ETIKA

HÖLLE

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22.9.2001

95H62

Strafen der Sexsünder

 

Vier Hauptstrafen

Wie alle Verdammten leiden die Sexsünder unter vier Hauptstrafen (hl. Caterina von Siena, Dialogo, Abhandlung von der Unterscheidung, Trattato della Discrezione, Kapitel 38):

·        Sie sind des Anblicks Gottes beraubt.

·        Der Wurm des Gewissens nagt immer in ihnen.

·        Der Anblick der Dämonen verdoppelt ihre Pein. Anstatt mit den Engeln müssen sie mit den Dämonen reden.

·        Im höllischen Feuer, dessen Brennen sie aushalten müssen, das sie aber nicht verzehrt und von ihrem Leiden erlöst, werden alle Sünder gemäß der Schwere ihrer Vergehen bestraft.

Zu den verschiedenen anderen Strafen gehören Kälte und Hitze und Zähneklappern.

 

Höllenszenario

Wir stellen zur Warnung für alle und zur Rettung der Seelen folgendes fiktive Szenario, basierend auf den Angaben christlicher Schriftsteller, ins Internet:

 

Jeder Verdammte wird entsprechend seiner Sünde bestraft. Da er ihr verfallen ist aus freiem Willen, denkt er in alle Ewigkeit nicht daran, von ihr abzulassen und etwas Gutes zu wünschen. (Caterina con Siena, Dialogo, Kap. 40)

 

Die gerechte Strafe:

Es ist nicht ausgeschlossen, daß die Unzüchtigen aller Schattierungen in dem selbstgewählten Reich der egoistischen Wollust (Sex zumindest als Illusion) bleiben dürfen. Sie werden aber mit dem Schmutz und allen anderen negativen Folgen ihrer nichtswürdigen Begierden und Ausschweifungen bestraft.

 

Möglicherweise können sie ihr Treiben fortsetzen, wenngleich in anderer Form: Was ihnen vorher Genuß bereitete, wird ihnen jedesmal zum Ekel oder zum Schmerz. Sie haben vielleicht eine Art schmutzigen Sex im Überfluß bis zum Überdruß mit allen negativen Folgen und nichts anderes mehr. Ständig wühlt die Begierde in ihnen, doch sie kann nicht erfüllt werden, denn ohne Liebe gibt es keine Befriedigung.

 

Ihr Wahn ist so groß, daß sie bei jedem Trugbild und vielleicht jedem neuen Kontakt auf Erfüllung hoffen und jedesmal gräßlich enttäuscht werden. Alle Schmerzen, aller Ekel und alle Selbstverachtung, die manchem schon hier auf Erden den ungeordneten Sex verleiden, sind in der Hölle aufs gröbste gesteigert. Das Hohngelächter der Dämonen gellt in ihren Ohren, und schlimmer wie die Schweine suhlen sie sich im Pfuhl der Unzucht, verspielen ihr Menschsein.

 

Ehebrecher werden anders bestraft als die Perversen aller Art (siehe Bibel, wobei damals Pornographie und Sado-Masochismus unbekannt waren), Massenverführer anders als Verführer, und die härtesten Qualen sind gerechterweise den Kinderschändern und Sexualmördern und Vergewaltigern zugedacht. Jeder kann sich selbst ausdenken, was für jeden dieser Typen gelten könnte.

 

Ehebrecher (man denke an berühmte Namen) werden möglicherweise ständig ihre Geliebten vor Augen haben, als Bild oder in natura, und sie doch nicht zu sich ziehen können. Oder wenn, dann endet alles in grausigem Schmutz und Ekel unter Flüchen.

 

Quellen und Beispiele:

 

S. Caterina da Siena: Dialogo (Libro della divina dottrina), Cap. 42 12CSD042

E così agl´iniqui sarà renduta pena eternale, col mezzo del corpo loro, perché fu strumento del male.

"Andate maledetti nel fuoco eternale", egli andarà l´anima e ´l corpo a conversare con le dimonia senza alcuno rimedio di speranza, aviluppandosi con tutta la puzza della terra, ogniuno per sé in diverso modo, sì come diverse sonno state le loro male operazion:

... el crudele con la crudeltà;

lo immondo con la immondizia e miserabile concupiscenzia; ...

 

Catecismo Romano segun el Decreto del Concilio de Trento,

mandado publicar por San Pio V Pontifice Maximo y despues por Clemente XIII, Buenos Aires, sin año, Parte primera, Capítulo VIII, 10. De la pena de sentido y de la compañía de los condenados.

"Sigue después: Al fuego eterno; y este segundo género de castigos es llamado por los teólogos pena de sentido, porque se percibe con los sentidos corporales, como en los azotes y en las lesiones o en cualquiera otra clase más grave de suplicios, entre los que no puede dudarse que los tormentos de fuego producen dolor muy sensible; y, juntándose a este mal el haber de durar eternamente dedúcese de todo esto que el castigo de los condenados contendrá todo género de penas; ..."

 

Fray Luis de Granada: Libro de la oración y meditación, Meditación para el viernes por la noche, las penas del infierno, Ediciones Palabra, Madrid

cap. XIII:

3. Porque así como los malos ofendieron a Dios con todos sus miembros y sentidos, y de todos hicieron armas para servir al pecado, así ordenará El que todos sean allí atormentados, y cada uno de ellos padezca su propio tormento y pague su merecido. Allí, pues los ojos deshonestos y carnales serán atormentados con la visión horrible de los demonios; los oídos, con la confusión de las voces y gemidos que allí sonarán; las narices, con el hedor intolerable de aquel sucio lugar; el gusto, con rabiosísima hambre y sed; el tacto de todos los miembros del cuerpo, con frío y fuego incomparable...

6. Mas allende de estas penas generales hay otras particulares que allí padecerá cada uno conforme a la calidad de su delito. Porque una será allí la pena del soberbio, otra la del envidioso, otra la del avariento y otra la del lujurioso, y así de los demás. En lo cual resplandecerá maravillosamente la sabiduría y justicia divina, la cual en tan grande infinidad de culpas y culpados, sabrá tan perfectamente todos los excesos de cada uno y medirá como con una balanza la pena de su delito, como dijo el Sabio.

Allí se tasará el dolor conforme el deleite recibido... Así mandó Dios que fuese castigada aquella mala mujer del Apocalipsis que estaba sentada sobre las aguas del mar con un cáliuz en la mano lleno de ponzoñosos deleites, contra la cual se fulminó aquella sentencia del cielo, que decía: Cuanto se ensalzó y gozó de sus deleites, tanto le dad de tormento y llanto.

Cáp. XIV:

9. Y no solamente los atormentará el frío y el fuego, sino también los mismos demonios con figuras horribles de fieras y monstruos espantables, en que se les aparecerán; los cuales con su vista atormentarán los ojos adúlteros y deshonestos, y los que se pintaron con artificiosos colores para ser lazos hermosos y redes de Satanás.

11. ... un hedor incomparable que habrá en aquel lugar para castigo de los olores y atavíos que los hombres carnales y mundanos buscaron en este mundo, como lo amenaza Dios por Isaías... Porque se envanecieron las hijas de Sión y anduvieron los cuellos levantados, halconeando con los ojos y pavoneándose en su pasear, haciendo alarde de sus pompas y riquezas entre los flacos y desnudos, por tanto el Señor les pelará los cabellos de la cabeza, con todos los otros atavíos profanos, y darles ha en lugar de los suaves olores, hedor; en lugar de la cinta, una soga; en lugar de los cabellos ondeados, la calva pelada, y en lugar de la faja de los pechos, un cilicio.

18. Mas mucho mayor aun será cuando se pongan a medir la duración de los placeres pasados con la de los dolores presentes, y vean cómo los placeres duraron un punto y los dolores durarán para siempre.

20. "¡Oh mil veces malaventurado de mí, que así me engañé! Maldito sea quien me engañó y maldito quien no me castigó!"

26. De las penas particulares: ... los carnales y deshonestos serán envestidos en llamas de piedra-azufre hediondas...

 

Fray Luis de Granada: Guía de Pecadores, Espasa-Calpe, Madrid 1966, cáp. V, De las penas del Infierno

Pues pongamos agora caso, que algún hombre estuviese padesciendo un mal tan universal, que no le dejase miembro ni sentido, ni coyuntura sin su propio tormento; sino que en un mismo tiempo estuviese padesciendo agudísimos dolores en la cabeza, y en los ojos, y en los oídos, y en los dientes, y en el estómago, y en el hígado, y en el corazón, y por abreviar, an todos los otros miembros y coyunturas de su cuerpo, y que así estuviese tendido en una cama, cociéndose en estos dolores, y teniendo para cada uno de los miembros su propio verdugo. ... A un perro de la calle que vieses desta manera penar, te pondría lástima y compasión. Pues esto es, hermano mío, si alguna comparación se puede hacer, lo que no por una noche, sino eternalmente, se padece en aquel malaventurado lugar.

 

Apokalypse des Petrus

Erich Weidinger: Die Apokryphen, Verborgene Bücher der Bibel, Pattloch Verlag Aschaffenburg, 1989, S. 527:

... Und die Männer, die sich mit ihnen in Hurerei niedergelegt haben, hängt man an ihren Schenkeln in diesen brennenden Ort, und sie sagen untereinander: "Wir haben nicht gewußt, daß wir in die ewige Pein kommen müßten." (ausführlicher und erschreckender im Original, ebenso die Apokalypse des Paulus)

 

Das Leben der heiligen Theresia von Jesu, Verlag Friedrich Pustet, Regensburg, 1903, 32. Hauptstück:

Das ist eine Beklemmung, eine Angst, eine so schmerzliche Betrübnis, verbunden mit einem so verzweifelten, peinigenden Mißbehagen, daß ich nicht weiß, wie ich es genug aussprechen soll. ... Denn alles, was ich sonst von diesem Orte sagen hörte ... alles, was ich von den verschiedenen Qualen, mit welchen die bösen Geister die Verdammten peinigen, gelesen hatte, wie sie z. B. dieselben mit glühenden Zangen zwicken, und anderes mehr: dies alles ist nichts im Vergleiche mit jener Pein... Das irdische Feuer bedeutet wenig im Vergleiche mit jenem drüben.  (an anderer Stelle in etika.com ausführlich)

 

Francisco de Quevedo: Sueños

 

Alejandro Casona: El Caballero de las Espuelas de Oro, Collección Austral, Espasa-Calpe, Madrid 1972, pág. 54:

Archidiablo: No son bueyes. Son esos que en la tierra llamáis maridos consentidos.

QUEVEDO. - ¿Tenéis para ellos algún tormento especial?

ARCHIDIABLO. - El peor de todos: primero, llenarles el cuerpo de lujuria, y después, quitarles la herramienta.

 

Dante: Divina Commedia, L´Inferno

 

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