ETIKA E

Fray Luis de Granada
Meditaciones y oraciones

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22-5-2005

18B3M16

Tratado de la consideración de la gloria del paraíso

Valencia 1851.

 

El lugar del paraíso
La compañía de los Santos
La visión de Dios
La gloria del cuerpo
La duración de la eternidad

Meditaciones sobre los principales misterios
de nuestra Santa Fe, y doctrina para la oración.
Por el V. P. M. Fr. Luis de Granada,
del sagrado Orden de Predicadores.
Valencia. Imprenta de D. Agustin Laborda. Año de 1851. Páginas 289 - 316
Con aprobación y licencia de la Autoridad Eclesiástica de esta diócesis.

 

Fray Luis de Granada: Libro de la oración y meditación.
Segunda edición. Ediciones Palabra, S. A., Madrid, 1979.

 

Tratado de la consideración de la gloria del paraíso
donde se expresa más por extenso la meditación pasada.

Capítulo diez y seis.

De lo que ayuda la meditación de la bienaventuranza de la gloria para animarnos a todos los trabajos que se han de pasar por ella.

 

1 . Una de las cosas en que más convendría tener siempre los ojos puestos en este valle de lágrimas, es la bienaventuranza de la gloria, porque esta sola consideración bastaría para animarnos a todos los trabajos que se han de pasar por ella. Cuando prometió Dios al patriarca Abraham la tierra de promisión, mandóle que la anduviese y rodease toda, diciendo:

 

"Levántate, y pasea toda esta tierra en ancho y largo, y mírala por todas partes, porque a tí la tengo que dar."

 

Levántate, pues, ahora, alma mía, a lo alto, dejados acá abajo todos los cuidados y negocios terrenos, y vuela con alas de espíritu a aquella noble tierra de promisión, y mira con atención la longura de su eternidad, la anchura de su felicidad y la grandeza de sus riquezas, con todo lo demás que hay en ella.

 

2. De la Reina de Sabá se escribe (1 Reyes 10,1) que oída la fama de Salomón, fue a Jerusalén para ver las grandezas y maravillas que de aquel Rey se decían. Y pues no es menor la fama de aquella celestial Jerusalén, y de aquel sumo Rey que la gobierna, sube tú ahora con el espíritu a esta noble ciudad a contemplar la sabiduría de este Rey soberano, la hermosura de este templo, el servicio de esta mesa, las órdenes de los que la sirven y las libreas de los criados, y la policía y gloria de esta noble ciudad.

Porque si sabes mirar cada cosa de estas, por ventura será tu espíritu levantado sobre sí, y conocerás que ni aun la más pequeña parte de esta gloria te ha sido denunciada. Mas para esto es menester especial lumbre de Dios, como lo significó el Apóstol (Ephes. 1,17) cuando dijo:

 

"Suplico a aquel Dios de la gloria y Padre de Nuestro Señor, os dé espíritu de sabiduría, y alumbre los ojos de vuestro corazón, para que conozcáis, que tan grande sea la esperanza de vuestro llamamiento y las riquezas de aquella heredad y gloria que él tiene preparada para los Santos."

 

3. Y aunque en esta gloria hay muchas cosas que contemplar, más particularmente puedes tú ahora considerar estas cinco más principales, que dijimos, conviene a saber: la excelencia del lugar, el gozo de la compañía, la visión de Dios, la gloria de los cuerpos, y la duración y eternidad de todos estos bienes tan grandes.

 

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