ETIKA E

Fray Luis de Granada
Meditaciones y oraciones

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4-6-2013

18B3M14

Las penas del infierno

Valencia 1851

 

Meditaciones sobre los principales misterios
de nuestra Santa Fe, y doctrina para la oración.
Por el V. P. M. Fr. Luis de Granada,
del sagrado Orden de Predicadores.
Valencia. Imprenta de D. Agustin Laborda. Año de 1851. Páginas 249-252.
Con aprobación y licencia de la Autoridad Eclesiástica de esta diócesis.

 

Fray Luis de Granada: Libro de la oración y meditación.
Segunda edición. Ediciones Palabra, S. A., Madrid, 1979.

 

Meditaciones para el viernes por la noche

Tratado de la consideración de las penas del infierno, donde se expresa más por extenso la meditación pasada.

Capítulo catorce.

De las cosas para que ayuda en gran manera la consideración de las penas del infierno.

 

La consideración de las penas del infierno es en gran manera provechosa por muchas cosas: lo primero, para movernos a los trabajos y asperezas de la penitencia, como se movía el bienaventurado San Gerónimo, el cual dice de sí mismo, que por el gran miedo que habia concebido de las penas del infierno, se había condenado a hacer tan áspera penitencia, como él allí describe que hacía morando en el desierto.

Aprovecha también, como dice Ricardo, para vencer las tentaciones del enemigo, cuando a la primera entrada del mal pensamiento ponemos luego delante el horror de estas penas, y apagamos la llama del deleite antes que arda, con la memoria de las llamas que para siempre arderán.

Conforme a esto se escribe de uno de aquellos padres del yermo, que siendo una vez tentado del enemigo con un mal pensamiento, puso la mano sobre unas brasas de fuego, para ver si podría sufrir aquel poco de calor; y como no lo pudiese sufrir, volvióse contra sí mismo, y dijo: Si no puedo sufrir este poco de calor por un espacio tan breve, ¿cómo podré sufrir el fuego del infierno por espacio tan largo?

Aprovecha también esta consideración para despertar en nuestros corazones el temor de Dios, el cual es principio de la sabiduría y comienzo de la caridad; y despues de ella, es el mayor freno que podemos tener para todo lo malo.

Y sobre todo esto aprovecha, grandemente para tener el pecador visto el miserable galardón, que por él se da, que es la muerte perdurable. Por lo que es mucho de maravillar, como los que esto creen y confiesan, osan cometer un pecado contra Dios.

Dos grandes maravillas han acaecido en el mundo en este género de cosas: la una que habiendo nuestro Salvador hecho tantos milagros entre los hombres, como hizo, hubiere muchos que no le quisiesen creer; y la otra, que despues de haberlo ya creído, haya tantos que le osen ofender.

Maravillosa cosa fue, por cierto, que habiendo el Señor hecho tan gran milagro entre otros, como fue resucitar a Lázaro de cuatro días muerto, que muchos de los que allí se hallaron presentes no quisieron creer en él; y maravilla es también que habiendo los hombres ya creído por su predicación, que hay pena y gloria para siempre, haya tantos que le osen ofender. Admirable cosa es ver después de tantos milagros tal infidelidad; y admirable es también ver después de tal fe, tales costumbres.

Mas porque esto más viene por la falta de consideración que de fe, por tanto es muy provechoso ejercicio considerar esto que nos dice la fe, para que entendida la gravedad de la pena, vivamos con mayor temor de la culpa, por la cual se merece tanta pena.