ETIKA

DAS BÖSE

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29.8.2002

95O3

Verruchte Orte - Verfluchte Orte - Lugares malditos

 

 

Anna Katharina Emmerich berichtet (in: "Visionen", Paul Pattloch Verlag Aschaffenburg, 1980)

 

"Ich sah ... die Wirkung des Fluches, der auf ungerechtem Gute liegt, oder den unwillkürlichen Abscheu vor Orten, wo große Verbrechen geschehen sind." (S. 49)

 

Sie wurde als junges, gesundes Kind und als rüstige Jungfrau oft in ihrem Gebet "bei Gräbern und auf den Kirchhöfen auf eine arge Weise gestört, geschreckt und mißhandelt ... von unseligen Geistern oder vom bösen Feinde selbst. Getöse und furchtbare Erscheinungen umgaben mich, oft ward ich auf Gräbern umgeworfen, oft ward ich hin und her geschleudert, ja manchmal wollte mich eine Gewalt zum Kirchhof hinausdrängen. Ich habe aber von Gott die Gnade gehabt, mich nie zu fürchten und nie ein Haar breit dem Feinde zu weichen, und wo ich gestört wurde, verdoppelte ich mein Gebet." (S. 52)

 

Vergleiche: Qualm und Schattensäulen auf Friedhöfen

 

Über die "verdammten Orte" heißt es in der spanischen Marienzeitschrift "Maria Mensajera", Saragossa, http://www.geocities.com/mariamensajera/ , mariamensajera@infonegocio.com

 

Maria Mensajera, Nr. 258, Juli 2002, S. 16

María Mensajera, Zaragoza, núm. 258, julio 2002, p. 16

"Bei vielen Gelegenheiten haben wir beobachtet, daß an den Orten, wo gesündigt wird, ein Rest bleibt, wie ein Gebiet Satans, wie eine dämonische Heimsuchung, die nach außen dringt, obwohl es nicht alle spüren. Die Sünde ist wie eine Bombe, die nicht nur geistig demjenigen schadet, der sie begeht, sondern auch materiell dem gesellschaftlichen Umkreis, wo sie begangen worden ist, ob draußen auf dem Feld, in einem Haus, in einem Dorf oder in einer Stadt."

 

„En muchas ocasiones hemos observado, que en los lugares donde se peca, queda como un resto, como un dominio de Satanás, como una infestación demoniaca que afecta al exterior, aunque no todos siempre la perciban. El pecado es como una bomba, que daña no sólo espiritualmente al que lo comete, sino materialmente a todo el orbe social donde se cometió, bien fuera en un campo, en una casa, en un pueblo o en una ciudad.”

 

 

La Venerable Anna Catalina Emmerick experimentó aversión a ciertos lugares, nos dice Carlos E. Schmoeger, y conoció que en ellos había sucedido algún mal y que sobre ellos pesaba alguna maldición:

 

„No lejos de nuestra casa hay un lugar completamente estéril en medio de otras tierras que producen fruto. Cuando siendo niña pasaba por aquel lugar, siempre sentía espanto y me parecía como si fuera lanzada de allí; varias veces me caí al suelo sin saber como.

 

Veía dos como sombras negras, que andaban vagando y que los caballos solían espantarse cuando se acercaban. Habiendo experimentado muchas veces cuán temeroso era aquel lugar, pregunté la causa, y me respondieron las gentes que habían vista allí cosas extrañas; pero esto no era conforme a la verdad. Más tarde me dijo mi padre, que durante la guerra de los siete años había sido fusilado allí un soldado de Hannóver, que era inocente, el cual había padecido por culpa de otros dos.

 

Cuando esto oí, ya había recibido la primera comunion. Durante la noche hice oración con los brazos en cruz en el referido sitio. La primera vez esto me costó gran violencia; la segunda vino una figura como un perro, que me ponía su cabeza sobre mi espalda. Yo le miré y vi sus ojos encendidos y su hocico. Temí, pero no me desconcerté, si no dije:

 

«Oh Señor. Tu que hicistes oración en el huerto de los Olivos en medio de las mayores angustias. Tu estás conmigo. El demonio nada puede contra mí.”

 

Comencé, pues, a orar de nuevo, y el Enemigo se alejó. Cuando volví a orar en aquel paraje, fui arrebatada como si fuera lanzada a una cueva que había allí cerca. Pero tuve confianza en Dios y dije:

 

«Nada puedes contra mí, Satanas»;

 

y el demonio huyo. Seguí orando fervorosamente, y desde entonces no he vuelto a ver las sombras y todo ha quedado tranquilo.»

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