ETIKA E

FRAY LUIS DE GRANADA

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15-5-2015

GUIA DE PECADORES

18B2D6

Remedios contra la luxuria

Madrid 1777

 

Guia de Pecadores
EN LA CUAL SE CONTIENE UNA LARGA Y COPIOSA EXHORTACION A LA VIRTUD Y GUARDA DE LOS MANDAMIENTOS DIVINOS.
POR EL V. P. M. FRAY LUIS DE GRANADA, DEL ORDEN DE SANTO DOMINGO:
CON APROBACION DEL ORDINARIO:

MADRD, 1777. EN LA LIBRERIA DE D. MANUEL MARTIN. CALLE DE LA CRUZ.
y: TOMO II. BARCELONA. LIBRERIA RELIGIOSA, CALLE DE AVIÑÓ, NÚMERO 20. 1893.

LIBRO SEGUNDO

CAPÍTULO VI.
Remedios contra la luxuria.

 

LUxuria es apetito desordenado de sucios y deshonestos deleytes. Este es uno de los vicios mas generales, y mas cosarios, y mas furiosos en acometer, que hay. Porque (como dice San Bernardo) entre todas las batallas de los Christianos las mas duras son las de la castidad; donde es muy quotidiana la pelea, y muy rara la victoria.

Pues quando este feo y abominable vicio tentare du corazon, puedes salir al camino con las consideraciones siguientes. Primeramente considera que este vicio no solo ensucia el ánima (que el Hijo de Dios alimpió con su sangre), sino tambien el cuerpo, en quien, como en un sagrado relicario, es depositado el sacratísimo cuerpo de Christo.

Pues si tan grande culpa es profanar y ensuciar el Templo material de Dios; ¿qué será profanar este templo en que mora Dios? Por esto dice el Apóstol (I. Cor. 6.): Huid, hermanos, del pecado de la fornicacion, porque todo otro pecado que hiciere el hombre, fuera de su cuerpo es; mas el que cae en fornicacion, peca contra su mesmo cuerpo, profanándolo y ensuciándolo con el pecado carnal.

Considera tambien que este pecado no se puede poner por obra sin escándalo y perjuicio de otros muchos que comunmente intervienen en él; que es la cosa que á la hora de la muerte mas agudamente suele herir la conciencia. Porque si la ley de Dios manda que se dé vida por vida, ojo por ojo, y diente por diente (Exod. 21.); ¿qué podrá dar el que tantas ánimas destruyó? ¿y con qué pagará lo que él con su mesma sangre redimió?

Considera tambien que este halagüeño vicio tiene muy dulces principios, y muy amaras fines: muy fáciles las entradas, y muy dificultosas las salidas. Por donde dixo el Sabio que la mala muger era como una cava muy honda, y un pozo boquiangosto, donde siendo tan fácil la entrada, es dificultosísima la salida (Prov. 23.) Porque verdaderamente no hay cosa en que mas fácilmente se enreden los hombres, que en este dulce vicio, segun que á los principios se demuestra; mas despues de enlazados en él, trabadas las amistades, y roto el velo de la vergüenza, ¿quién los sacará de ahí?

Por lo qual con mucha razon se compara con las nasas de los pescadores, que teniendo las entradas muy anchas, tienen las salidas muy angostas; por donde el pece que una vez entra, por maravilla sale de ahí.

Y por aqui entenderás quánta muchedumbre de pecados pare este tan prolixo pecado; pues en todo este tiempo tan largo está claro que asi por pensamiento como por obra, como por deseo ha de ser Dios quasi infinitas veces ofendido.

Considera tambien sobre todo esto (como dice un Doctor), quánta muchedumbre de otros males trae consigo esta halagüeña pestilencia.

Primeramente roba la fama (que entre las cosas humanas es la mas hermosa posesion que puedes tener), ca ningun rumor de vicio huele mas mal, ni trae consigo mayor infamia que éste.

Y allende de esto debilita las fuerzas, amortigua la hermosura, quita la buena disposicion, hace daño á la salud, pare enfermedades sin cuento (y éstas muy feas y sucias), desflora antes de tiempo la frescura de la juventud, y hace venir mas temprano una torpe vejéz: quita la fuerza del ingenio, embota la agudeza del entendimiento, y quasi la torna brutal: aparta el hombre de todos honestos estudios y exercicios; y asi le zabulle todo en el cieno de este deleyte, que ya no huelga de pensar, ni hablar, ni tratar cosa que no sea vileza y suciedad.

Hace loca la juventud é infame; y la vejéz aborrecible y miserable.

Mas no se contenta este vicio con todo este estrago que hace en la persona del hombre; sino tambien lo hace en sus cosas. Porque ninguna hacienda hay tan gruesa, ningun tan gran tesoro, á quien luxuria no gaste y consuma en poco tiempo. Porque el estómago y los miembros vergonzosos son vecinos y compañeros, y los unos á los otros se ayudan y conforman en los vicios. De donde los hombres dados á vicios carnales comunmente son comedores y bebedores: y asi en banquetes y vestidos gastan todo quanto tienen. Y demás de esto las mugeres deshonestas nunca se hartan de joyas, de anillos, de vestidos, de olandas, de perfúmes y olores, y cosas tales: y mas aman estos presentes que a los mesmos amadores que se los dan. Para cuya confirmacion basta el exemplo de aquel hijo pródigo (Luc. 15.) que en este gastó toda la legítima de su padre.

Mira tambien que quanto mas entregares tus pensamientos y tu cuerpo á deleytes, tanto menos hartura hallarás: ca este deleyte no causa hartura, sino hambre: porque el amor del hombre á la muger, ú de la muger al hombre, nunca se pierde; antes apagado una vez, se torna á encender.

Y mira otrosi como este deleyte es breve, y la pena que por él se da, perpetua; y por consiguiente, que es muy desigual trueque, por una brevísima y torpísima hora de placer perder en esta vida el gozo de la buena conciencia, y despues la gloria que para siempre dura, y padecer la pena que nunca se acaba. Por lo qual dice S. Gregorio (Lib. 9. Mor. c. 44.):

Un momento dura lo que deleyta; y eternalmente lo que atormenta.

Considera tambien por otra parte la dignidad y precio de la pareza virginal que este vicio destruye: porque las vírgines en esta vida comienzan á vivir vida de Angeles, y singularmente por su limpieza son semejantes á los espíritus celestiales: porque vivir en carne sin obras de carne; mas es virtud Angelica que humana.

Sola la virginidad es la que (como dice San Hierónimo, Ad Deme. Ad Mauritii filiam. Eus. de morte Hier. circa medium.) en este lugar y tiempo de mortalidad representa el estado de la Gloria inmortal. Sola ella guarda la costumbre de aquella ciudad soberana, donde no hay bodas ni desposorios: y asi da á los hombres terrenos experiencia de aquella celestial conversacion. Por la qual en el Cielo se da cierto y singular premio á los virgines: de los quales escribe S. Juan en el Apocalipsi, diciendo: Estos son los que no amancillaron su carne con mugeres; mas permanecieron vírgines: y estos siguen al Cordero por donde quiera que va. Y porque en este mundo se aventajaron sobre los otros hombres en parecerse con Christo en la pureza virginal; por esto en el otro se llegarán á él mas familiarmente, y singularmente se deleytarán de la limpieza de sus cuerpos.

Y no solo hace esta virtud á los que la tienen semejantes á Christo, mas hácelos tambien templos vivos del Espíritu Santo; porque aquel Divino Espíritu, amor de la limpieza, asi como uno de los vicios que mas huye, es la deshonestidad; asi en ninguna parte mas alegremente reposa que en las ánimas puras y limpias.

Por lo qual el Hijo de Dios, concebido por el Espíritu Santo, tanto amó y honró la virginidad, que por ella hizo un tan gran milagro como fué nacer de madre vírgen.

Mas tú, ya que perdiste la virginidad; á lo menos despues del naufragio teme los peligros que ya experimentaste. Y ya que no quisiste guardar entero el bien de naturaleza; siquiera despues de quebrado le repara, y tornándote á Dios despues del pecado, tanto mas diligentemente te ocupa en buenas obras, quanto por las malas que has hecho te conoces por mas merecedor de castigo.

Porque muchas veces acontece (como dice San Gregorio, Lib. 8. Mor. c. 16.) que despues de la culpa se hace mas ferviente el ánima: la qual en el estado de la inocencia estaba mas floxa y descuidada. Y pues Dios te guardó, habiendo cometido tantos males, no hagas ahora por donde pagues lo presente y lo pasado, y sea el postrer yerro peor que el primero.

Pues con estas y otras semejantes consideraciones debe el hombre estar apercebido y armado contra este vicio: y esta sea la primera manera de remedios que damos contra él.

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