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San Alfonso Ma de Ligorio

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30-10-2002
D.A.U.T. - AIHS - Toledo

18B10

Conformidad con la voluntad de Dios

De etika.com dedicado a Pedro Varela en su gran miseria
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1-1W21

I

Excelencia de esta virtud

... Verdad es que agradan al Señor las mortificaciones, las meditaciones, las comunicaciones, las obras de caridad que ejercitamos con el prójimo; pero solamente cuando están conformes con su voluntad santísima; de lo contrario, lejos de ser de su agrado, las detesta y las juzga dignas de castigo. ...

No quiere Dios los sacrificios, sino que se acate su santísima voluntad. ¿Por ventura el Señor, dijo Samuel a Saúl, no estima más que los holocaustos y las víctimas el que se obedezca a su voz? Es como crimen de idolatría el no querer sujetarse al Señor. (I Reg., XV, 22.) ...

Y dijo también que solamente reconocería por hermanos suyos a los que cumpliesen su voluntad divina. Aquel que hiciese la voluntad de mi padre..., éste es mi hermano. (Matth., XII, 50) ...

Todos los santos, convencidos de que en ello estaba cifrada la perfección cristiana, han puesto su afán y todo su intento en cumplir la voluntad de Dios. ...

El B. Enrique Susón tambien decía: "Prefiero ser el más vil gusanillo de la tierra por la voluntad de Dios, que serafín en el cielo por mi propria voluntad."

Mientras vivimos en el mundo, debemos aprender de los santos del cielo a amar a Dios. ... Si los serafines entendieran que era voluntad de Dios el que se ocuparan por toda la eternidad en amontonar las arenas de las riberas del mar o en cultivar los jardines de la tierra, en ello pondrían todo su placer y todo su contento. Aún más; si Dios les manifestase que era de su agrado que se arrojaran al fuego abrasador del infierno, inmediatamente se arrojarían a aquel abismo sin fondo, para hacer la voluntad de Dios. Por esto Jesucristo nos enseñó a pedir la gracia de cumplir su voluntad en la tierra, como lo hacen los bienaventurados en el cielo, diciendo: Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. ...

Un solo acto de perfecta conformidad con la voluntad del Señor basta para santificar un alma. ...

... el que da a Dios su voluntad, se lo da todo; el que da limosnas da al Señor parte de sus bienes; el que se mortifica le da su sangre; el que ayuna le ofrece su alimento; pero el que le entrega su voluntad le da no sólo parte de lo que tiene, sino que se lo da todo. ...

Dice San Agustín que no podemos hacer ofrenda más agradable a Dios que decirle: Tomad, Señor, posesión de mí, os doy toda mi voluntad; dadme a entender lo que de mí queréis, que pronto estoy a ejecutarlo.

II

Debemos conformarnos con la voluntad de Dios en la adversidad como en la prosperidad

Decía el B. Padre Juan de Avila, "que vale más en la adversidad un gracias a Dios, un bendito sea Dios, que seis mil gracias de bendiciones en la prosperidad".

Además no sólo debemos recibir con resignación los trabajos que directamente nos vienen de la mano de Dios, como las enfermedades, las desolaciones de espíritu, la pobreza, la muerte de los parientes, sino también las que nos vienen por medio de los hombres, como son los desprecios, las calumnias, las injusticias, los hurtos y toda suerte de persecuciones. No debemos perder de vista que cuando alguno nos ofende en la fama, en la honra o en la hacienda, si bien Dios no aprueba el pecado del ofensor, quiere, esto no obstante, nuestra humillación, nuestra mortificación y pobreza.

Es cierto, y de fe, que nada sucede en el mundo sino por voluntad y permisión de Dios. Yo soy el Señor, dice por Isaías, que formó la luz y creó las tinieblas; yo soy el que hago la paz y envío los castigos (Is., XLV, 6.) De la mano de Dios nos vienen todos los bienes y todos los males, es decir, las cosas que nos molestan y que falsamente llamamos males: porque en realidad son bienes, cuando las aceptamos como venidas de parte del Señor. ...

... También predice a los hebreos que, en justo castigo de sus iniquidades, lanzará contra ellos a los asirios, para que los despojen y arruinen. ¡Ay de Asur!, dice el Señor por Isaías, vara y bastón de mi furor, enviarle he contra un pueblo fementido, y daréle mis órdenes para que se lleve sus despojos, y le entregue al saqueo y le reduzca a ser pisado como el polvo de las plazas (Is., X, 5) La impiedad de los asirios era como una hacha en manos de Dios para castigar a los israelitas.

Y el mismo Jesucristo dijo a San Pedro que su Pasión y Muerte no tanto le venía de la malicia de los hombres, como de la voluntad de su Padre, El cáliz que me ha dado mi Padre, le dijo, ¿he de dejar yo de beberlo? (Jo., XVIII, 11) ...

Por consiguiente, los trabajos que pesan sobre nosotros debemos mirarlos, no como cosas que suceden al caso y por la sola malicia de los hombres, sino que debemos estar persuadidos de que cuanto sucede es por voluntad de Dios.

"Todo cuanto nos acaece contra nuestra voluntad, dice San Agustín, hemos de convencernos que todo sucede por voluntad de Dios. Cuando Atón y Epicteto, preclaros mártires de Jesucristo, eran torturados por el tirano con uñas de hierro, que araban sus carnes, y teas encendidas que abrasaban su cuerpo, no decían más que estas palabras: "Cúmplase, Señor, en nosotros tu santísima voluntad". Y cuando llegaron al lugar del último suplicio, alzando la voz, añadieron: "Bendito seas, Dios eterno, porque nos da dado la gracia de que se cumpla por entero en nosotros tu voluntad".

III

Del gran provecho que se saca de conformar nuestra voluntad con la de Dios

El que se ejercita en la práctica de esta virtud, no sólo se santifica, sino que también goza en la tierra de paz inalterable. Preguntaron cierto día a Alfonso el Grande, rey de Aragón y príncipe sapientísimo, quien, en su concepto, era el hombre más feliz del mundo: "El que se abandona, contestó, a las disposiciones de Dios y de igual manera recibe de su mano las cosas prósperas y adversas."

Para los que aman a Dios, dice San Pablo, todas las cosas se tornan en bién (Rom., VIII, 28) Los que aman a Dios viven siempre contentos, porque ponen todo su gozo en cumplir su voluntad divina, aun en las cosas que contrarían la suya; y de esta suerte hasta los mismos trabajos se convierten para ellos en puras alegrías, porque no ignoran que, acéptandolos rendidos, dan gusto a su amado Señor. Ningún acontecimiento, dice el Espíritu Santo, podrá contristar el justo (Prov., XII, 21) ...

... cuando uno no quiere más que lo que Dios quiere, llega a conseguir cuanto desea, pues que, a excepción del pecado, nada sucede en el mundo contrario a la la voluntad de Dios.

Se lee a este propósito en las vidas de los Padres del desierto que las tierras de cierto labrador producían más sazonados frutos que las tierras de sus vecinois; y como le preguntaran la causa:

“No os maravilléis de esto, respondió, porque yo tengo siempre el tiempo que quiero. –

¿Cómo es así? Le dijeron. –

Pues muy sencillo, contestó; porque yo no quiero otro tiempo distinto del que Dios me manda; y como yo deseo lo que Dios quiere, me da siempre los frutos como yo los quiero.” (p. 16)

IV Todas las cosas se tornan en bien del que se conforma con la voluntad de Dios

Dicen los maestros  de la vida espiritual, que, si bien agrada a Dios el alma que tiene deseos de padecer por darle gusto, sin embargo, el Señor se complace más en aquellas almas que no quieren ni gozar, ni padecer, sino que totalmente se abandonan a su santísima voluntad y no tienen más ambición que cumplir lo que entienden es de su agrado. (p. 24)

V De la práctica de esta virtud

1.o En los accidentes ordinarios de la vida

2.o En los defectos naturales

3.o En las enfermedades

4.o En la pérdida de las personas queridas

5.o En las desolaciones de espíritu

6.o En la hora de la muerte

7.o En los bienes espirituales

VI. Conclusion

VII La práctica cristiana (1)

La voluntad de Dios

Cómo se nos manifiesta

Manera de cumplirla. Condiciones

Hacer la voluntad de Dios totalmente

Hacer la voluntad de Dios amorosamente

Hacer la voluntad de Dios pacíficamente

Imprimido del Apostolado Mariano, Recaredo, 44, E-41003 Sevilla.

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