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EL CIELO

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28-5-2001
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Luis de Granada

La región de los justos

Addiciones al Memorial de la Vida Christiana, Madrid 1730, p. 614

In der Region der Gerechten ist für das Unreine kein Platz. Willst du schmutzig vor das Konzil der Apostel und Märtyrer treten? Dort wird einmal die Schande deines Lebens ausgebreitet werden. Luis de Granada zeigt dir, wie du mithilfe deiner Leidenschaften den Himmel erobern kannst. Lasse dich retten durch den heiligen Schauer, den du beim Lesen nachfolgenden Textes empfindest.

Addiciones al Memorial de la Vida Christiana
en las quales se contienen dos Tratados: uno de la Perfeccion del Amor de Dios: y otro de algunos principales Mysterios de la Vida de nuestro Salvador.
Tomo quarto.
Compuesto por el V.P.M.Fr. Luis de Granada, del Orden de Predicadores.
Con licencia.
En el Convento de Jesus Maria de Valverde:
En la Oficina de Manuel Fernandez, Impressor de Libros en Madrid. Año de M.DCC.XXX.
Tabla de las Meditaciones de los mysterios de la vida de nuestro Salvador.
Cap. XXIV. §.III. De como debemos seguir al Salvador tambien con buenas obras. p. 614.

MAS no nos debemos contentar con seguirle de tal manera con solos deseos ; sino sigamosle tambien con nuestras obras : porque tal sea nuestra vida, que merezca la compañia de su gloria: que es el puerto de todos nuestros deseos, el fin de todos nuestros caminos, y el premio de todos nuestros trabajos.

Mas quien serà tan sabio, que sepa atinar este camino ? Quien tan dichoso, que alcance este premio ? Quien (dice el Propheta) subirà al monte del Señor ? (Ps. 23.)

A esto responde el mismo Propheta, diciendo : que el que tuviere las manos innocentes, y el corazon limpio.

Esto es, aquel cuya vida fuere toda limpia, no solo en los ojos de los hombres, sino tambien en los de Dios : el que ni con malas obras escandalizare su proximo, ni con malos pensamientos offendiere à Dios : esse es, el que merecerà subir à este lugar.

En lo qual contesta con lo que S. Juan escrive en su revelacion (Apoc. 21.), diciendo: que aquella Ciudad soberana es toda de oro purissimo, semejante à un vidrio muy claro : y por esto, que no admite en su compañia cosa sucia : como indigna de la pureza de tal lugar.

Porque todas las cosas naturalmente aborrescen sus contrarios, y huelgan con sus semejantes: porque con los unos se destruyen, y con los otros se conservan.

Y esto mismo nos representan los Angeles, que en esta fiesta aparescieron à los Discipulos en el monte Olivete, vestidos de ropas blancas, acompañando la subida del Redemptor: para significar la pureza, è innocencia de que han de estàr vestidos, los que han de acompañar al Señor en esta jornada.

Porque (como dice Eusebio Emiseno) con el author de la bondad no sube la malicia : y con el maestro de la humildad no sube la sobervia : ni con el amigo de la paz la discordia : ni con el hijo de la Virgen la deshonestidad : ni con el padre de las virtudes la fealtad de los vicios : ni con el justo los peccadores.

Pues siendo esto assi, entendamos (dice èl mismo) quanta pureza convienen que tengan, los que quieren entrar en la region de los justos, y en el Palacio Real de Christo.

Si algun hombre entrasse en alguna Ciudad riquissima, y muy resplandeciente, poblada de muy nobles, y claros Ciudadanos, estando èl vestido de ropas sucias, y remendadas, con los pies descalzos, y la cara manchada, quan lleno de verguenza, y confusion, andaria por esta Ciudad?

Pues segun esto, pareceos, que el resplandor de aquella Ciudad Celestial, poblada de tan nobles, è ilustres moradores, podrà recebir en sì un anima abominable, inficionada con el cieno hediondo de la corrupcion, trayendo consigo las vergonzosas señales de los vicios carnales, y las fealdades de sus deshonestas luxurias?

No està claro, que la arredraràn del acatamiento de aquel Rey soberano, y le diràn (Matt. 22.): Amigo, como entraste aqui, sin traer ropa de fiesta?

Y como èl no tenga que responder, luego serà pronunciada contra èl aquella temerosa sentencia, que dice: Atado de pies, y manos (esto es, condenadas todas sus obras, y todo el curso de su mala vida) echado en las tinieblas exteriores, donde avrà llanto, y cruxir de dientes.

Procuremos. pues, hermanos, que al tiempo de este juicio no halle en nosotros el Juez ninguna fealtad, ni malicia.

Mientras vivimos en este cuerpo mortal, aparejo tenemos para lavar estas fealdades, y curar estas heridas, y soldar todas las quiebras de nuestra vida.

Mas los que engañados con falsa seguridad, no redimieron aqui nuestras culpas, despues con intolerable dolor las llevaremos ante la presencia de los Sanctos, y ante la Magestad del Juez temeroso.

Y què serà de nostros, si con tan feo habito parecieremos delante de aquel nobilissimo Senado de todos los Sanctos? Què dia serà aquel!

Què temor!

Què espectaculo del Cielo, y de la tierra, quando entre las religiosas hazañas, y merescimientos de los otros, se presenten nuestras fealdades!

Què cosa mas intolerable, que descubrirse alli la deshonra, y verguenza de los malos, quando se manifieste, y publique la gloria de los buenos?

Porque mucho mas fea parecerà la causa de los vicios en presencia de tan excelentes virtudes.

Pues segun esto, què espantoso serà, què miseria, y tristeza, quando la miserable anima, avergonzada con la fealdad de las culpas antiguas, y amancillada con la torpeza de sus deshonestidades, sea presentada delante del concilio de los Apostoles, y Martyres, y de aquellos resplandecientes Choros de Angeles?

Quando vea, que le ponen delante una tan prolixa tela de todas las confusiones, y verguenzas de su vida? Quando por comun voz, y sentencia de todos, y tambien de su misma conciencia, se vea condenada?

Todas estas cosas, hermanos, que alli no se pueden curar, aqui se pueden redimir.

Trabajèmos, pues, con todas nuestras fuerzas, porque como nuestro Salvador este dia subiò al Cielo con nuestro cuerpo, assi nosotros, hechos miembros suyos, con sanctos deseos, y obras virtuosas sigamos nuestra Cabeza.

Subamos en pòs de èl por Charidad, por Amor, por compuncion, por benevolencia, y concordia, y subamos tambien (si os parece) con el ayuda de nuestras mismas passiones.

Y si me preguntaredes, de què manera podrèmos con esta ayuda de las passiones subir, respondo, que esto podrà ser, trabajando cada uno de nosotros por subjectarlas, y poniendolas debaxo de los pies, y domandolas con animo generoso.

Cà de esta manera harèmos de ellas escalones para subir à lo alto. Porque ellas mismas nos levantaràn sobre nosotros, si estuvieron debaxo de nosotros. Y de esta manera harèmos de nuestros vicios escalones para el Cielo, si los pusieremos debaxo de nuestro mando. Lo susodicho es de Eusebio Emisseno.

Lo qual quise escrivir tan por extenso en la historia de este Mysterio: porque como en èl hizieron mencion los Angeles de la venida del Salvador à juicio, convenia hazer tambien aqui mencion de ella : para lo qual sirven las palabras susodichas.

Esta, pues, fue la despedida de nuestro Salvador; la qual concluye el Evangelista S. Matheo, con las mas dulces palabras, que el mundo pudiera desear.

Porque acabando el Señor de mandar à los Discipulo, que fuessen por todo el mundo, y predicassen la buena nueva del Evangelio, y baptizassen los hombres, y les enseñassen à guardar todo lo que èl les avia enseñado, añadiò estas postreras palabras (Matt. 28.) :

Y mirad, que yo estoy con vosotros todos los dias hasta que se acabe el mundo.

O palabras Divinas! O palabras mas dulces que la miel, y mas suaves que todo liquor suave! En las quales hallaràn los tristes consuelo, los enfermos medicina, los desterrados compañia, los necessitados remedio, los tentados esfuerzo, los humildes abrigo, y los pobres, y atribulados fiel socorro de todos sus males, pues à todos ellos assiste con paternal cuidado, y providencia quien por su remedio puso la vida.

Y en prendas de esta particular assistencia se quedò el mismo con nosotros en el Sanctissimo Sacramento del Altar, que en todas las Iglesias de la Christiandad està siempre depositado: para que por aqui entendamos, que no menos està presente à todas las oraciones, y necessidades de los suyos, que lo està à los ojos corporales en este Sacramento.

Què resta, pues, sino que todos demos infinitas gracias à este amantissimo Señor, que tan enteramente se offreciò todo à nuestra salud, y que todos le alabemos con aquellas palabras, con que S. Juan Evangelista dice en su Apocalypsi, que le alaban los Bienaventurados en el Cielo, diciendo:

Bendicion, claridad, sabiduria, hazimiento de gracias, honra, virtud, y fortaleza sea siempre à nuestro Dios en los siglos de los siglos. Amen.

El mismo texto en alemán

Del lugar que es aposento de la gloria de Dios y paraíso de todos los deleites
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