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S. Alfonso M. de Ligorio

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18B22L2

De la pena de sentido

20-3-2013

S. Alfonso M. de Ligorio: Disertaciones teologico-morales acerca de la vida eterna, Disertacion octava, en: LA VERDAD DE LA FÉ, Pons, Madrid y Barcelona, 1847, pp. 342-347

§. II. De la pena de sentido.

7 . Y primeramente de la pena del fuego. Demuestra santo Tomás (supl. q. 97. art. 5.), que el fuego del infierno es corpóreo y material: sin embargo, confiesa el Santo Doctor que no entiende hablar del fuego que atormenta á las almas separadas del cuerpo, sino del que aflige á los condenados despues de resucitados en sus propios cuerpos; lo propio dice S. Agustin. (Lib. 21. de civ. cap. 10.)

Muchos autores herejes suposieron que el fuego del infierno no es material sino puramente metafórico. Calvino, insiguiendo en este punto la opinion de Orígenes, escribió en diversos pasajes: Infernum nihil aliud est, nisi conscientiae horror (Inst. L. 3. cap. 8.): y prohijaron su dictámen Teodoro Beza, Lamberto Danet, y otros varios.

Sin embargo, de muchos textos de la Escritura resulta constante, que el fuego del infierno es un fuego real, material y corpóreo:

·       Ignis succensus est in furore meo, et ardebit usque ad inferni novissima. (Deuter. XXXII, 22.)

·       Devorabit cum ignis, qui non succenditur. (Job XX, 26.) Palabras que comenta Tirino, diciendo: Non succenditur alimento terreno, sed semel à Deo succensus in aeternum ardebit.

·       Además: Quis poterit habitare de vobis cum igne devorante? (Isai. XXXIII, 14.)

·       Praeparata est enim ab heri Tophet ... nutrimenta ejus ignis, etc. Vermis eorum non morietur, et ignis eorum non extinguetur. (Isai. LXVI, 24.)

·       Dabitignem et vermes in carnes eorum ut urantur et sentiant. (Judith VI, 21.)

·       Sed potius timete eum qui potest et animam et corpus perdere in gehennam. (Matth. X, 28.)

·       Lamentábase el rico condenado: Crucior in hac flamma (Luc. XVI, 24.): y decia in hac flamma, para mostrar que el fuego del infierno es de diversas especies: fuego apropiado para vengar los ultrajes que contra Dios cometen los pecadores, abandonándose á los deleites carnales: Vindicta carnis impii ignis et vermis (Eccl. VII, 19.): fuego vengador que (conforme escribe el Sabio) atormentará como ministro de Dios, con mayor ó menor rigor, á los condenados, segun la medida de sus culpas.

·       Creatura enim, tibi Factori deserviens, exardescit in tormentum adversus injustos. (Sap. XVI, 24.)

·       Y segun Sto. Tomás (supl. q. 97. art. 3. ad 3.): Ignis ille erit instrumentum divinae justitiae punientis; luego obrará conforme ordene la voluntad divina.

8 . Ocorre aquí una dificultad: ¿como es posible que el fuego corpóreo pueda causar dolor en el alma, que es espiritual? La contestacion es, que no cabe comprenderse como se efectue este misterio. S. Agustin en el L. 21, de civ. cap. 7, et 8, dice, que aunque nosotros no alcancemos á comprenderlo, bien lo sabe el poder divino: y añade en el cap. 10: Cur enim non dicamos, quamvis miris tamen veris modis etiam spiritus incorporeos posse poena corporalis ignis affligi?

No es suficiente razon el decir, que cuando el alma esté unida al cuerpo los movimientos corporales originan dolor en el espíritu: porque de esta razon vuelve á reproducirse la misma dificultad, á saber, que los movimientos materiales no ejercen accion alguna sobre el alma que es de suyo immaterial: por consiguiente fuerza es confesar, que este es un acto del poder divino; y así como en la union del alma con el cuerpo el alma es la que siente el dolor, de la misma manera Dios permite que el alma aunque esté separada del cuerpo, sienta el dolor propio del cuerpo; de este modo discurre cabalmente Juan Clerico (in notis ad L. 3. c. P. Petavii.)

9 . Dice Sto. Tomás (par. 3, supl. q. 97, art. 1. ad 3.), que los condenados oscilarán entre un calor inmenso y un frío estremado, sin que esta transicion les refrigere en manera alguna su tormento: Transibunt ex vehementissimo calore ad vehementissimum frigus, sine hoc quod in eis sit aliquod refrigerium. Cuya circunstancia se deduce claramentede lo que dejó escrito Job: Ad nimium calorem transeat ab aquis nivium. (XXIV. 19.)

Si ya no fuere verdad, como es muy verosímil que lo sea, lo que dice S. Jerónimo, que los condenados sentirán dentro del fuego mismo el tormento del calor, el del frio y el conjunto de todas las penas del infierno: In uno igne omnia tormenta sentient damnati in inferno.

10 . Menciónanse en la Escritura otras varias penas especiales, como la pena del gusano: Vindicta carnis impii ignis et vermis. (Eccl. VII, 9.) Vermis eorum non morietur. (Isa. LXIV, 24.)

Algunos Padres de la Iglesia, como S. Basilio, S. Gregorio Niceno, S. Anselmo (S. Basil. in ps. 3. S. Greg. Nis., orat 3. de resurr., S. Anselm. in Elucid.), opinan que es un gusano material, que está royendo las carnes á los condenados.

Suarez y Barradio creen probable esta opinion; pero el P. Patutzzi, el cardenal Gotti y Sto. Tomás (supl. q. 9. a. 2.), y con ellos S. Ambrosio, S. Jerónimo, S. Bernardo y otros intérpretes y teólogos muy celébres convienen casi todos en decir, que el gusano no es otra cosa que la roedora acusacion de la conciencia, que S. Gregorio conceptua la pena mayor de cuantas padecen los condenados: Nulla est major afflictio, quam conscientia delictorum. (In ps. 143.)

Y con la misma doctrina se conforma S. Basilio, diciendo en el lugar citado (num. 6): Confusio in qua in aeternum vivent peccatores horrenda est, magis quam tenebrae et ignis; y pasa luego á decir, que los condenados semper habituri ob oculos quae in animae memoria permansura sunt; repitiendo aquellos miserables las palabras de la Sabiduria (v, 7, 8 et 9.): Lassati sumus in via iniquitatis et perditionis, et ambulavimus vias difficiles ... Quid nobis profuit superbia? Aut divitiarum jactantia quid contulit nobis? Transierunt omnia illa tamquam umbra, etc.

11 . Al torcedor de la conciencia que sufre de por si el condenado, se agregarán las imprecaciones de los demonios. Cuando alguien cae en un error trascendental, grande es la pesadumbre que le causa la falta cometida; mas cuando otra persona no se sacia de echarle en cara el error en que se ha precipitado, el dolor que de ello esperimenta viene á ser insoportable.

Y este será cabalmente uno de los tormentos mas sensibles para los condenados, el sentirse increpar continuamente sus pecados por los demonios enemigos suyos. Suscítase la duda, de si los demonios obtienen facultad de atormentar á los condenados, al modo como por permiso de Dios pueden en este mundo atormentar á los hombres, conforme escribe S. Pablo: Quoniam non est nobis colluctatio adversus carnem et sanguinem, sed adversus principes et potestates; adversus mundi rectores tenebrarum harum, etc. (Ephes. VI, 12.)

El venerable Beda aparenta en cierto pasaje negar á los demonios semejante poder, pero luego se inclina en cierto modo á la afermativa, el esplanar el cap. 12. ver. 58 y 59. de S. Lucas, en donde se lee: Judex tradat te exactori .... donec etiam novissimum minutum reddas. Como si por estas palabras quisiera indicarse, que el demonio (que es el que está exigiendo la paga) continue atormentando el reo hasta que haya concluido de satisfacer su deuda.

Estio (Dist. ult. § 6.) niega rotundamente que los demonios despues del juicio final puedan atormentar el cuerpo de los condenados en el infierno: pero si se atiende á las espresiones que gasta S. Lucas, parece mas probable la contraria opinion.

12. Otra pena hay en el infierno que es la de las tinieblas, descritas muy al natural por Job, que llama el infierno, terram miseriae et tenebrarum, ubi umbra mortis et nullus ordo, sed sempiternus horror inhabitat. (X, 22.) Algunos aplican este texto á los sepulcros de los difuntos, pero con mayor razon y verosimilitud interprétanlo por el infierno, S. Agustin, S. Jerónimo, Beda, S. Bernardo y Sto. Tomás, cuya doctrina admite el P. Patutzzi (de sede inferni L. 2. c. 6. n. 1.), apoyándola con las citas correspondientes.

Lo terrible de semejantes tinieblas lo pinta muy al vivo el apóstol S. Judas en el ver. 17. de su epistola, en que hablando de los réprobos, dice: quibus procella tenebrarum servata est in aeternum. Y nótese la espresion procella tenebrarum: las tinieblas del infierno forman doble tempestad de tinieblas para atormentar á los condenados.

Añade Sto. Tomás (supl. q. 97. art. 4.), que en medio de aquellas tinieblas traslucirán ráfagas de luz maligna y molesta, que descubrirán á la vista de aquellos infelices varios objetos que les causarán afliccion: Ad videndum illa, escribe el Santo, quae animam torquere possunt; y entre otras cosas echarán de ver el espantoso espectáculo de los otros réprobos, como dice Domingo de Soto.

13. Agréguese para colmo de todas estas penas, la de la immobilidad: Ligatis manibus et pedibus ejus mitte eum in tenebras exteriores. (Mat. XXII, 13.) Sin embargo indica Sto. Tomás (loc. cit. art. 3.), que quizás el Señor por un efecto de especial dispensacion envia al mundo algun condenado para que se ostente á sí mismo ó se haga sentir de los vivientes, llevando en esto algun fin de utilidad ó instruccion. Refieren S. Gregorio y Beda (S. Greg., dial. L. 4. c. 36, 40 et 55. Beda, Hist. L. 5.), que muchas almas condenadas han puesto en noticia de los vivientes las penas crueles que padecian en en el infierno; cuyas penas continuan sufriéndolas con la misma intensidad que en el infierno cuando se muestran acá en la tierra.

Atormenta además á los condenados la pena del hedor que reina en el infierno: Et de cadaveribus eorum ascendit foetor (Isa. XXXIV. 3.) La de la apretura ocasionada por la multitud de condenados, que llegará á cortarles continuamente la respiracion.

Escribe además S. Mateo (XXX. 42.) Ibi erit fletus et stridor dentium; habrá llanto y crujimiento de dientes: cuyo llanto, dice Sto. Tomás (p. 3. q. 69. ad. 3.), no debe tomarse por un llanto material acompañado de lágrimas, porque ocurrido el juicio final, no habrá generación de humores de donde nazcan las lágrimas: á mas de que el llanto sirve de desahogo al afligido, y en el infierno no hay desahogo alguno para aquellos infelices desesperados. Por lo que, por llanto, debe entenderse, segun Sto. Tomás, la turbacion interior que aflige el condenado: y por rechinamiento de dientes, dicen, la acerbidad misma del dolor, que á nuestro modo de entender les obligaria á rechinar continuamente los dientes.

 

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