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ETIKA E 15 |
EL CIELO |
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15H50 |
El cielo - un lugar |
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Catecismo Romano
segun el Decreto del Concilio de Trento
mandado publicar por San Pio V
Pontifice Maximo
y después por Clemente XIII
Buenos Aires
Primera parte, Del Credo, Del duodécimo artículo: Y la vida perdurable,
capítulo XIII, 12, pág. 94
12. Con qué abundancia de bienes serán colmados
los bienaventurados en las moradas eternas.
Sería interminable la relación de todas las delicias de que (Psalm. XXXV, 9.-)
estará colmada la gloria de los bienaventurados, y ni siquiera podemos
imaginarlas.
Esto no obstante, deben estar persuadidos los
fieles de que cuantas cosas pueda haber agradables para nosotros o ser deseadas
en esta vida, ya se refieran a la ilustración del alma, ya a la perfección y
comodidad del cuerpo, inundan por todas partes la feliz vida del Cielo con
abundancia de todas esas cosas, si bien el Apóstol afirma (I Cor., II, 9;
Isai., LXIV, 4.-) que esto se verificará por modo más sublime de lo que ha
visto ojo alguno, ha percibido el oído o pasado por la imaginación de todo
hombre; porque, ciertamente, el cuerpo que antes era denso y pesado, cuando,
revestido de immortalidad, se convierta en sutil y espiritual (I Cor. XV, 42,
43.-) en el cielo, no necesitará ya jamás de alimento alguno; y el alma (Luc.,
XIII, 37.-) se saciará con sumo placer del manjar de la gloria eterna que,
pasando, de un lugar a otro, servirá a todos el Señor de aquel gran banquete.
Y ¿quién podrá allí desear los vestidos
preciosos o los elegantes adornos del cuerpo, en donde no se usará de ninguna
de estas cosas, y donde estarán todos (I Cor., XV, 53; Apoc., VII, 9.)
revestidos de immortalidad y de resplandor, y (I Cor., IX, 25); II Tim., IV,
8.) adornados con la corona de la eterna gloria?
Y, si también se cuenta como felicidad humana la
posesión de una casa espaciosa y magnífica, ¿qué casa puede imaginarse más
extensa y grandiosa que el mismo cielo, iluminado por todas partes con la
claridad de Dios? Por esto el Profeta, contemplando la hermosura de esta
morada, y ardiendo en deseos de llegar a aquel feliz descanso: ¡Oh cuán
amables, exclamó (Psalm. LXXXIII, 2, 3.-), son tus moradas, Señor de los
ejércitos! Mi alma suspira y desfallece por estar en los palacios del Señor;
transpórtanse de gozo mi corazón y mi cuerpo contemplando al Dios vivo. Y
los párrocos deben desear muy de veras, como igualmente procurar con el mayor
empeño, que éste sea el sentimiento de todos los fieles, y ésta la exclamación
frecuente de todos.
Cuarta parte: De la oración dominical,
capítulo IX, Padre nuestro, que estás en los cielos, pág. 335
19. Estando presente Dios en todas
partes, ¿por qué se dice que especialmente habita en el Cielo?
...habiendo dicho El de Sí mismo (Jerem., XXIII,
24): ¿Por ventura no lleno Yo el cielo y la tierra? Y esto debe también
entenderse de manera que comprende Dios con su poder y virtud el cielo y la
tierra y todo cuanto se contiene bajo los nombres de cielo y tierra, y no que
se halla limitado a lugar alguno...
pág. 336 Pero,
aunque está Dios presente en todo lugar y en todas las cosas, sin estar
determinado, según se ha dicho, a límite alguno, sin embargo dícese con
frecuencia en la Sagrada Escritura (Psalm., II, X, CXIII.-), que tiene su
morada en el cielo; y vemos justo que así se diga, porque los cielos que
vemos, son la parte más excelente del universo; ellos permanecen incorruptos,
que exceden a los demás cuerpos materiales en poder, grandeza y hermosura, y
están dotados de determinados y constantes movimientos. Y por eso, para
mover Dios los ánimos de los hombres a contemplar su poder y majestad
infinitos, que brillan por modo grandioso en la obra de los cielos, afirma
en las Sagradas Escrituras que tiene en ellos su morada; pero muchas veces
declara, lo que es evidente, que no hay parte alguna del mundo en que no se
halle presente la sencia y el poder de Dios.
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