ETIKA E

Fray Luis de Granada
Meditaciones y oraciones

www.etika.com
17-12-2009

18B3M10B

Meditaciones para el miércoles en la noche. Del horror de la sepultura, y temor de la suerte que nos ha de caber

Valencia 1851.

Meditaciones sobre los principales misterios
de nuestra Santa Fe, y doctrina para la oración.
Por el V. P. M. Fr. Luis de Granada,
del sagrado Orden de Predicadores.
Valencia. Imprenta de D. Agustin Laborda. Año de 1851. Páginas 164-170.
Con aprobación y licencia de la Autoridad Eclesiástica de esta diócesis.

Fray Luis de Granada: Libro de la oración y meditación.
Segunda edición. Ediciones Palabra, S. A., Madrid, 1979.

Meditaciones para el miércoles en la noche.

Tratado de la consideración de la muerte
donde se trata más extenso la meditación pasada.

Capítulo décimo.

Párrafo segundo.

Del horror de la sepultura, y temor de la suerte que nos ha de caber

Después de esto, luego naturalmente se le representa al hombre en lo que ha de parar su cuerpo después que el alma se aparte de él. Vé pues, que la mejor suerte que le puede caber, no es s que una pequeña sepultura. Maravíllase de tan baja suerte como esta; porque considerando por una parte la estima en que él tea su cuerpo, y viendo por otra a cuán bajo y miserable lugar ha de venir a parar, no acaba de admirarse (maravillarse) de esto.

·       Mira cuán estrecha es aquella casa que se le apareja en la tierra, cuán oscura, cuán hedionda, cuán acompañada de gusanos, de huesos y calaveras de muertos, y cuán horrible n de sólo mirar a los vivos; y cómo vé que aquel cuerpo a quien él solía tratar con tanto regalo, y aquel vientre a quien él tea por su Dios, y aquel paladar a cuyos deleites servían el mar y la tierra, y aquella carne para quien se tejía el oro y la seda y se prevenía la cama blanda y regalada, ha de ser echada en tan miserable muladar, y allí ha de ser pisada y comida de gusanos, y allí ha de venir a tener la misma figura 'que tiene un rocín que se muere por esos campos, que el caminante se tapa las narices y se da prisa a andar por no olerlo:

·       cuando todo esto considera, y vé que a la cama blanda sucede la tierra dura, a la vestidura preciosa la pobre mortaja, a los suaves olores la podre y la hediondéz, y en lugar de tantos manjares y servidores ha de haber tantos gusanos y comedores, no puede, si aln juicio tiene, dejar de maravillarse, viendo a cuán baja suerte desciende tal noble naturaleza, y con quien es igualado en aquella hora el que con tanta desigualdad vivía en la vida.

Sé es de sabios admirarse (maravillarse), y la costumbre de cada día quita a las cosas grandes su admiración; y con todo esto se maravillaba aquel gran sabio de esta miseria, aunque tan cotidiana y tan usada, cuando decía:

Si de una manera muere el hombre y la bestia, ¿qué me aprovecha haber trabajado más en buscar la sabiduría?

Si el cuerpo en este apartamiento viniera a parar en algo que fuera de precio o de provecho, pareciera esto alguna manera de consuelo; pero es de admirar venga a parar una tan excelente criatura en la más deshonrada y abominable cosa del mundo. Esta es aquella gran miseria de que con mucha razón se maravillaba el santo Job cuando decia:

El árbol, después de cortado, tiene esperanza de revivir y volver a reverdecer; y si envejeciere en la tierra su raiz y el tronco estuviese muerto en el polvo, con la frescura del agua vuelve a reverdecer y a criar hojas, como cuando de nuevo fue plantado; mas el hombre despues de muerto, despojado y consumido, ¿ruegote que me digas dónde está?

Grande fue sin duda el tributo que se car sobre los hijos de Adán por el pecado. Bien entendió aquel eterno Juez la penitencia que daba al hombre, cuando dijo:

Polvo eres y en polvo te volverás.

Mas no es ésta la mayor causa que hay allí para temer; mucho más es, cuando el alma tiene los ojos delante, comienza a pensar los peligros de la otra vida, y se pone a imaginar lo que adelante será: porque esto es ya como alejarse de la lengua del agua y meterse en alta mar, donde no se vé sino cielo y agua por todas partes, que para los nuevos navegantes suele ser causa de mayor temor; porque cuando el hombre mira aquella eternidad de siglos que sigue despues de la muerte, y aquella nueva región no conocida ni hallada de los vivos, por donde ya quiere comenzar a caminar, y aquella gloria o pena perdurable que allí le ha de caber, y ver adonde quiera que el madero cayere, allí esta para siempre, y no sabe hácia cuál de las dos partes ha de caer, no puede dejar de tener aquí grande turbación.

Estaba Benadab (Benadad, Benabad), rey de Siria, enfermo, y dábale tanta pena el no saber si habia de morir de aquella enfermedad o no, que envió al príncipe de su ejército con cuarenta camellos cargados de riquezas al profeta Eliseo, pidiéndole con palabras de grande humildad, que lo sacase de aquella perplejidad en que estaba, haciéndole saber de cierto, si sanaría de aquella enfermedad o no.

Pues si en tan grande cuidado pone a un hombre el amor de una vida tan breve como esta, ¿qué será el que tendrá un sabio cuando se vea en tal paso, que pueda decir con verdad:

De aquí a dos horas me darán una de dos cosas: O vida para siempre o muerte para siempre, y no de cierto cuál de estas dos ha de ser.

¿Qué martirio puede ser igual a esta congoja? Dime: Si un Rey estuviese preso en tierra de infieles (turcos), y yendo sus embajadores a rescatarlo, concertasen los enemigos que aquel negocio se determinase por suertes; y que si le cupiese buena suerte, fuese rescatado y llevado por sus embajadores a su reino; y si lo contrario, que luego fuese echado en una grande hoguera que ya ardiese allí delante de él; dime, cuándo estuviesen ya echando las suertes, cuando ya metiendo la mano en el cántaro, todo el mundo suspenso, aguardando lo que saldría, y el mismo Rey presente esperando aquella dudosa fortuna que le había de caber; ¿cuál te parece que estaa? ¿cuán turbado? ¿cuán temeroso? ¿y cuán pronto para prometer y ofrecer a Dios todo lo posible, por salir bien de aquel trabajo?

Pues, ¿qué es todo esto, por mucho que sea, sino una sombra, si se compara con el peligro de que hablamos? ¿cuánto mayor es el reino que nosotros pretendemos? ¿y cuánto más penosa la perplejidad de este negocio?

·       Pues por una parte nos estarán aguardando los ángeles para llevarnos al reino del cielo; por otra los demonios para echarnos en la hoguera del infierno; y nadie sabe cuál de estas dos suertes de allí a una hora le ha de caber.

Mira pues cuál estará tu corazón en este paso, cuán temeroso, cuán humilde, cuán derribado ante aquel, que lo puede sacarte de este peligro. No me parece que haya lengua en el mundo, que pueda declarar esto como es.

En lengua alemana – Deutscher Text - Index E18B - Index espanol