ETIKA E

Fray Luis de Granada
Meditaciones y oraciones

www.etika.com
6-6-2005

18B3M16E

La gloria del Paraíso:
La duración de la eternidad

Valencia 1851

 

Meditaciones sobre los principales misterios de nuestra Santa Fe, y doctrina para la oración.
Por el V. P. M. Fr. Luis de Granada, del sagrado Orden de Predicadores.
Valencia. Imprenta de D. Agustin Laborda. Año de 1851. Páginas 315 - 316.
Con aprobación y licencia de la Autoridad Eclesiástica de esta diócesis.

 

Fray Luis de Granada: Libro de la oración y meditación.
Segunda edición. Ediciones Palabra, S. A., Madrid, 1979. Página 182.

 

Tratado de la consideración de la gloria del paraíso
donde se expresa más por extenso la meditación pasada.

Capítulo diez y seis.

De lo que ayuda la meditación de la bienaventuranza de la gloria para animarnos a todos los trabajos que se han de pasar por ella.
Párrafo quinto.
Del quinto gozo que es la duración de la
eternidad de la bienaventuranza.

20. Veamos ahora por qué espacio se concede esta bienaventuranza tan grande. Esto es lo que debía bastar para hacernos andar dando voces y llamando a todos los trabajos que lloviesen sobre nosotros, para servir y agradar a quien tan largas mercedes nos ha de hacer.

 

Durará este galardon tantos millares de años cuantas estrellas hay en el cielo, y mucho mas. Durará tantos centenares de millares de años, cuantas gotas de agua han caído sobre la tierra, y mucho más.

 

Durará, finalmente, mientras dure Dios, que será por los siglos de los siglos; porque escrito está:

“El Señor reinará para siempre, y más.”

Y en otro lugar (Psalm. 144 y 145; 145,10; 144,13):

“Tu reino es reino de todos los siglos, y tu señorío de generación en generación.”

 

21. Pues, ¡ o Padre de misericordia y Dios de toda consolación! Suplícote, Señor, por las entrañas de tu piedad, no sea yo privado de este soberano bien. Señor, Dios mío, que tuviste por bien criarme a tu imagen y semejanza, y hacerme capaz de tí, hinche este seno que tú criaste, pues lo criaste para tí.

 

·        Mi parte sea, Dios mío, en la tierra de los vivientes; no me des, Señor, en este mundo descanso ni riqueza; todo guárdamelo para allá.

 

No quiero heredar con los hijos de Ruben en la tierra de Galaad, y perder el derecho de la tierra de promisión. Una sola cosa pedí al Señor, y esta siempre buscaré: que more yo en la casa del Señor todos los días de mi vida.

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