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Martyrio de S. Photino Obispo; castigo
de los renegados; fortaleza de Sancta Blandina |
Madrid 1730 |
Fray Luis de
Granada: Introduccion del Symbolo de la Fè. Madrid 1730.
Segunda Parte, Cap. XXIII.
De otra persecucion, que padesciò la Iglesia en tiempo del Emperador Antonino
Vero. (pág. 618)
Principio de la persecucion, y del
prolongado Martyrio de los Bienaventurados Sancto, y Blandina (XXIII., § I.,
pág. 619)
§. II. Del
Martyrio de S. Photino Obispo, y algunos otros: castigo de los renegados, y
fortaleza de Sancta Blandina. (pág. 624)
Despues
que vaciò el aljaba de todas sus saetas el enemigo, faltando ya linages de
penas, que sobrepujassen la constancia de los Martyres, hallò el demonio nuevas
ardìdes, para combatir su fortaleza.
Dexòlos
consumir en la estrechura, y en la humedad de la carcel con pesadumbre increìble,
y apretamiento de prisiones, metidos en sotanos hondos, y escuros, para que
alli espirassen por el dolor de las llagas recebidas. Y assi fue, que muy
muchos en esta affliccion dieron el alma à Dios, acceptando el Señor su fin
glorioso.
Pero
en tanta fatiga no nos faltò el socorro de la gracia soberana: porque algunos
otros, dado que no menos crueles tormentos avian recebido, de que poco, ni
mucho se avian curado à su salud, por la virtud Divina convalescieron, y
cobraron subita alegria de corazon, y fuerzas corporales, no en valde; mas para
amonestar à los otros la virtud de la perseverancia.
Mayores
dolores sentian, por los que de el dia antes avian sido atormentados: porque
aun no se avia mitigado el escocimiento de las llagas. Estos morian con la
fatiga de el hedor de la carcel, y con la estrechura, y escuridad, en que
estaban: uno de los quales fue el Bienaventurado Photino, Obispo de Leon, cuya passion gloriosa no es justo callar.
Porque
siendo de edad de noventa años, y
sin fuerzas corporales, como hombre de tanta vejèz, y quasi todo al mundo
muerto, y solamente vivo para el amor del Martyrio, fue llevado à la audiencia
del juez, no guiandole otros, mas llevandole en hombros; porque estaba
debilitado por los muchos años, y largas enfermedades. Cuya anima se avia
detenido, para que Christo triumphasse mas gloriosamente en tan miserable
cuerpo.
Y
puesto el viejo en presencia del Pueblo, todos à una voz dixeron: Este es el
mismo Christo.
Y
preguntandole el juez: Quien es el Dios de los Christianos? Respondiò:
Saberlo has, si fueres digno.
Luego
se encendiò la furia rabiosa de
todos: y los que cerca estaban comenzaron à herirle con puñadas, y bofetadas, y
cozes, sin acatamiento de su ancianìa, y authoridad. Y los que estaban
apartados, arrojabanle qualquiera cosa, que à mano hallaban, con que le
pudiessen herir, tanto, que se tenia por culpado, el que de alguna manera no
lastimasse al viejo: creyendo que de esta manera vengaban à sus dioses.
Pero
como despues de muchos escarnios, y golpes, le metiessen medio muerto en la
carcel, poco despues embiò à Dios su glorioso espiritu.
En la
misma affliccion hizo con nosotros la benigna mano de el Señor grande
misericordia, sin nosotros esperarla; mas concedida por la liberalidad Divina,
y ordenada por la Sabiduria de Christo, que quiso magnificar à sus Fieles.
Los
perseguidores hizieron, lo que no ay memoria que otros hiziessen en los tiempos
passados.
Todos
aquellos que primero siendo llamados, o puestos à tormento avian negado la Fè, metieron juntamente en la carcel. Y para que su
castigo fuesse sin consuelo, no ya accusados por Christianos; sino por
matadores de hombres, y malhechores. Por lo qual tenian los desventurados la pena doblada. Porque la esperanza de el
descanso, y la gloria de su confession mitiguaba los dolores de los leales, y
la Charidad de Christo, y la gracia de el Espriti Sancto recreaba su
affliccion: pero à estos su propria consciencia fatigaba mas asperamente, que
los grillos, y cadenas, y el hedor de la carcel: tanto, que en el gesto, y en
los ojos se differenciaban de los Fieles.
Porque
los Sanctos salian à la audiencia, ò al tormento, regocijados, y en sus rostros
parescia no sè què de Divinidad, y sus prisiones los hermoseaban, como collares
de perlas: de la suciedad de la carcel salian olorosissimos à Christo, y à sus
Angeles, y à sì mismos, como si no huvieran estado en carceles, sino en
jardines.
Los
otros salian tristes, la cabeza baxa, y en sus acatamientos espantables, y sobre toda fealdad disformes: y à los
mismos Gentiles eran escarnio, como fementidos, y cobardes, que perdida la
lealtad, no escapaban de ser castigados; porque privados del titulo de
Christianos, passaban por la pena de adulteros, y homicidas.
Lo
qual viendo los otros, mucho mas se animaban: tanto, que en siendo presentados,
sin detenimiento, ni alteracion, affirmaban, que eran Christianos.
Despues
de algunos dias I E S U Christo los embiò pocos à pocos à su Padre, coronados
con guirnaldas de diversas flores, por las diversas penas de sus Martirios:
para que de mano de el Soberano Emperador, como Cavalleros vencedores,
recibiessen las insignias, y galardon de su triumpho.
Porque
Maturo, y Sancto, y Atalo, y Blandina,
en un dia de fiesta, que los Gentiles celebraban, ayuntados millares de gente,
fueron puestos en medio de el campo: donde apartando à Maturo, y à Sancto, como
de nuevo porfiaban por todas vias los verdugos, instigados por las locas vozes
de el Pueblo, de quebrantar su paciencia, y quitarles las coronas de la cabeza.
Pero
sus corazones tanto mas se esforzaban, quanto mas cerca sentian la palma de el
vencimiento: la qual les parescia, que yà tocaban con la mano, y la llevaban
levantada entre los Angeles, y animas Bienaventuradas.
Acabadas
las differencias de tormentos, y llegado quasi el fin de las fiestas,
perseverando immovibles, fueron sentados en sillas de hierro ardiendo, donde
derretidas sus carnes, primero azotadas, y finalmente cortadas las cabezas,
embiaron sus esforzados espiritus à Dios.
Despues
de esto ataron à Blandina à un
tronco, estendida à manera de Cruz; y assi la dexaron, para que fuesse comida
de bestias. La qual puesta en el madero, con
sereno, y alegre rostro, hazia oracion al Señor, supplicandole, à ella le
diesse firmeza, y à los otros sus compañeros perseverancia.
A la
qual oracion no poco ayudaba con el exemplo de su gran fortaleza, cobrando
confianza con lo que està escripto, que los seguidores de las passiones de Christo,
seràn en su compañia juntamente coronados.
Y
como ninguna fiera ossasse tocar en su
cuerpo, pusieronla otra vez en la carcel, guardada para mayores luchas, y
para acabar de desmenuzar la cabeza de la serpiente, y para que entre tanto
esforzasse los corazones de los hermanos, viendo que muger flaca de su linage,
y fuerzas, tantos linages de tormentos suffria, y de todos salia vencedora.
Atalo fue luego pedido por la grita de el pueblo; el qual era
noble; pero su mayor dignidad era su perfecta vida, y constancia en la Fè de
IESU Cristo. Y como le sacassen al corro de toda la gente con un retulo, que
decia: Atalo Christiano, comenzò a
bramar contra èl el furioso pueblo. Pero siendo el Presidente informado, que
era Ciudadano Romano, remetiòle à Cesar, mandando, que entre tanto estuviesse
preso à buen recaudo, hasta que llegasse la determinacion de el Emperador, para
lo que se avia de hazer de èl, y de los otros.