ETIKA E

Fray Luis de Granada
Meditaciones y oraciones

www.etika.com
8-12-2009

18B3M8B

Meditaciones para el martes en la noche. De la brevedad de la vida.

Valencia 1851.

Meditaciones sobre los principales misterios
de nuestra Santa Fe, y doctrina para la oración.
Por el V. P. M. Fr. Luis de Granada,
del sagrado Orden de Predicadores.
Valencia. Imprenta de D. Agustin Laborda. Año de 1851. Páginas 97-104.
Con aprobación y licencia de la Autoridad Eclesiástica de esta diócesis. - Comparado con:

Fray Luis de Granada: Libro de la oración y meditación.
Segunda edición. Ediciones Palabra, S. A., Madrid, 1979.

Meditaciones para el martes en la noche.

Capítulo octavo.

TRATADO de la consideración de las miserias de la vida humana
en que se declara por más extenso la meditación pasada.

Párrafo segundo.
De las miserias y condiciones de la vida humana, y de la brevedad de ella.

Considera las miserias grandes de la vida humana, y principalmente estas siete: conviene a saber, cuán breve sea esta vida, cuán incierta, cuán frágil, cuán inconstante, cuán engañosa, y finalmente cuán miserable; y después el fin a que vienen a parar, que es la muerte.

Considera pues primeramente la brevedad de nuestra vida, en la cual pensaba el Santo Job, cuando decía:

“Breves son, Señor, los días del hombre; y el número de los meses que ha de vivir, to lo sabes.”

¿Qué es ahora setenta u ochenta años de vida? Pues ese es el común término de la vida de los hombres, que no se tienen por muy mal logrados, como lo significó el Profeta, cuando dijo (Psalm 68.):

“Los días del hombre, cuando mucho son setenta años; y si a más tirar llegan a ochenta; lo que de ahí se sigue todo es trabajo y dolor.”

Si quieres tomar esta cuenta por menudo y no así a carga cerrada, no me parece que debes contar de vida el tiempo de la niñez, y menos el que se pasa durmiendo; porque la vida de la niñez, cuando no ha venido aún el uso de la razón que nos hace hombres, no se puede llamar vida de hombres, sino de bestias, como es la de un cabritillo, que anda saltando: especialmente constándonos que en toda aquella edad, ni se aprende, ni se hace cosa digna de hombre.

Pues el tiempo que se duerme no veo yo como se puede llamar tiempo de vida; pues lo principal de la vida es usar de los sentidos y de la razón, y entonces, lo uno y lo otro está suspenso y como muerto.

Por donde dijo un filósofo, que de la mitad de la vida no había diferencia del feliz al infeliz; porque en el tiempo que se duerme todos los hombres son iguales, por estar entonces como muertos. Claro está que si un Rey estuviese cautivo por espacio de un año o dos, que no podríamos decir con verdad que aquel tiempo reinó, pues ni gozó del reino, ni lo gobernó.

Pero ¿cómo se podrá decir que el hombre vive cuando duerme; pues en todo este tiempo está suspenso el señorío y uso de la razón y de los sentidos, por quienes vivimos? Por esta causa un profeta llamó al sueño pariente de la muerte; y otro, hermano, por la semejanza que entendían haber entre lo uno y lo otro. Pues si tanta parte de la vida se duerme, ¿qué sará la que no se vive? Y si lo común es dormirse la tercera parte del día, que son ocho horas, aunque algunos haya que ni con esto se contentan, síguese por esta cuenta, que la tercera parte de la vida se duerme, y por consiguiente, que no se vive; porque por aquí veas cuán grande espacio de tan breve vida nos lleva el sueño de cada día. Pues hecha esta cuenta, que es la más exacta, ¿cuánto es lo que quedará de verdadera vida, aun a los muy vividores?

Por cierto muy gran razón tuvo aquel filósofo, que preguntado ¿qué le parecía de la vida del hombre? dió una vuelta delante de los que le preguntaban, y luego desapareció, dando a entender que no era más que sólo aquello nuestra vida.

No es más que una carrera de un apresurado cometa, que en un punto pasa y se consume, y de allí a poco, aun aquel rastro que dejó en pos de sí, desaparece: porque muy pocos días después de acabada la vida, se acaba también con ella la memoria, por muy resplandeciente que haya sido la persona.

Finalmente, parecía tan breve a muchos de aquellos sabios antiguos esta vida, que uno de ellos la llamó sueño, y otro, no contento con esto, la llamó sueño de sombra, pareciéndole que era mucho llamarla sueño de cosa verdadera, no siendo a su juicio más que sueño de cosa vana.

Pues si este poco que resta de vida lo comparamos con la vida venidera ¿cuándo menos aun parecerá? Muy bien dijo el Eclesiástico (Eccles. 8.): Los días del hombre, a más tirar, son cien años. Pues ¿qué es todo esto comparado con la eternidad, sino una gota de agua comparada con el mar? Y está clara la razón; porque si una estrella, que es mayor que toda la tierra, comparada con lo restante del cielo, parece tan pequeña, ¿qué parecerá la vida presente, que es tan breve, comparada con la venidera que no tiene cabo?

Y si como dicen los astrólogos, toda la tierra comparada con el cielo, no es más que un punto, porque la grandeza inestimable de los cielos la hace parecer tan pequeña, ¿qué parecerá ese soplo de vida tan breve, comparadao con la eternidad, que es infinita? Sin duda parecerá nada; porque si mil años delante de Dios son como el día de ayer, que ya pasó, ¿qué parecerán delante de él cien años de vida, sino nada?

Eso mismo parece a aquellos malaventurados, cuando hacen comparación de la vida que dejaron con la eternidad de los tormentos, que para siempre padecen, como ellos mismos lo confiesan en el libro de la Sabiduría, por estas palabras:

¿qué nos aprovechó nuestra soberbia y la pompa de nuestras riquezas? Pasáronse todas estas cosas, como sombra que vuela, y como correo de posta, o como navío que va por las aguas, que no deja rastro de su carrera, o como saeta arrojada a cierto lugar, que así como el aire se abrió y le hizo camino, luego se volvió a cerrar, sin que se supiese por donde pasó.

Así nosotros, luego en naciendo dejamos de ser, sin dejar rastro ni señal de ninguna virtud. Mira pues cuán breve les parecerá allí a los miserables todo el tiempo de esta vida, pues claramente confiesan que no vivieron, sino que en naciendo, luego en ese punto dejaron de ser.

·       Pues si esto es así, ¿qué locura mayor puede ser que por gozar este sueño momentáneo de tan vanos deleites, querer ir a padecer tormentos eternos?

Mas si tan breve es el plazo de esta vida y tan largo el de la otra, ¿qué locura es, proveyéndonos de tantas cosas para vida tan breve, no proveernos de algo para aquella tan larga? ¿qué locura sería, si determinándose un hombre a vivir en España, gastase todo cuanto tiene en comprar bienes raíces y edificar casas en Indias, y no se proveyese nada para la tierra donde se va a morar?

Pues tanto mayor es la de aquellos, que todo su caudal emplean en proveerse para esta vida, donde tan poco han de vivir, y ninguna cosa preparan para aquella, donde para siempre han de morar, especialmente teniendo tan grande proporción para trasladar a ella todos sus bienes por manos de pobres, como dijo el Sabio. (Eccles. 11.) “Echa tu pan sobre las aguas que corren, que después de mucho tiempo lo vendrás a hallar.”

En alemánDeutscher Text - Index E18B - Index espanol