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ETIKA E |
Fray Luis de Granada |
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18B3M8B |
Meditaciones para el martes en la noche. De la brevedad
de la vida. |
Valencia 1851. |
Meditaciones
sobre los principales misterios
de nuestra Santa Fe, y doctrina para la oración.
Por el V. P. M. Fr. Luis de Granada,
del sagrado
Orden de Predicadores.
Valencia. Imprenta de D. Agustin Laborda. Año de 1851. Páginas 97-104.
Con aprobación y licencia de la Autoridad Eclesiástica de esta diócesis. - Comparado con:
Fray Luis de Granada: Libro de la oración y meditación.
Segunda
edición. Ediciones Palabra, S. A., Madrid, 1979.
Meditaciones para el martes en la noche.
Capítulo octavo.
TRATADO de la consideración
de las miserias de la vida humana
en que se declara por más extenso la meditación pasada.
Párrafo
segundo.
De las miserias y condiciones de la vida
humana, y de la brevedad de ella.
Considera las miserias grandes de la vida humana, y principalmente estas
siete: conviene a saber, cuán breve sea esta vida, cuán incierta, cuán frágil,
cuán inconstante, cuán engañosa, y finalmente cuán miserable; y después el fin a que vienen a parar,
que es la muerte.
Considera pues primeramente la brevedad de nuestra vida, en la cual pensaba
el Santo Job, cuando decía:
“Breves son, Señor, los días
del hombre; y el número de los meses que ha de vivir, to lo sabes.”
¿Qué es ahora setenta
u ochenta años de vida? Pues ese es el común término de la vida de los
hombres, que no se tienen por muy mal logrados, como lo significó el Profeta,
cuando dijo (Psalm 68.):
“Los días del hombre, cuando mucho son setenta años; y si
a más tirar llegan a ochenta; lo que de ahí se sigue todo es trabajo y dolor.”
Si quieres tomar esta cuenta por menudo y no así a
carga cerrada, no me parece que debes contar de vida el tiempo de la niñez, y menos el que se pasa
durmiendo; porque la vida de la niñez, cuando no ha venido aún el uso de la
razón que nos hace hombres, no se puede llamar vida de hombres, sino de
bestias, como es la de un cabritillo, que anda saltando: especialmente
constándonos que en toda aquella edad, ni se aprende, ni se hace cosa digna de
hombre.
Pues el
tiempo que se duerme no veo yo como se puede llamar tiempo de vida; pues lo
principal de la vida es usar de los sentidos y de la razón, y entonces, lo uno
y lo otro está suspenso y como muerto.
Por donde dijo un filósofo, que de la mitad de la
vida no había diferencia del feliz al
infeliz; porque en el tiempo que se duerme todos los hombres son iguales,
por estar entonces como muertos. Claro está que si un Rey estuviese cautivo por
espacio de un año o dos, que no podríamos decir con verdad que aquel tiempo
reinó, pues ni gozó del reino, ni lo gobernó.
Pero ¿cómo se podrá decir que el hombre vive
cuando duerme; pues en todo este tiempo está suspenso el señorío y uso de la
razón y de los sentidos, por quienes vivimos? Por esta causa un profeta llamó
al sueño pariente de la muerte; y otro, hermano, por la semejanza que entendían
haber entre lo uno y lo otro. Pues si tanta parte de la vida se duerme, ¿qué
sará la que no se vive? Y si lo común es dormirse la tercera parte del día, que
son ocho horas, aunque algunos haya que ni con esto se contentan, síguese por
esta cuenta, que la tercera parte de la
vida se duerme, y por consiguiente, que no se vive; porque por aquí veas
cuán grande espacio de tan breve vida nos lleva el sueño de cada día. Pues
hecha esta cuenta, que es la más exacta, ¿cuánto es lo que quedará de verdadera
vida, aun a los muy vividores?
Por cierto muy gran razón tuvo aquel filósofo, que
preguntado ¿qué le parecía de la vida del hombre? dió una vuelta delante de los
que le preguntaban, y luego desapareció, dando a entender que no era más que
sólo aquello nuestra vida.
No es más que una carrera de un apresurado cometa, que en un punto pasa y se consume, y de allí a poco,
aun aquel rastro que dejó en pos de sí, desaparece: porque muy pocos días
después de acabada la vida, se acaba también con ella la memoria, por muy
resplandeciente que haya sido la persona.
Finalmente, parecía tan breve a muchos de aquellos
sabios antiguos esta vida, que uno de ellos la llamó sueño, y otro, no contento
con esto, la llamó sueño de sombra,
pareciéndole que era mucho llamarla sueño de cosa verdadera, no siendo a su
juicio más que sueño de cosa vana.
Pues si este poco que resta de vida lo comparamos
con la vida venidera ¿cuándo menos aun parecerá? Muy bien dijo el Eclesiástico
(Eccles. 8.): Los días del hombre, a más tirar, son cien años. Pues ¿qué es
todo esto comparado con la eternidad, sino una
gota de agua comparada con el mar? Y está clara la razón; porque si una estrella, que es mayor que toda la
tierra, comparada con lo restante del cielo, parece tan pequeña, ¿qué parecerá
la vida presente, que es tan breve, comparada con la venidera que no tiene
cabo?
Y si como dicen los astrólogos, toda la tierra
comparada con el cielo, no es más que un punto, porque la grandeza inestimable
de los cielos la hace parecer tan pequeña, ¿qué parecerá ese soplo de vida tan breve, comparadao con
la eternidad, que es infinita? Sin duda parecerá nada; porque si mil años
delante de Dios son como el día de ayer, que ya pasó, ¿qué parecerán delante de
él cien años de vida, sino nada?
Eso mismo parece a aquellos malaventurados, cuando
hacen comparación de la vida que dejaron con la eternidad de los tormentos, que
para siempre padecen, como ellos mismos lo confiesan en el libro de la
Sabiduría, por estas palabras:
¿qué nos aprovechó nuestra soberbia y la pompa de
nuestras riquezas? Pasáronse todas estas cosas, como sombra que vuela, y como
correo de posta, o como navío que va por las aguas, que no deja rastro de su
carrera, o como saeta arrojada a cierto lugar, que así como el aire se abrió y
le hizo camino, luego se volvió a cerrar, sin que se supiese por donde pasó.
Así nosotros, luego en naciendo dejamos de ser,
sin dejar rastro ni señal de ninguna virtud. Mira pues cuán breve les parecerá
allí a los miserables todo el tiempo de esta vida, pues claramente confiesan
que no vivieron, sino que en naciendo, luego en ese punto dejaron de ser.
· Pues si esto
es así, ¿qué locura mayor puede ser que por gozar este sueño momentáneo de tan vanos deleites, querer ir a
padecer tormentos eternos?
Mas si tan breve es el plazo de esta vida y tan
largo el de la otra, ¿qué locura es, proveyéndonos de tantas cosas para vida
tan breve, no proveernos de algo para aquella tan larga? ¿qué locura sería, si
determinándose un hombre a vivir en
España, gastase todo cuanto tiene en comprar bienes raíces y edificar casas en Indias, y no se
proveyese nada para la tierra donde se va a morar?
Pues tanto mayor es la de aquellos, que todo su
caudal emplean en proveerse para esta vida, donde tan poco han de vivir, y
ninguna cosa preparan para aquella, donde para siempre han de morar,
especialmente teniendo tan grande proporción para trasladar a ella todos sus
bienes por manos de pobres, como dijo el Sabio. (Eccles. 11.) “Echa tu pan
sobre las aguas que corren, que después de mucho tiempo lo vendrás a hallar.”