ETIKA E

FRAY LUIS DE GRANADA

www.etika.com
Sudtirol, 21-3-2015

18B2C6

Guía de pecadores: La
divina predestinación

Madrid 1777. (1556.)
Páginas 40-44

GUIA DE PECADORES
EN LA QUAL SE CONTIENE UNA LARGA Y COPIOSA  EXHORTACION A LA VIRTUD,
y guarda de los Mandamientos Divinos: COMPUESTO
Por el V. P.M. Fr. Luis de Granada, de la Orden de Santo Domingo.
MADRID : M D CCLXXVII.
En la imprenta y LIBRERIA DE D. MANUEL MARTIN,
calle de la Cruz, donde se hallará. Con las licencias necesarias.

LIBRO PRIMERO. CAPITULO VI.
Del texto título por donde estamos obligados á la virtud, que es el beneficio inestimable de la divina predestinacion.

A Todos estos beneficios se añade el de la eleccion, que es de solos aquellos que Dios ab eterno escogió para la vida perdurable. Por el qual beneficio el Apóstol da gracias en nombre suyo y de todos los escogidos, escribiendo á los de Efeso (Ephes. I.), por estas palabras:

Bendito sea Dios, padre de nuestro Señor Jesu Christo, el qual nos benedixo con todo género de bendiciones espirituales por Christo: asi como por él nos escogió antes de la creacion del mundo para que fuesemos santos y limpios en sus ojos divinos, y nos predestinó por hijos suyos adoptivos por Jesu Christo su Hijo.

Este mesmo beneficio engrandece el Profeta Real, quando dice (Ps. 64.): Bienaventurado, Señor, aquel que tú escogiste y tomastes para tí: porque este tal morará con tus ecogidos en tu casa. Este pues con mucha razon se puede llamar beneficio de beneficios, y gracia de gracias. Es gracia de gracias, porque se da ante todo merecimiento por sola la infinita bondad y largueza de Dios: el qual, no haciendo injuria á nadie, antes dando á cada uno suficiente ayuda para su salvacion, extiende para con otros la inmensidad de su misericordia, como liberalísimo y absolute señor de su hacienda.

Es otrosi beneficio de beneficio, no solo porque es el mayor de los beneficios, sino porque es el causador de todos los otros. Porque despues de escogido el hombre para la gloria por medio de este beneficio, luego le provee el Señor de todos los otros beneficios y medios que se requieren para conseguirla; como él mesmo lo testificó por un Profeta, diciendo (Hier. 31.): Yo te amé con perpetua caridad, y por eso te traxe á mí; conviene saber, llamándote á mi gracia, para que por ella alcanzases mi gloria.

Pero mas claramente significó esto el Apóstol, quando dixo: (Rom. 8.): Los que el Señor predestinó para que fuesen conformes á la imágen de su Hijo (el qual es el primogénito entre muchos hermanos), á estos llamó: y á los que llamó, justificó: y á los que justificó, finalmente glorificó.

La razon de esto es, porque como Dios disponga todas las cosas ordenada y suavemente, despues que tiene por bien escoger á uno para su gloria, por esta gracia le hace otras muchas gracias, porque por esto le provee de todo lo que para conseguir esta primera gracia se requiere. De manera que asi como el padre que cria un hijo para Clérigo o Letrado, dende niño le comienza á ocupar en cosas de la Iglesia, ó en exercicios de letras, y todos los pasos de su vida endereza á este fin; asi tambien despues que aquel Eterno Padre escoge un hombre para su gloria (á la qual nos lleva el camino de la justicia), siempre procura guiarlo por este camino, para que asi alcance el fin determinado.

Pues por este tan grande y tan antiguo beneficio deben dar gracias al Señor los que en sí reconocieron señales de él. Porque dado caso que este secreto esté cubierto á los ojos de los hombres, todavia, como hay señales de la justificacion, las hay tambien de la divina eleccion. Y asi como entre aquellas la principal es la enmienda de la vida, así entre estas lo es la perseverancia en la buena vida. Porque el que ha muchos años que vive en temor de Dios, y con solícito cuidado de huir todo pecado mortal, piadosamente puede creer (que como dice el Apóstol) (I. Cor. I.) le guardará Dios hasta el fin sin pecado para el dia de su venida, y acabará en él lo que comenzó.

Verdad es, que no por esto se debe nadie tener por seguro; pues vemos que aquel tan grande Sabio Salomón (3. Reg. 11.), despues de haber tanto tiempo bien vivido, al fin de la vida fué engañado. Pero estas son excepciones de la costumbre general, que es la que el Apóstol dice, y la que el mesmo Salomón en sus Proverbios enseñó, diciendo (I. Cor. 3. Prov. 22.): Proverbio es, que el mancebo no desamparará en la vejez el camino que siguió en la mocedad; de manera, que si fué virtuoso siendo mozo, también lo será quando viejo.

Pues con estas y con otras semejantes conjeturas que los Santos escriben, puede uno humildemente presumir de la infinita bondad de Dios que le tendrá puesto en el número de sus escogidos. Y asi como espera en la misericordia de este Señor que se ha de salvar, asi puede humilmente presumir que es del número de los que se han de salvar; pues lo uno presupone lo otro.

Siendo esto asi, quán obligado estará el hombre á servir á Dios por un tan grande beneficio como es estar escrito en aquel libro de que el Señor dixo á sus Apóstoles (Luc. 10.): No os alegreis porque los espiritus malos os obedecen; sino alegraos porque vuestros nombres están escritos en los cielos.

¿Pues qué tan grande beneficio es ser amado y escogido ab eterno dende que Dios es Dios, y estar aposentado en su pecho amoroso dende los años de la eternidad, y ser escogido por hijo adoptivo de Dios quando fué engendrado el Hijo natural de Dios entre los resplandores de los Santos, que en el entendimiento divino estaban presentes (Ps. 109.)

·        Mira pues atentamente todas las circunstancias de esta eleccion, y verás como cada una de ellas por sí es un grande beneficio y una nueva obligacion. Mira quán digno es el elector que te escogió, que es el mesmo Dios infinitamente rico y bienventurado, y que ni de ti ni de nadie tenia necesidad.

·        Mira quán indigno por sí era el electo, que es una criatura miserable y mortal, sujeta á todas las pobrezas, enfermedades y miserias de esta vida, y obligada á las penas eternas de la otra por su culpa.

·        Mira quán alta es la eleccion; pues fuiste elegido para un fin tan soberano, que no puede ser otro mayor, que es para se hijo de Dios, heredero de su Reyno, y particionero de su gloria.

·        Mira tambien quán graciosa fué esta eleccion; pues fué (como diximos) ante todo merecimiento, por solo el beneplácito de la divina voluntad, y (como el Apóstol dice) (Ephes I.) para gloria y alabanza de la inmensa liberalidad de Dios y de su gracia:  porque quanto es el beneficio mas gracioso, tanto dexa al hombre mas obligado.

·        Mira otrosi la antugüedad de esta eleccion; pues no comenzó con el mundo, antes es mas antigua que el mundo, pues corre á la pareja con Dios; el qual asi como es ab eterno, asi ab eterno amó sus escogidos, y dende entonces los tuvo y tiene delante, y los mira con ojos paternales y amorosos, estando siempre determinado de hacerles un tan grande bien.

·        Mira otrosi la singularidad de esta merced; pues entre tanta infinidad de bárbaras naciones y de condenados quiso él que te cupiese á ti esta suerte tan dichosa en el número de los escogidos: y asi te apartó y entresacó de aquella masa dañada del género humano por el pecado: é hizo pan de Angeles lo que era levadura de corrupcion.

En esta circunstancia hay poco que se deba escribir, pero mucho que se pueda sentir y considerar, para saber agradecer al Señor la singularidad de este beneficio, tanto mayor, quanto es menor el número de los escogidos, y mayor el de los perdidos; que, como dice Salomón (Eccl. I.), es infinito.

Y si nada de esto te moviere, muévate á lo menos la grandeza de las expensas que este soberano elector determinó hacer en esta demanda, que fue gastar en ella la vida y sangre de su unigénito Hijo, el qual ab eterno determinó enviar al mundo para que fuese el executor de esta Divina determinacion.

Pues siendo esto asi, ¿qué tiempo bastará para pensar tantas misercicordias? ¿qué lenguas para manifestarlas? ¿qué corazon para sentirlas? ¿qué servicios para pagarlas?

¿Con qué amor responderá el hombre á este amor eterno de Dios? ¿quién aguardará á amar en la vejez á aquel que lo amó dende la eternidad? ¿Quién trocará este amigo por otro qualquiera amigo?

Porque si en la Escritura Divina es tan preciado el amigo antiguo (Eccl. 9. etc.); quánto mas lo será el eterno? Y si por ningun amigo nuevo se debe trocar el viejo; quién trocará la posesion y gracia de este amador tan antiguo por todos los amigos del mundo? Y si la posesion del tiempo inmemorial da derecho á quien no lo tiene; ¿qué hará la de la eternidad á quien nos tiene poseidos por título de esta amistad, para que asi nos tengamos por suyos?

Pues segun esto, ¿qué bienes hay en el mundo que se deban trocar por este bien? ¿y qué males que no se deban padecer alegremente por él? ¿Qué hombre habria tan desalmado, que si supiese por revelacion de Dios de un pobre mendigo que pasa por la calle, que estaba asi predestinado, que no besase la tierra que él hollase? ¿que no fuese en pos de él, y puesto de rodillas no le diese mil bendiciones, y le dixese: O dichoso tú; ó bienaventurado tu?

¿Es posible que tú seas de aquel felicísimo número de los escogidos? ¿es posible que tú hayas de ver á Dios en su mesma hermosura; tú has de ser compañero y hermano de todos los escogidos? ¿tú has de estar entre los coros de los Angeles? ¿tú has de gozar de aquella música celestial? ¿tú has de reynar en los siglos de los siglos? ¿tú has de ver la cara resplandeciente de Christo y de su Santísima Madre?

O bienaventurado el dia en que naciste, y mucho mas aquel en que morirás, pues entonces para siempre vivirás.

Bienaventurado el pan que comes, y la tierra que huellas, pues tiene sobre sí un incomparable tesoro; y mucho mas bienaventurados los trabajos que padeces, y las menguas que sufres, pues éstas te abren camino para el descanso de la eternidad.

Porque ¿qué nublado habrá tan triste, qué tribulacion tan grave, que nos se deshaga con las prendas de esta esperanza?

Con estos ojos pues mirariamos un predestinado, si conociésemos que lo es. Porque si quando pasa un Príncipe, heredero de un gran Reyno, por la calle, salen todos á mirarle, maravillándose de la suerte tan dichosa (segun el juicio del mundo) que á aquel mozo le cupo, naciendo heredero de un gran Reyno; ¿quánto mas sería para maravillar esta tan dichosa suerte, que es nacer un hombre ante todo merecimiento escogido, no para ser Rey temporal de la tierra, sino para reynar eternamente en el cielo?

Por aquí pues podrás ver, hermano, la obligacion que tienen los escogidos al Señor por este tan grande beneficio: del qual ninguno se debe tener por excluido, si quiere hacer lo que es de su parte; antes cada uno trabaje, como dice S. Pedro (2. Petr. I.), por hacer cierta su eleccion con buenas obras; porque sabemos cierto que el que las hiciere, se salvará; y sabemos tambien que el favor y gracia divina á nadie faltó jamás, ni faltará. Y con la firmeza de estas dos verdades continuémos las buenas obras: y asi seremos de este número tan glorioso.

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