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Fray Luis de Granada
Meditaciones y oraciones

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6-3-2010

18B3M12B

Meditaciones para el jueves en la noche. Tratado de la consideración del juicio final.

Valencia 1851.

Meditaciones sobre los principales misterios
de nuestra Santa Fe, y doctrina para la oración.
Por el V. P. M. Fr. Luis de Granada,
del sagrado Orden de Predicadores.
Valencia. Imprenta de D. Agustin Laborda. Año de 1851. Páginas 214-221.
Con aprobación y licencia de la Autoridad Eclesiástica de esta diócesis.

Fray Luis de Granada: Libro de la oración y meditación.
Segunda edición. Ediciones Palabra, S. A., Madrid, 1979.

Meditaciones para el jueves en la noche.

Tratado de la consideración del juicio final
donde se expresa más por extenso la meditación pasada.

Capítulo doce.

Párrafo segundo.

De las señales que precederán al día del postrero juicio.

Finalmente, si quieres  saber cuál será este día, párate a considerar las señales que le precederán: porque por las señales conocerás lo señalado: y por la víspera y vigilia, la fiesta del día.

Primeramente aquel día cuando haya de ser, nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo, ni el hijo para haberlo de revelar a nadie, sino sólo el Padre. Mas todavía precederán antes de él algunas señales por las cuales puedan pronosticar los hombres, no sólo la vecindad de este día, sino también la grandeza de él. Porque, como dice el Salvador, primero que este día venga, habrá grandes guerras y movimientos en el mundo: se levantarán gentes contra gentes, y reinos contra reinos, habrá grandes temblores de tierra en muchas partes, pestes, hambres, y cosas espantosas, que parecerán en el aire, con otras grandes señales y maravillas.

Sobre todos estos males vendrá aquella persecución, tantas veces anunciada, del mayor perseguidor de cuantos ha tenido la Iglesia, que es el Anticristo; el cual, non sólo con armas y tormentos horribles, sino también con milagros aparentes, y fingidos, hará la mas cruel guerra contra la Iglesia que jamás se hizo.

Piensa, pues, ahora tú, como dice San Gerónimo, qué tiempo será aquel, cuando el piadoso mártir ofrecerá sus miembros al verdugo, y el verdugo hará milagros delante de él. Finalmente, será tan grande la tribulación de estos días, dice el Salvador, cual nunca fue desde el principio del mundo, ni jamás será. Y si no pluguiese a la misericordia de Dios, que se abreviasen estos días, no se salvaría en ellos toda carne. Mas por amor de los escogidos se abreviarán.

Después de estas señales, habrá otras más espantosas y más vecinas a este día, las cuales parecerán en el sol, en la luna y en las estrellas; de las cuales, dice el Señor por Ezequiel:

“Haré que se oscurezcan sobre tí las estrellas del cielo, y cubriré el sol con una nube, y la luna no resplandecerá con su luz, y a todas las lumbreras del cielo haré que se entristezcan y hagan llanto sobre tí, y enviaré tinieblas sobre toda tu tierra.”

Pues habiendo tan grandes señales y alteraciones en el cielo, ¿qué se espera que hará en la tierra, pues toda se gobierna por él? Vemos, cuando en una república se envuelven las cabezas que la gobiernan, que todos los otros miembros de ella se revuelven y desconciertan, y que toda ella hierve en disensiones. Pues si todo el mundo se gobierna por las virtudes del cielo, estando tan alteradas y fuera de su órden natural, ¿qué tales estarán todos los miembros y partes de él? Así estará el aire lleno de relámpagos, torbellinos y cometas encendidos.

La tierra estará llena de aberturas y temblores espantosos: los cuales se cree que serán tan grandes, que bastarán para derribar, no sólo las casas fuertes, las torres soberbias, mas aun hasta los montes y peñas se arrancarán y trastornarán de sus lugares.

Mas la mar sobre todos los elementos se embravecerá, y serán tan altas sus olas y tan furiosas, que parecerá que han de cubrir toda la tierra: a los vecinos espantarán con sus crecientes, a los distantes con sus bramidos, los cuales serán tales, que de muchas leguas se oirán.

¿Cuáles andarán entonces los hombres? ¿cuán atónitos, cuán confusos, cuán perdido el sentido, el habla y el gusto de todas las cosas? Dice el Salvador, que se verán entonces las gentes en grande aprieto, y que andarán los hombres secos y ahilados de muerte, por temor grande de las cosas que han de sobrevenir al mundo.

¿Qué es esto, dirán, qué significan estos pronósticos? ¿en qué ha de venir a parar esta prenéz del mundo? ¿en qué han de parar estos tan grandes remolinos y mudanzas de todas las cosas? Pues así andarán los hombres espantados y desmayados, caídas las alas del corazón y los brazos, mirándose los unos a los otros; y se espantarán tanto de verse tan desfigurados, que esto sólo bastará para hacerlos desmayar, aunque no hubiese más que temer.

Cesarán todos los oficios y grangerías, y con ellos el estudio y la codicia de adquirir, porque la grandeza del temor traerá tan ocupados sus corazones, que no sólo se olvidarán de estas cosas, sino también del comer y del beber, y de todo lo necesario para la vida.

Todo el cuidado será andar a buscar lugares seguros para defenderse de los temblores de la tierra, tempestades del aire y crecientes del mar: así los hombres se irán a meter en las cuevas de las fieras, y las fieras se vendrán a guarecer en las casas de los hombres; andando todas las cosas revueltas y llenas de confusión.

Les afligirán los males presentes, y mucho más el temor de los venideros, porque no sabrán en qué fines hayan de parar tan dolorosos principios. Faltan palabras para encarecer este negocio, y todo lo que se dice es menos de lo que será.

Vemos ahora que cuando en el mar se levanta alguna brava tormenta, o cuando en la tierra sobreviene algún grande torbellino o terremoto, cómo andan los hombres, cuán medrosos, cuán cortados y cuán pobres de esfuerzo y de consejo; pues cuando entonces el cielo y la tierra, el mar y el aire ande todo revuelto, y en las regiones y elementos del mundo haya su propia tormenta; cuando el sol amanezca con luto, y la luna con sangre, y las estrellas con sus caídas, ¿quién comerá? ¿quién dormirá? ¿quién tendrá un solo punto de reposo en medio de tantas tormentas? ¡O desdichada suerte de los malos, a cuya cabeza amenazan todos estos pronósticos!

Bienaventurada la de los buenos, para quienes todas estas cosas son favores y regalos, y buenos anuncios de la prosperidad que les ha de venir. Cuán alegremente cantarán entonces con el Profeta: (Psalm. 45.)

“Dios es nuestro refugio y nuestra firmeza; y por esto no temeremos, aunque se trastorne la tierra, y se arranquen los montes y vengan a caer en el corazón del mar.”

Así como entendéis - dice el Salvador - que cuando la higuera y todos los árboles comienzan a florecer y dar fruto, se llega ya el verano; así cuando viéredeis estas cosas, sabed que se acerca el reino de Dios.

Entonces podréis abrir los ojos y levantar la cabeza, porque se llega el día de vuestra redención. ¡Cuán alegre estará entonces el bueno, y por cuán bien empleados dará todos sus trabajos! Y por el contrario, ¡cuán arrepentido el malo y por cuán condenados tendrá todos sus pasos y caminos!

En lengua alemana – Deutscher Text - Index E18B - Index espanol