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FRAY LUIS DE GRANADA

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3-8-2008

18B7B23B

Martyrio de S. Photino Obispo; castigo de los renegados; fortaleza de Sancta Blandina

Madrid 1730

Fray Luis de Granada: Introduccion del Symbolo de la Fè. Madrid 1730.
Segunda Parte, Cap. XXIII.
De otra persecucion, que padesciò la Iglesia en tiempo del Emperador Antonino Vero. (pág. 618)

Principio de la persecucion, y del prolongado Martyrio de los Bienaventurados Sancto, y Blandina (XXIII., § I., pág. 619)

§. II. Del Martyrio de S. Photino Obispo, y algunos otros: castigo de los renegados, y fortaleza de Sancta Blandina. (pág. 624)

 

Despues que vaciò el aljaba de todas sus saetas el enemigo, faltando ya linages de penas, que sobrepujassen la constancia de los Martyres, hallò el demonio nuevas ardìdes, para combatir su fortaleza.

Dexòlos consumir en la estrechura, y en la humedad de la carcel con pesadumbre increìble, y apretamiento de prisiones, metidos en sotanos hondos, y escuros, para que alli espirassen por el dolor de las llagas recebidas. Y assi fue, que muy muchos en esta affliccion dieron el alma à Dios, acceptando el Señor su fin glorioso.

Pero en tanta fatiga no nos faltò el socorro de la gracia soberana: porque algunos otros, dado que no menos crueles tormentos avian recebido, de que poco, ni mucho se avian curado à su salud, por la virtud Divina convalescieron, y cobraron subita alegria de corazon, y fuerzas corporales, no en valde; mas para amonestar à los otros la virtud de la perseverancia.

Mayores dolores sentian, por los que de el dia antes avian sido atormentados: porque aun no se avia mitigado el escocimiento de las llagas. Estos morian con la fatiga de el hedor de la carcel, y con la estrechura, y escuridad, en que estaban: uno de los quales fue el Bienaventurado Photino, Obispo de Leon, cuya passion gloriosa no es justo callar.

Porque siendo de edad de noventa años, y sin fuerzas corporales, como hombre de tanta vejèz, y quasi todo al mundo muerto, y solamente vivo para el amor del Martyrio, fue llevado à la audiencia del juez, no guiandole otros, mas llevandole en hombros; porque estaba debilitado por los muchos años, y largas enfermedades. Cuya anima se avia detenido, para que Christo triumphasse mas gloriosamente en tan miserable cuerpo.

Y puesto el viejo en presencia del Pueblo, todos à una voz dixeron: Este es el mismo Christo.

Y preguntandole el juez: Quien es el Dios de los Christianos? Respondiò:

Saberlo has, si fueres digno.

Luego se encendiò la furia rabiosa de todos: y los que cerca estaban comenzaron à herirle con puñadas, y bofetadas, y cozes, sin acatamiento de su ancianìa, y authoridad. Y los que estaban apartados, arrojabanle qualquiera cosa, que à mano hallaban, con que le pudiessen herir, tanto, que se tenia por culpado, el que de alguna manera no lastimasse al viejo: creyendo que de esta manera vengaban à sus dioses.

Pero como despues de muchos escarnios, y golpes, le metiessen medio muerto en la carcel, poco despues embiò à Dios su glorioso espiritu.


En la misma affliccion hizo con nosotros la benigna mano de el Señor grande misericordia, sin nosotros esperarla; mas concedida por la liberalidad Divina, y ordenada por la Sabiduria de Christo, que quiso magnificar à sus Fieles.

Los perseguidores hizieron, lo que no ay memoria que otros hiziessen en los tiempos passados.

Todos aquellos que primero siendo llamados, o puestos à tormento avian negado la Fè, metieron juntamente en la carcel. Y para que su castigo fuesse sin consuelo, no ya accusados por Christianos; sino por matadores de hombres, y malhechores. Por lo qual tenian los desventurados la pena doblada. Porque la esperanza de el descanso, y la gloria de su confession mitiguaba los dolores de los leales, y la Charidad de Christo, y la gracia de el Espriti Sancto recreaba su affliccion: pero à estos su propria consciencia fatigaba mas asperamente, que los grillos, y cadenas, y el hedor de la carcel: tanto, que en el gesto, y en los ojos se differenciaban de los Fieles.

Porque los Sanctos salian à la audiencia, ò al tormento, regocijados, y en sus rostros parescia no sè què de Divinidad, y sus prisiones los hermoseaban, como collares de perlas: de la suciedad de la carcel salian olorosissimos à Christo, y à sus Angeles, y à sì mismos, como si no huvieran estado en carceles, sino en jardines.

Los otros salian tristes, la cabeza baxa, y en sus acatamientos espantables, y sobre toda fealdad disformes: y à los mismos Gentiles eran escarnio, como fementidos, y cobardes, que perdida la lealtad, no escapaban de ser castigados; porque privados del titulo de Christianos, passaban por la pena de adulteros, y homicidas.

Lo qual viendo los otros, mucho mas se animaban: tanto, que en siendo presentados, sin detenimiento, ni alteracion, affirmaban, que eran Christianos.

Despues de algunos dias I E S U Christo los embiò pocos à pocos à su Padre, coronados con guirnaldas de diversas flores, por las diversas penas de sus Martirios: para que de mano de el Soberano Emperador, como Cavalleros vencedores, recibiessen las insignias, y galardon de su triumpho.

Porque Maturo, y Sancto, y Atalo, y Blandina, en un dia de fiesta, que los Gentiles celebraban, ayuntados millares de gente, fueron puestos en medio de el campo: donde apartando à Maturo, y à Sancto, como de nuevo porfiaban por todas vias los verdugos, instigados por las locas vozes de el Pueblo, de quebrantar su paciencia, y quitarles las coronas de la cabeza.

Pero sus corazones tanto mas se esforzaban, quanto mas cerca sentian la palma de el vencimiento: la qual les parescia, que yà tocaban con la mano, y la llevaban levantada entre los Angeles, y animas Bienaventuradas.

Acabadas las differencias de tormentos, y llegado quasi el fin de las fiestas, perseverando immovibles, fueron sentados en sillas de hierro ardiendo, donde derretidas sus carnes, primero azotadas, y finalmente cortadas las cabezas, embiaron sus esforzados espiritus à Dios.

Despues de esto ataron à Blandina à un tronco, estendida à manera de Cruz; y assi la dexaron, para que fuesse comida de bestias. La qual puesta en el madero, con sereno, y alegre rostro, hazia oracion al Señor, supplicandole, à ella le diesse firmeza, y à los otros sus compañeros perseverancia.

A la qual oracion no poco ayudaba con el exemplo de su gran fortaleza, cobrando confianza con lo que està escripto, que los seguidores de las passiones de Christo, seràn en su compañia juntamente coronados.

Y como ninguna fiera ossasse tocar en su cuerpo, pusieronla otra vez en la carcel, guardada para mayores luchas, y para acabar de desmenuzar la cabeza de la serpiente, y para que entre tanto esforzasse los corazones de los hermanos, viendo que muger flaca de su linage, y fuerzas, tantos linages de tormentos suffria, y de todos salia vencedora.

Atalo fue luego pedido por la grita de el pueblo; el qual era noble; pero su mayor dignidad era su perfecta vida, y constancia en la Fè de IESU Cristo. Y como le sacassen al corro de toda la gente con un retulo, que decia: Atalo Christiano, comenzò a bramar contra èl el furioso pueblo. Pero siendo el Presidente informado, que era Ciudadano Romano, remetiòle à Cesar, mandando, que entre tanto estuviesse preso à buen recaudo, hasta que llegasse la determinacion de el Emperador, para lo que se avia de hazer de èl, y de los otros.

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