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S. Alfonso M. de Ligorio

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18B22L

Del Infierno

26-3-2013

S. Alfonso M. de Ligorio: Disertaciones teologico-morales acerca de la vida eterna, Disertacion octava, en: LA VERDAD DE LA FÉ, Pons, Madrid y Barcelona, 1847, pp. 337-364

Biografia de San Alfonso M. de Ligorio, Doctor de la Iglesia

Del estado de los condenados despues del juicio.

1.   Los mas célebres filósofos gentiles reconocieron  la existencia del cielo y del purgatorio. (abajo)

2.   Espónense las sentencias de los filósofos (abajo)

3.   Fábulas de los Campos Eliseos y del Tártaro y otras que afirman la existencia del infierno. (abajo)

4.   § I. Del lugar del infierno. El lugar del infierno es subterráneo .

5.   Error de los Ubiquistas.

6.   Pruébase por autoridad del Evangelio, que el infierno está en las entrañas de la tierra.

7.   § II. De la pena del sentido. De la pena del fuego: el fuego del infierno no es metafórico sino verdadero y material, y atormenta en proporcion á las culpas cometidas.

8.   ¿Pero siendo corpóreo como puede afligir al alma que es espiritual? Respóndese á esta objecion.

9.   De la pena del frio.

10.              Del gusano roedor de la conciencia.

11.              Increpaciones por parte de los demonios: si ellos atormentarán á los condenados despues del juicio final.

12.              De la pena de la lobreguez ó de las tinieblas.

13.              De la pena de la immobilidad. Si puede aparecer en la tierra algun condenado. Del vaho, de la estrechez, del llanto y del crujimiento de dientes.

14.              § III. De la pena de daño. Esta pena no será igual para todos, sino proporcionada á la medida de la culpa.

15.              La pena mas cruel del infierno es el estar separado de Dios.

16.              En Dios consiste el paraiso.

17.              En Dios consiste el infierno, por cuanto desvía de sí al condenado.

18.              Los réprobos están forzados á pensar constantemente en un Dios, de quien ellos se apartaron.

19.              Sigue la misma materia.

20.              §. IV. De la intelectiva, ó de los pensamientos de los condenados. Que cosas recordarán los condenados en el infierno.

21.              Si los cristianos conservarán la fe en el infierno.

22.              Si los condenados verán alguna vez la gloria de los bienaventurados.

23.              § V. De la voluntad de los condenados. Si toda operacion de la voluntad de los condenados será mala; de donde se origine la obstinacion de los réprobos.

24.              Si los réprobos desean la condenacion de todo el mundo. Por qué causa el rico condenado procuraba que sus hermanos no cayesen en la perdicion.

25.              Si los condenados sienten arrepentimiento por sus pecados.

26.              Si en el infierno cometen pecado y se hacen merecedores de castigo mas riguroso.

27.              Despues del juicio cesó toda ocasion de mérito ó demérito.

28.              No obstante,  los condenados están continuamente pecando.

29.              Porque se obstinan en el mal.

30.              Si los condenados tienen odio á Dios.

31.              Si blasfeman de Dios.

32.              Si quisieran aniquilados  para acabar de padecer.

33.              §. VI. De la eternidad de las penas de los condenados. Es dogma de fe, contra el dictámen de Orígenes y otros; y no es injusta.

34.              Ni se opone á la piedad y misericordia Divina.

35.              El acto de justicia que Dios ejerce al castigar a los condenados conviene al bien universal del mundo.

36.              Los Santos no ruegan por los que andan obstinados en el mal.

37.              Si los hombres que propenden á la misericordia están libres de las penas del infierno.

38.              Si irán al infierno los que reciben la Eucaristía y los que conservan la fe hasta la muerte.

39.              Si es de creer que S. Jerónimo haya abrazado la opinion que los cristianos que fueron condenados, cumplido cierto período de tiempo, serán libertados de las penas del infierno.

40.              Si las penas que padecen los condenados serán mitigadas ó interrumpidas al cabo de cierto tiempo. Si el fuego del infierno no solo será de suyo eterno, mas si atormentará por una eternidad á los précitos.

41.              Si los condenados reciben el castigo citra condignum ó solamente juxta condignum. Espónese la primera sentencia.

42.              Espónese la segunda sentencia que consiste en decir que son castigados juxta condignum.

43.              Manifiéstanse las opiniones de S. Agustin y Sto. Tomás.

 

1.   Aunque varios gentiles se mostraron ateos, en cuanto imaginaron que el infierno era una fábula inventada para aterrorizar á los impíos, sin embargo los filósofos mas célebres de la gentilidad, como Sócrates, Jenofonte, Aristóteles, Platon y otros que cita Juan Vicente Patutzzi (de futuro impiorum statu t. 2. cap. 5.), no vacilaron en creer que en la otra vida, que es vida inmortal, existen el cielo, lugar de premio para los buenos, y el infierno, lugar de castigo para los malos.

2.   Que haya un Dios creador y ordenador del universo, es una verdad que no osan negarla sino aquellos impíos en último grado pervertidos, quienes en su anhelo por preservarse del castigo, quisieran dejára de existir un poder capaz de castigar sus iniquidades. De otra parte cónstale al hombre que Dios es justo remunerador; y al contemplar en este mundo nadando en la prosperidad á muchos hombres llenos de vicios y sumida en la afliccion y el vilipendio á mucha gente virtuosa, han llegado á persuadirse todas las naciones por comun convencimiento que al concluir esta vida mortal, espera otro mundo en que el vicio recibirá su castigo, y la virtud su galardon, como es de justicia. Los mas célebres filósofos no vacilaron en enseñar, que en la otra vida hay cielo é infierno. Escribe Jenofonte (de fact. et dict. Socr.), que Sócrates solia decir: Praemia manere illos qui Deo placuerint; iis autem qui Deo displicent poenas decerni. Lo propio decian Platon, Plutarco y otros, cuyas máximas me abstengo de citar aquí en obsequio de la brevedad. Pero no puedo pasar en silencio dos bellos pensamientos de Ciceron. El primero es: Neque ... assentior iis qui haec nuper asserere coeperunt, cum corporibus simul animas interire atque omnia morte deleri. Plus ad me antiquorum auctoritas valet vel nostrorum majorum qui mortuis tam religiosa jura tribuerunt ... reditum ad coelum patere optimo cuique et justissimo expeditissimum. (Lib. de amic.) El segundo es el siguiente: Justis quidem reditum patere ad supernam felicitatem, improbis vero devium quodam iter esse, seclusum á concilio Deorum. (Lib. 1. quest. Tuscul.)

3.   De la persuasion comun entre todas las naciones de que despues de la vida presente debe existir una mansion de delicias para los buenos y otra de tormentos para los malos, traen orígen tantas fábulas de los poetas griegos y latinos, señalando para los primeros los placeres de los Campos Elíseos, y las penas del Tártaro, ó sea el infierno, para los segundos. De ahí nace la fábula de Aqueronte y Leteo, rios del infierno, por cuyas aguas Caronte traslada en su esquife las almas el infierno. De ahí surgió la del Cocito, que con el estrépito de sus ondas espresa los gritos y lamentos que dan los que están condenados á las tinieblas. De ahí provinieron tambien las fábulas de Minos y Radamanto, jueces destinados para exigir cuentas de los delitos: la de Tántalo que puesto en medio del agua está abrasándose de sed y no puede llevar una sola gota á los labios. La de Sisifo que agobiado con la carga de un peñasco, no alcanza jamás á sentarlo en la cima del monte, y cae otra vez rodando hasta su pié. De ahí la pena de Tifeo, condenado á perpetuo reposo en el sitio en que yace. Todas estas son fábulas, pero significan con toda propiedad las penas que sufren los condenados en el infierno, conforme están indicadas en las sagradas páginas. Hablando de los pecadores, dice el Apóstol: Qui non obediunt Evangelio ... poenas dabunt in interitu aeternas (2. Thess. 1, 8. et 9.); y reasumiendo en breves palabras la eternidad del estado de los justos y de los pecadores, escribe S. Mateo: Et ibunt hi in supplicium aeternum, justi autem in vitam aeternam. Por lo demás en mil parajes nos habla esplicitamente del infierno la Escritura sagrada: y así lo propone á nuestra fe la Santa Iglesia.

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