ETIKA E

Fray Luis de Granada
Meditaciones y oraciones

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26-1-2010

18B3M10D

Meditaciones para el miércoles en la noche. De la extrema-unción, y agonía de la muerte

Valencia 1851.

Meditaciones sobre los principales misterios
de nuestra Santa Fe, y doctrina para la oración.
Por el V. P. M. Fr. Luis de Granada,
del sagrado Orden de Predicadores.
Valencia. Imprenta de D. Agustin Laborda. Año de 1851. Páginas 179-184.
Con aprobación y licencia de la Autoridad Eclesiástica de esta diócesis.

Fray Luis de Granada: Libro de la oración y meditación.
Segunda edición. Ediciones Palabra, S. A., Madrid, 1979.

Meditaciones para el miércoles en la noche.

Tratado de la consideración de la muerte
donde se trata más extenso la meditación pasada.

Capítulo décimo.

De la extrema-unción, y agonía de la muerte

Llegada ya la enfermedad a lo postrero, comienza la Iglesia a ayudar a sus hijos con oraciones y Sacramentos, y con todo lo que puede; y porque la necesidad es tan grande, pues en aquel punto se ha de determinar lo que para siempre ha de ser, dase prisa a llamar a todos los Santos, para que todos le ayuden en tan gran peligro. ¿Qué otra cosa es aquella letanía que allí se manda rezar sobre el que muere, sino que la Iglesia, como piadosa madre, congojada por el peligro de su hijo, llama a todas las puertas del cielo, y da voces a todos los Santos, para echarlos por rogadores ante el acatamiento divino por la salud de aquel necesitado?

Luego el sacerdote unge todos los sentidos y miembros del doliente con aquel sagrado oleo, pidiendo a Dios le perdone todo lo que pecó con cualquiera de ellos. Así ungiendo los ojos, dice:

Por esta unción, y por su divina misericordia, te perdone Dios todo lo que pecaste con la vista;

y de esta manera unge todos los demás. Pues si el pecador miserable ha sido suelto de la vista o de la lengua, o de alguno de los otros sentidos, y se le representan en aquella hora todas estas solturas pasadas, y ve el poco fruto que le queda, y el aprieto en que se ve por ellas, ¿cómo podrá dejar de sentir entrañable dolor? ¿qué diera por nunca haber alzado los ojos del suelo, ni haber abierto la boca para hablar palabra mala?

Tras de esto llega la agonía de la muerte, que es la mayor de las batallas de la vida, cuando ya encienden la candela y comienzan a prevenir (aparejar) el hábito o la mortaja: y dicen al doliente, que es llegada ya la hora de la partida, que trate de encomendarse a Dios y a su bendita Madre, que suele socorrer en aquella hora a los que la llaman cuando ya comienzan a sonar en los oídos del enfermo los gritos y gemidos de la pobre mujer que presiente los daños de la nueva viudez y soledad: cuando ya comienza a despedirse el alma de las carnes, y a este tiempo, cada uno de los miembros hace sentimiento por su salida: entonces es cuando está ella batallando y agonizando, no tanto por la salida, cuanto por la hora de la cuenta, que se le va acercando. Aquí es el temer y temblar, aun de los más esforzados.

Estando en este paso el bienaventurado Hilarión, comenzó a temblar y rehusar la salida, y el santo varón esforzábase, diciendo:

Sal fuera, alma, sal fuera: ¿de qué temes? setenta años ha que sirves a Cristo, ¿y aún temes la muerte?

Pues si temía esta salida quien tantos años había servido a Cristo, ¿qué hará quien por ventura hace otros tantos le ofende? ¿a dónde irá? ¿a quién llamará? ¿qué consejo tomará? ¡O si pudiesen los hombres entender hasta donde llega esta perplejidad y congoja!

Ruégote imagines ahora, qué tal estaría el corazón del patriarca Isaac, cuando su padre le tenía sobre la leña (Genes. 22.) atado de pies y manos para sacrificarle. Encima de sí veía relucir el cuchillo del padre: debajo de sí veía arder la llama del fuego: los mozos que le pudieran socorrer habíanse quedado a la subida dei monte; él estaba atado de pies y manos para no poder huir, ni defenderse: pues, ¿qué tal estaría entonces el corazón de este santo mozo, cuando así se viese?

Pues mucho más apretada estará el alma del malo en esta hora, porque a ninguna parte volverá los ojos, que no vea causas de turbación y de temor.

Si mira hácia arriba, ve la espada de la divina justicia, que le está amenazando; si mira hácia abajo ve la sepultura abierta, que le está esperando; si mira dentro de sí, ve la conciencia, que le está remordiendo; si mira alrededor, barrunta que están allí los ángeles y los demonios aguardando, y esperando cada una de las partes a quien ha de caber la presa.

Si vuelve los ojos hácia atrás, ve como ya los criados, los parientes y los bienes de esta vida, que se quedan acá, no son parte para socorrerle; pues él solo sale de esta vida, y todo lo demás se queda en ella. Finalmente, si despues de todo esto vuelve los ojos hácia dentro, y mira a sí mismo, espántase de verse, y si posible fuese, querría huir de sí.

·       Salir del cuerpo, le es intolerable; quedarse en él, es imposible; dilatar la salida, no le es concedido.

·       Lo pasado le parecerá un soplo, y  lo venidero como ello es, parece infinito.

Pues ¿qué hará el miserable, cercado de tantas angustias? ¡O locura y ceguedad de los hijos de Adán, que para tal trance no se quieren con tiempo prevenir!

En lengua alemana – Deutscher Text - Index E18B - Index espanol