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Fray Luis de Granada
Meditaciones y oraciones

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16-3-2010

18B3M12C

Meditaciones para el jueves en la noche. Tratado de la consideración del juicio final.

Valencia 1851.

Meditaciones sobre los principales misterios
de nuestra Santa Fe, y doctrina para la oración.
Por el V. P. M. Fr. Luis de Granada,
del sagrado Orden de Predicadores.
Valencia. Imprenta de D. Agustin Laborda. Año de 1851. Páginas 221-227.
Con aprobación y licencia de la Autoridad Eclesiástica de esta diócesis.

Fray Luis de Granada: Libro de la oración y meditación.
Segunda edición. Ediciones Palabra, S. A., Madrid, 1979.

Meditaciones para el jueves en la noche.

Tratado de la consideración del juicio final
donde se expresa más por extenso la meditación pasada.

Capítulo doce.

Párrafo tercero.

Del fin del mundo, y de la resurrección de los muertos.

Después de todas estas señales, se acerca ya la venida del Juez, delante del cual vendrá un diluvio universal de fuego, que abrase y vuelva en ceniza toda la gloria del mundo. Este fuego, a los malos será comienzo de sus penas, y a los buenos principio de su gloria, y a los que algo tuvieren que pagar, purgatorio de su culpa. Aquí fenecerá toda la gloria del mundo, aquí espirará el movimiento de los cielos, el curso de los planetas, la generación de las cosas, la variedad de los tiempos, con todo lo demás que de los cielos depende.

Y así escribe San Juan en el Apocalípsis, que vió un Ángel poderoso vestido de una nube resplandeciente, el cual tenía el rostro como el sol, y el arco del cielo por corona en su cabeza, y los pies como columnas de fuego; de los cuales el uno tenía puesto sobre el mar y el otro sobre la tierra; y este Ángel, dice, que levantó el brazo al cielo, y juró por el que vive en los siglos de los siglos, que de ahí adelante no habría más tiempo; es a saber, ni movimiento de los cielos, ni cosa que se gobierne por ellos, y lo que más es ni lugar de penitencia, ni mérito, ni demérito para la otra vida.

Después de este fuego vendrá, como dice el Apóstol, un Arcángel con grande poder y majestad, y tocará una trompeta, que es una grande y espantosa voz, que sonará por todas las partes del mundo: con la cual convocará todas las gentes a juicio. Esta es aquella temerosa voz de que dice San Gerónimo:

“Ora coma, ora beba, siempre parece que me está sonando a las orejas aquella voz, que dirá: levantáos, muertos, y venid a juicio.”

¿Quién apelará de esta citación? ¿Quién podrá rehusar este juicio? ¿quién no temblará al sonido de esta voz? Esta voz quitará a la muerte todos sus despojos, y le hará restituír todo lo que tiene tomado al mundo. Y así dice San Juan, (Apocalypsis, 30.) que allí el mar entregará los muertos que tenía; y asimismo la muerte y el infierno entregarán los que tenían. Pues ¿qué cosa será ver allí parir al mar y a la tierra por todas partes tantas diferencias de cuerpos, y ver concurrir en uno tantos ejércitos, tantas suertes y maneras de naciones y gentes?

Allí estarán los Alejandros, allí los Jerjes y Artajerjes, allí los Daríos, los Césares de los romanos, y los Reyes poderosísimos con otro hábito y otro brío, y con otros pensamientos muy diferentes de los que en este mundo tuvieron, y allí finalmente se juntarán todos los hijos de Adán, para que dé cada uno razón de sí y sea juzgado según sus obras.

Mas aunque todos resuciten para nunca más morir, será grande la diferencia que habrá entre cuerpos y cuerpos, porque los cuerpos de los justos resucitarán hermosos y resplandecientes como el sol; y los de los malos, oscuros y feos como la misma muerte.

Pues ¿qué alegría será entonces para las almas de los justos ver del todo ya cumplido su deseo, y verse juntos los hermanos tan queridos y tan amados al cabo de tan largo destierro? ¿Cómo podrá entonces decir el alma a su cuerpo: o cuerpo mío y fiel compañero mío, que así me ayudaste a ganar esta corona; que tantas veces conmigo ayunaste, velaste, sufriste el golpe de la disciplina, el trabajo de la pobreza, la cruz de la penitencia y las contradicciones del mundo! ¡cuántas veces te quitaste el pan de la boca para dar al pobre! ¡cuántas quedaste desabrigado por vestir al desnudo! ¡cuántas renunciaste y perdiste tu derecho, por no perder la paz con el prójimo! Pues justo es que te quede ahora parte de esta hacienda, pues me ayudaste a ganarla, y que seas compañero de mi gloria, pues también lo fuiste de mis trabajos.

Allí pues se juntarán en un punto los dos fieles amigos, no ya con apetitos y pareceres contrarios, sino con liga de perpétua paz y conformidad, para que eternamente puedan cantar y decir: mirad cuán buena cosa es y cuán alegre morar ya dos hermanos en uno.

Mas por el contrario, ¡qué tristeza sentirá el alma del condenado, cuando vea su cuerpo tal, cual allí se le ofrecerá oscuro, sucio, hediondo y abominable!

¡O malaventurado cuerpo, dirá ella, o principio y fin de mis dolores; o causa de mi condenación, o no ya compañero, sino enemigo; no ayudador, sino perseguidor; no morada, sino cadena y lazo de mi perdición! ¡o gusto malaventurado, y qué caros me cuestan ahora tus regalos! io carne hedionda, a qué tales tormentos me has traído con tus deleites!

¿Este es el cuerpo por quien yo pequé? ¿de éste eran los deleites por quien yo me perdí? ¿por este muladar podrido perdí el reíno de los cielos? ¿por este vil y sucio tronco perdí el fruto de la vida perdurable?

¡O furias infernales, levantáos ahora contra mí y despedazadme, que yo merezco este castigo! ¡o malaventurado el día de mi desastrado nacimiento, pues tal hubo de ser mi suerte, que pagase con eternos tormentos tan breves y momentáneos deleites!

Estas y otras más desesperadas palabras dirá la desventurada alma a aquel cuerpo, que en este mundo tanto amó. Pues dime ahora, alma miserable: ¿por qué tanto aborreces lo que tanto amaste? ¿no era esta carne tu querida? ¿no era este vientre tu Dios? ¿no era este rostro el que curabas, y guardabas del sol y aire, y pintabas con artificiosos colores? ¿no eran estos los brazos y los dedos que resplandecían con oro y diamantes? ¿no era este el cuerpo a quien servía el mar y la tierra, para tenerle la mesa delicada, la cama blanda y la vestidura preciosa?

Pues ¿quién ha trocado tu afición? ¿quién ha hecho tan aborrecible lo que antes era tan amable? Mirad aquí, pues, hermanos, en qué para la gloria del mundo con todos los deleites y regalos del cuerpo.

En lengua alemana – Deutscher Text - Index E18B - Index espanol