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EL CIELO

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AIHS - D.A.U.T.
28-5-2001 – UNIX

S. Alfonso M. de Ligorio

Del estado de los bienaventurados después del juicio (I): Si el cielo empíreo es la mansion de los bienaventurados

 

La Verdad de la Fé, evidenciada por los caracteres de su credibilidad: obra escrita en italiano por s. Alfonso M. de Ligorio, y traducida al castellano por el Pbro. D. Julian Gonzalez de Soto. Van añadidos dos opúsculos y disertaciones teologico-morales acerca de la vida eterna. Por el mismo santo Autor. Disertación IX. Del estado de los bienaventurados después del juicio, p. 364 - 382. Con licencia. Pons Madrid/Barcelona 1847

(A) §. I. Si el cielo empíreo es la mansion de los bienaventurados.
(B) §. II.
En que consiste la beatitud eterna.
(C) §. III. De la vision beatifica.
(D) §. IV.
Del amor beatífico.
(E) §. V.
De las dotes de las almas gloriosas.
(F) §. VI.
De las dotes de los cuerpos gloriosos.
(G) §. VII.
De la auréola de los bienaventurados

(A) § I. Si el cielo empíreo es la mansion de los elegidos.
1. Opiniones érroneas de los herejes, de los gentiles, y de Mahoma. El Evangelio demuestra que es el cielo.
2. Esplícase lo que sea el cielo empireo; que según Sto. Tomás es corpóreo y muy refulgente.
3. Suéltanse algunas dificultades suscitadas acerca del fulgor del cielo empíreo.
4. El cielo empíreo no participa del movimiento de los demás cielos.

(A) § . 1.

Si el cielo empíreo es la mansion de los bienaventurados.

1. Otra de las herejías que anduvo sembrando Almerico fué la de suponer, que los elegidos carecen de lugar fijo en donde disfruten de su eterna felicidad, así como tampoco existe lugar determinado de castigo para los condenandos á las eternas penas; antes bien, dice, que las almas que están en gracia de Dios, gozan del paraíso en cualquier parte en donde se hallan, al par que los infelices que están en desgracia de Dios por todas partes hallan su infierno.

Opuestos á esta opinion andaban los filósofos y poetas del gentilismo, quienes señalaban para los dichosos un lugar acá en la tierra que llamaban Campos Eliseos, en donde, á su creer, los hombres hallaban en abundancia despues de su muerte, las delicias terrenales; opinion en que todos convenian, segun escribe Tertuliano. (Apol. Cap. 47.) No faltaba, sin embargo, entre ellos quien opinára, que los hombres aun cuando hubiesen alcanzado la bienandanza de los Campos Eliseos, debian en cierto período de tiempo, regresar á la vida, y esponerse otra vez al riesgo de condenarse, si quebrantaren las leyes.

A semejantes sistemáticos increpa S. Agustin su insensatez, diciéndoles (l. 10 de civ. Dei, c. 30.) ser harto evidente que no puede suponerse cumplidamente dichosa una vida que no está exenta de temores de dejar de ser eternamente feliz.

Mahoma alucinó á sus secuaces prometiéndoles en el Alcoran, que despues de la muerte, serán trasladados á un paraíso en donde rebosarán en placeres sensuales, en frutos gratísimos al paladar, en vestidos preciosos y otros semejantes placeres terrenos; á cuyo propósito, Guillermo de París, llama el paraíso de Mahoma, volutabrum porcorum, non hominum.

Por lo demás el cristiano, instruido en las verdades de la fe, cree que Dios colocó en el cielo el paraíso que tiene preparado para los buenos, en donde gozarán de una felicidad cumplida y sin término, segun la promesa de Jesucristo: Gaudete et exultate, quoniam merces vestra copiosa est in coelis. (Mat 5, 12.)

2. Pero, como haya diversos cielos en el espacio, pregúntase cual de ellos sea la mansion peculiar de los bienaventurados. Y se responde, que no es el cielo empíreo; que bien lo indicó el Salmista en aquellas palabras: Laudate eum, caeli caelorum (Ps. 148, 4.); y S. Pablo, que hablando de Jesucristo, dice: Qui ascendit super omnes caelos. (Eph. IV. 10.)

Supónese que no de otro cielo trató el Apóstol, cuando dijo, que habia sido arrebatado al tercer cielo, tomando por primer cielo el etéreo, por segundo al firmamento, y por tercero al empíreo; que conforme dice Sto. Tomás (22. q. 175. art.3. ad 4.) segun la etimología griega, significa lo mismo que cielo de fuego ó ardiente, por causa no del ardor que despide, sino del fulgor que esparce.

Y tambien dice el mismo Santo (1.p q. 66, art.3), que este cielo nos era desconocido antes de S. Basilio, Beda y Estrabon, quienes convinieron en decir, que es la sede de los bienaventurados. Prueba además el Angélico Doctor, en el lugar citado, que Dios creó el cielo empireo desde el principio del mundo: y en otro pasaje, (in 2.q. 1. ad 1.) demuestra que el cielo empíreo es corpóreo. Como que fué creado mas especialmente para el hombre que no para los ángeles que carecen de cuerpo.

Ved ahí las palabras de St. Tomás: Et est corpus quod principaliter ordinatum est, ut sit habitatio beatorum; et hoc magis propter homines quorum etiam corpora glorificabuntur, quibus locus debetur, quam propter angelos, qui loco non indigent.

3. Supuesto, pues, que el cielo empíreo brilla con esplendor refulgente, como llevamos dicho en el número anterior, ¿por qué razon el abismo no fue iluminado por este cielo, antes quedó sumido en las tinieblas? Pues conforme dice el Génesis (I. 2.): Et tenebrae erant super faciem abyssi. ¿Y porqué, á pesar de lo esplendoroso de este cielo, no alcanzamos á verle, como vemos la luz del sol?

A entrambas objeciones da la correspondiente solucion Sto. Tomás diciendo, que la luz del empireo no iluminaba el abismo y nosotros no divisamos su resplandor porque: Caelum empyreum non habet lucem condensatam, ut radios emittat, sicut corpus solis; sed magis subtilem: vel habet claritatem gloriae, quae non est conformis cum claritate naturali. Otra solucion, quizás mas comprensible, dan otros autores; diciendo, que el cielo empíreo no fué creado para que iluminase las partes inferiores del universo, sino únicamente la mansion de los bienaventurados, por cuyo motivo su superficie intercepta los rayos de luz arrojados por él desde el principio del mundo, y sigue todavia interceptándolos á nuestra vista.

4. Es opinion comun, que el cielo empíreo está inmóbil, y en perpetua fijeza, en lo cual difiere de los otros cielos; y muy señaladamente por ser el sitial de Dios, conforme está escrito en el salmo X. 5. Dominus in caelo: sedes ejus.

Fuera de que, como este cielo fué destinado para mansion de los Santos, no fuera conveniente se sujetará á movimiento, y al continuo cambio de situación; por eso se le apellida en el Apocalipsis, Civitas in quadro posita (XXI, 16.); porque á toda figura cuadrada compete el estar fija en un lugar, y sin movimiento.

Añádase además que, los otros cielos tienen movimiento porque fueron creados para que con su influencia concurriesen á la conservación de la vida de los hombres y de los animales, creados para servir al hombre; mas los bienaventurados no han menester ya acudir á su influencia para conservar la vida.

Sto. Tomás se espresa respecto á este punto, diciendo únicamente (Quodlib. VI. art. 19.) que, como el cielo empíreo vaya comprendido bajo el universo, deberá influir, á su entender, en la solidez y estabilidad de los cuerpos inferiores sin necesidad de movimiento.

Y entrando á hablar del estado beatífico, que es el intento que nos hemos propuesto en esta disertacion, materia asaz vasta, acerca de la cual los teólogos llevan escritos numerosos volúmenes; nos ceñirémos á indicar aquí solamente aquellas cosas mas principales que puedan robustecer nuestra fe y la esperanza de alcanzar un bien tan digno de ser deseado, como la eterna beatitud.

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