|
ETIKA E |
San Alfonso Ma
de Ligorio |
www.etika.com |
|
18B10 |
Conformidad con la voluntad
de Dios |
De etika.com dedicado a Pedro Varela en su gran miseria
|
I
Excelencia de esta virtud
...
Verdad es que agradan al Señor las mortificaciones, las meditaciones, las
comunicaciones, las obras de caridad que ejercitamos con el prójimo; pero
solamente cuando están conformes con su voluntad santísima; de lo contrario,
lejos de ser de su agrado, las detesta y las juzga dignas de castigo. ...
No
quiere Dios los sacrificios, sino que se acate su santísima voluntad. ¿Por
ventura el Señor, dijo Samuel a Saúl, no estima más que los holocaustos y
las víctimas el que se obedezca a su voz? Es como crimen de idolatría el no
querer sujetarse al Señor. (I Reg., XV, 22.) ...
Y
dijo también que solamente reconocería por hermanos suyos a los que cumpliesen
su voluntad divina. Aquel que hiciese la voluntad de mi padre..., éste es mi
hermano. (Matth., XII, 50) ...
Todos
los santos, convencidos de que en ello estaba cifrada la perfección cristiana,
han puesto su afán y todo su intento en cumplir la voluntad de Dios. ...
El B.
Enrique Susón tambien decía: "Prefiero ser el más vil gusanillo de la
tierra por la voluntad de Dios, que serafín en el cielo por mi propria
voluntad."
Mientras
vivimos en el mundo, debemos aprender de los santos del cielo a amar a Dios.
... Si los serafines entendieran que era voluntad de Dios el que se ocuparan
por toda la eternidad en amontonar las arenas de las riberas del mar o en
cultivar los jardines de la tierra, en ello pondrían todo su placer y todo su
contento. Aún más; si Dios les manifestase que era de su agrado que se
arrojaran al fuego abrasador del infierno, inmediatamente se arrojarían a aquel
abismo sin fondo, para hacer la voluntad de Dios. Por esto Jesucristo nos
enseñó a pedir la gracia de cumplir su voluntad en la tierra, como lo hacen los
bienaventurados en el cielo, diciendo: Hágase tu voluntad así en la tierra
como en el cielo. ...
Un
solo acto de perfecta conformidad con la voluntad del Señor basta para
santificar un alma. ...
...
el que da a Dios su voluntad, se lo da todo; el que da limosnas da al Señor
parte de sus bienes; el que se mortifica le da su sangre; el que ayuna le
ofrece su alimento; pero el que le entrega su voluntad le da no sólo parte de
lo que tiene, sino que se lo da todo. ...
Dice
San Agustín que no podemos hacer ofrenda más agradable a Dios que decirle:
Tomad, Señor, posesión de mí, os doy toda mi voluntad; dadme a entender lo que
de mí queréis, que pronto estoy a ejecutarlo.
II
Debemos conformarnos con la voluntad de Dios en la
adversidad como en la prosperidad
Decía
el B. Padre Juan de Avila, "que vale más en la adversidad un gracias a
Dios, un bendito sea Dios, que seis mil gracias de bendiciones en la
prosperidad".
Además
no sólo debemos recibir con resignación los trabajos que directamente nos
vienen de la mano de Dios, como las enfermedades,
las desolaciones de espíritu, la pobreza, la muerte de los parientes, sino
también las que nos vienen por medio de los hombres, como son los desprecios,
las calumnias, las injusticias, los hurtos y toda suerte de persecuciones.
No debemos perder de vista que cuando alguno nos ofende en la fama, en la honra
o en la hacienda, si bien Dios no aprueba el pecado del ofensor, quiere, esto
no obstante, nuestra humillación, nuestra mortificación y pobreza.
Es
cierto, y de fe, que nada sucede en el mundo sino por voluntad y permisión de
Dios. Yo soy el Señor, dice por Isaías, que formó la luz y creó las
tinieblas; yo soy el que hago la paz y envío los castigos (Is., XLV, 6.) De
la mano de Dios nos vienen todos los bienes y todos los males, es decir, las
cosas que nos molestan y que falsamente llamamos males: porque en realidad son
bienes, cuando las aceptamos como venidas de parte del Señor. ...
...
También predice a los hebreos que, en justo castigo de sus iniquidades,
lanzará contra ellos a los asirios, para que los despojen y arruinen. ¡Ay de
Asur!, dice el Señor por Isaías, vara y bastón de mi furor, enviarle he
contra un pueblo fementido, y daréle mis órdenes para que se lleve sus
despojos, y le entregue al saqueo y le reduzca a ser pisado como el polvo de
las plazas (Is., X, 5) La impiedad de los asirios era como una hacha en
manos de Dios para castigar a los israelitas.
Y el
mismo Jesucristo dijo a San Pedro que
su Pasión y Muerte no tanto le venía de la malicia de los hombres, como de la
voluntad de su Padre, El cáliz que me ha dado mi Padre, le dijo, ¿he de
dejar yo de beberlo? (Jo., XVIII, 11) ...
Por
consiguiente, los trabajos que pesan sobre nosotros debemos mirarlos, no como
cosas que suceden al caso y por la sola malicia de los hombres, sino que
debemos estar persuadidos de que cuanto sucede es por voluntad de Dios.
"Todo
cuanto nos acaece contra nuestra voluntad, dice San Agustín, hemos de
convencernos que todo sucede por voluntad de Dios. Cuando Atón y Epicteto, preclaros mártires de
Jesucristo, eran torturados por el tirano
con uñas de hierro, que araban sus carnes, y teas encendidas que abrasaban su
cuerpo, no decían más que estas palabras: "Cúmplase, Señor, en nosotros tu
santísima voluntad". Y cuando llegaron al lugar del último suplicio,
alzando la voz, añadieron: "Bendito seas,
Dios eterno, porque nos da dado la gracia de que se cumpla por entero en
nosotros tu voluntad".
III
Del gran provecho que se saca de conformar nuestra
voluntad con la de Dios
El
que se ejercita en la práctica de esta virtud, no sólo se santifica, sino que
también goza en la tierra de paz inalterable. Preguntaron cierto día a Alfonso el
Grande, rey de Aragón y príncipe sapientísimo, quien, en su concepto, era
el hombre más feliz del mundo: "El que se abandona, contestó, a las
disposiciones de Dios y de igual manera recibe de su mano las cosas prósperas y
adversas."
Para
los que aman a Dios, dice San Pablo, todas las cosas se tornan en bién
(Rom., VIII, 28) Los que aman a Dios viven siempre
contentos, porque ponen todo su gozo en cumplir su voluntad divina, aun en las
cosas que contrarían la suya; y de esta suerte hasta los mismos trabajos se
convierten para ellos en puras alegrías, porque no ignoran que, acéptandolos
rendidos, dan gusto a su amado Señor. Ningún acontecimiento,
dice el Espíritu Santo, podrá contristar el justo (Prov., XII, 21) ...
... cuando uno no quiere más que lo que Dios quiere,
llega a conseguir cuanto desea, pues que, a excepción del pecado, nada sucede
en el mundo contrario a la la voluntad de Dios.
Se lee a este propósito en las vidas de los Padres del
desierto que las tierras de cierto labrador producían más sazonados frutos que
las tierras de sus vecinois; y como le preguntaran la causa:
“No os maravilléis de esto,
respondió, porque yo tengo siempre el tiempo que quiero. –
¿Cómo es así? Le dijeron. –
Pues muy sencillo, contestó;
porque yo no quiero otro tiempo distinto del que Dios me manda; y como yo deseo
lo que Dios quiere, me da siempre los frutos como yo los quiero.” (p. 16)
IV Todas las cosas se tornan en bien del que se conforma
con la voluntad de Dios
Dicen los maestros
de la vida espiritual, que, si bien agrada a Dios el alma que tiene
deseos de padecer por darle gusto, sin embargo, el Señor se complace más en aquellas almas que no quieren ni gozar, ni
padecer, sino que totalmente se abandonan a su santísima voluntad y no
tienen más ambición que cumplir lo que entienden es de su agrado. (p. 24)
V De la práctica de esta virtud
1.o
En los accidentes ordinarios de la vida
2.o
En los defectos naturales
3.o
En las enfermedades
4.o
En la pérdida de las personas queridas
5.o
En las desolaciones de espíritu
6.o
En la hora de la muerte
7.o
En los bienes espirituales
VI.
Conclusion
VII
La práctica cristiana (1)
La
voluntad de Dios
Cómo
se nos manifiesta
Manera
de cumplirla. Condiciones
Hacer
la voluntad de Dios totalmente
Hacer
la voluntad de Dios amorosamente
Hacer
la voluntad de Dios pacíficamente
Imprimido del Apostolado Mariano, Recaredo, 44,
E-41003 Sevilla.
Distribuido de D.A.U.T. Toledo