación y la renuncia darán la felicidad para vosotros y para vuestros hijos.

5. Nunca anden mirando atrás, como la mujer de Lot, porque se volverán estatuas de sal. Nunca le andes recordando al cónyuge las faltas pasadas y los errores que ha cometido; eso, además de inútil puede ser un acto pernicioso y de crueldad estéril.

 

6. Que nunca tengan que hablar en casa de derechos y obligaciones; hablar de derechos y obligaciones en el amor es definitivamente destructor. Por eso que nunca el cónyuge tenga que repetir dos veces lo que quiere, y apelar a sus derechos.

 

7. Una de las fuentes más frecuentes de disgusto, de heridas incurables y de distanciamientos definitivos suele ser el problema de los gastos. Nunca se los eches en cara, aunque sean excesivos. Hay que hacerlo por otro camino. ¿Cuál?

 

8. Nunca salgas de casa sin decir una palabra afectuosa que se quede grabada durante la ausencia, iQué poco cuesta una palabra, y qué importante es la convivencia feliz!

 

9. Que nunca caiga la noche sobre vuestro enojo, por muy justo que éste haya sido. Compartir el sueño rodeado de espinas es como dormir al lado de un lobo; y no hay duda de que debe ser desagradable. O como dormir junto a un tigre o un perro rabioso.

 

10. Busca siempre una palabra agradable para la hora de volver del trabajo, o para recibirlo cuando llega; que este momento de reencuentro nunca se convierta en una rutina.

 

11. Es bueno recordar de cuando en cuando las horas felices, pero ipor favor!, nunca las infelices.

 

12. Nunca se pongan a llorar juntos por lo que pudo haber sido; pues las palomas volaron y no volverán; lo que existe es el presente y el futuro por realizar.

 

ESTOS DOCE MANDAMIENTOS SE ENCIERRAN EN DOS: EN AMARSE DE VERDAD, Y EN PENSAR EN LA IMPORTANCIA DEL AMOR, DEL EJEMPLO Y DE LA EDUCACIÓN A LOS HIJOS.

 

ORACIÓN DE LOS ESPOSOS

 

Señor, haz de nuestro hogar un lugar de amor, donde no haya injurias, porque Tú nos das comprensión; donde no haya amarguras, porque Tú nos das paciencia; donde no haya egoísmo, porque Tú nos haces generosos; donde no haya rencor, porque Tú nos enseñas el perdón; donde no haya abandono, porque Tú estás siempre con nosotros.

 

Haz de nuestras vidas una página llena de Tí, Señor. Que cada mañana amanezca un día más de entrega y sacrificio; que cada noche nos encuentres con más amor de esposos; que vivamos todo el día en la ayuda y consuelo mutuos.

 

Ayúdanos, Señor; para educar a nuestros hijos según Tu imagen y semejanza, para que vivamos nuestro amor conforme a Tu voluntad. Para que veamos en nuestra felicidad motivo más para amarte. Para que demos a los demás lo mucho que Tú nos has dado.

 

Te invitamos Señor a nuestro hogar... iOjalá te encuentres a gusto en él!.

 

CONSAGRACION DE LA FAMILIA

 

¡Óh, Jesús! iNuestro amadísimo Redentor!,  has venido a iluminar el mundo con Tu doctrina y ejemplo. Quisiste pasar la mayor parte de tu vida obedeciendo humildemente a José y María en el pobre hogar de Nazaret. De este modo santificaste aquella familia escogida para ejemplo de todas las familias cristianas.

 

¡Jesús, María, José! Aceptar benignamente nuestra familia que os dedicamos y consagramos. Complaceos en proteger, guardar y custodiarnos en la Fe verdadera, en la paz y harmonía de la Caridad cristiana. Hacednos conforme al modelo divino de vuestra familia; y que alcancemos todos la felicidad eterna.

 

María, Madre de Jesús y Madre nuestra; por tu misericordiosa intercesión haz que este, nuestro humilde ofrecimiento, merezca ser aceptado por Jesús, y nos conceda su gracia y bendición.

 

San José, santísimo custodio de Jesús y de María; ayúdanos con tus oraciones en todas nuestras necesidades y temporales para que podamos alabar a Jesús. Juntamente con María y contigo por toda la eternidad.

 

Discípulos de los Apóstoles de los Últimos Tiempos
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