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S. Alfonso M. de Ligorio

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ETIKA

Del Purgatorio

23-2-2013

S. Alfonso M. de Ligorio: Disertaciones teologico-morales acerca de la vida eterna, Disertacion segunda, § 1. en: LA VERDAD DE LA FÉ, Pons, Madrid y Barcelona, 1847, pp. 251-254

Del Purgatorio.

1.   Pruébase la existencia del Purgatorio. – 2. Confírmanse las pruebas de esta verdad. - §. I. 3. La pena mayor que allí se padece es estar privado de la vista de Dios. – 4. Si toda pena corporal del purgatorio supera á la pena máxima que se sufre en esta vida. – 5. Si en el purgatorio hay pena de fuego. – 6. Los griegos mismos admitieron en el purgatorio la pena del fuego. – 7. Si los demonios atormentan á aquellas ánimas. – 8. De la duracion de las penas del purgatorio. – 9. Que las ánimas del purgatorio llevan sus penas con gran paciencia y resignacion. – 10. Del lugar del purgatorio. – 11. Si hay en el purgatorio algunas ánimas que estén dudosas de su eterna salud. – 12. Pruébase que están certísimas de ella. - §. II. 13. Pruébase la eficacia de los sufragios. Si los santos pueden en el cielo ofrecer sufragios por las ánimas del purgatorio. – 14. Sigue la misma materia. – 15. Si las ánimas del purgatorio pueden rogar por nosotros. – 16. Sto. Tomás lo repugna al parecer, pero realmente su dictámen no es contrario á esta opinion.

 

1 . Quien comenzó á negar la existencia del purgatorio fue Arrio, por los años de 304: siguierónle despues otros herejes tales como los Valdeses y Juan Hus; y posteriormente Lutero, quien en cierto pasaje concluyó por admitirla, aunque con la cortapisa, bien que falsa, de que su existencia no podia probarse por la autoridad de la Escritura. Calvino en su libro de la Instruccion la niega rotundamente, y llega á llamarla commentum diaboli, invencion diabólica.

Pero nuestra santa madre la Iglesia Católica, afirma, en el concilio de Trento (sess. 25, in decret. de purg.) que hay un purgatorio, y que su existencia resulta probada por la Escritura misma. En el libro 2.o de los Macabeos, capitulo XII, se leen las siguientes palabras: sancta ergo, et salubris est cogitatio pro defunctis exorare, ut a peccatis solvantur.

Está además escrito en el Evangelio de S. Mateo (v. 26.): Amen dico tibi, non exies inde, donec reddas novissimum quadrantem.

Existe, pues, en la otra vida un lugar especial del cual es permitido salir despues de haber satisfecho las deudas contraidas con la justicia divina, y de haber expiado hasta el pecado mas tenue; tal como la culpa venial que no mereciendo ser castigada con las penas del infierno, pues el que las ha cometido no deja por su causa de ser siervo de Dios; ataja sin embargo la entrada en la patria celestial, en donde no tiene ingreso la mas ligera mancilla; el purgatorio, pues, es el lugar en donde se purificará de todas esas manchas.

2 . En otro pasaje del mismo evangelista (XII. 32) se lee que á quien blasfemare contra el Espíritu Santo, non remittetur ei neque in hoc saeculo, neque in futuro. Sobre cuyo texto dice S. Gregorio (lib. IV, dialog. cap. 39) que, de levibus culpis esse purgatorius ignis credendus est.

Y lo propio sienten Beda (in cap. 3. Marci). S. Fulgencio (de rem. pecc. l. 1. c. 24.), S. Bernardo (serm. 66, in Cant.) Tertuliano (de cor. mil. c. 3.), S. Cipriano (ep. 52. et 66.) , S. Cirilo de Jerusalen (cathic. mystag. 5.), S. Gregorio Niceno (serm. de dormit.), S. Ambrosio (orat. pro Valent.), S. Jerónimo (lib. 18. in Isa.), S. Juan Crisóstomo (lib. 6. de Sacerd.), y S. Agustin (de civ. lib. 2 c. 13 et 16.)

La verdad del purgatorio quedó ya sentada antes de la ceclaracion del concilio Tridentino, en el segundo concilio de Leon, en que se estatuyó: Animam (credimus=) poenis purgatoriis puniri.

Y en las actas del de Florencia se lee: Animas purgari post mortem, etc. Quien desee esclarecerse mas acerca de este punto consulte el libro, que con el titulo de: Opera dogmatica, etc., escribí acerca del concilio de Trento, en el cual hallará estensamente discutida la materia, y refutas todas la sobjeciones que oponen los herejes.

§ I.

De las penas del Purgatorio.

3 . Al tratar de la penas del purgatorio, cumple decir, que la mayor gravedad de las que sufren las ánimas piadosas que, aunque encerradas en aquellas prisiones, aman intensamente á Dios, consiste en verse separadas de su Esposo sin poder contemplar cara á cara. Graves son, sin duda, las otras penas que ellas padecen, pero en extremo ligeras comparadas con la pesadumbre de esta privación; holgáranse las ánimas de pasar por otros suplicios mil veces mas atroces con tal de que lograsen disfrutar de la presencia de su Dios.

4 . Por lo que hace á la naturaleza de las penas que en el purgatorio se padecen, sienta Sto. Tomás, que cada pena corporal del purgatorio, excedit maximam penam hujus vitae (IV. Dist. 21. quaest. 3. in ps. 37.).

Y añade S. Agustin (art. 1.); que el fuego del purgatorio causa mas dolor que cuantos tormentos puedan padecerse en la tierra.

Con todo, S. Buenaventura (in IV, dist. 20) no se aviene con la opinion de que cada pena del purgatorio sobrepuje á cuantas quepa padecerse en esta vida; porque, si bien en aquel lugar lastima la pena inmensa de carecer de la vista de Dios, mitigase sin embargo su acerbidad por la certidumbre de ir en breve á gozar de ella; por manera que á medida que se acerca el momento de su logro, mengua la vehemencia del dolor.

5 . Dudan muchas personas, si en el purgatorio existe pena de fuego. El cardenal Gotti (Theol. tom. III. quaest. 3. de purg.) está por la afermativa y funda su opinion en el siguiente texto de S. Pablo: Uniuscujusque opus, quale sit: ignis probabit (I. Cor. III. 13). Si cujus opus asserit, detrimentum patietur; ipse autem salvus erit, sic tamen quasi per ignem. (Ibid. v. 15.) De cuyo texto parece que resalta la prueba de la existencia del fuego en el purgatorio.

Sin embargo, los griegos, con S. Juan Crisóstomo, dan á la palabra fuego la significacion de, lugar lleno de lobreguez y de tristeza, opinion que no vacilaron en sostener ante el concilio de Florencia.

Mas el cardenal Gotti sale en apoyo de la doctrina de los latinos sosteniendo que ella es general, y de todo punto verosimil; añadiendo no ser del caso desviarnos de ella por ningun estilo; porque dado que haya en el purgatorio ciertos lugares henchidos de dolor y de tinieblas, no cabe abandonar el sentido recto de la palabra fuego que empleó S. Pablo tal como le comprendieron S. Agustin, S. Gregorio, S. Bernardo y otros: y concluye diciendo, que conforme á la regla comun, á no compelirnos á ello la necesidad, no debemos separarnos de atribuir á las palabras un sentido literal. (Anm.: Wir dürfen nicht davon abgehen, den Worten einen buchstäblichen Sinn beizulegen.)

Belarmino (de purg. c. 2.) prueba que esta es la opinion cmun de los Teólogos, y lo propio asgura Estio (lib. 4. dis. 21.) añadiendo, que la Iglesia por esta razon en el cánon pide refrigerio para las ánimas contra ardorem ignis.

6 . Añadese, que los griegos mismos al concluir la sesion 25 (de purg.) del citado concilio de Florencia, acogieron la opinion de los latinos, y se expresaron en estos términos: Quod vero de igne purgatorio dicitis, hoc etiam accepimus. Cierto escritor docto, en un libro titulado Animadversiones contra Ant. Jenuens, dice que casi todos los griegos actuales, coinciden en esto dictámen con los latinos, conforme es de ver en Alacio y en sus rituales en que ruegan ut animae á purgatoriis ignibus liberentur.

7. Dice Sto. Tomás, que los demonios afligirán con su presencia á las benditas ánimas del purgatorio, mas no las molestarán con tormento alguno: porque injusto fuera que unas ánimas que alcanzaron cumplido triunfo de su enemigo, estuviesen sujetas á ser atormentadas por él, al modo como Dios permitió lo fuera Job en esta vida, lugar de combate; mas el purgatorio no es lugar de combate sino de expiacion.

(Anmerkung: Entsprechend fällt das Kapitel über das Fegefeuer in unserem Roman “Jedem nach seinen Taten” (2007 und 2013) aus. Die Dämonen erschrecken die Sünder, aber misshandeln sie nicht.)

8 . Al decir de Domingo de Soto, la clemencia divina no sufre que estas ánimas que son amigas de Dios, estén de él separadas mas allá de diez años; pero esta opinion léjos de hallar acogida, fué, en su proposicion 43, que estaba concebida en estos términos Annuum legatum pro anima relictum non durat plus quam per decem annos, condenada por Alejandro VII.

Mas natural fuera la idea, dice Estio y otros muchos autores, con él, de que las penas del purgatorio se dilatan mucho mas allá del tiempo de diez años.

San Agustín (lib. XX de Civit. Dei cap. 25) afirma que muchas son las ánimas que no alcanzarán plena remision de sus pecados, hasta el juicio final.

En sentir del cardenal Gotti, á proporcion que irá acercándose el término de la pena,  menguará la tristeza que sienten las ánimas por hallarse separadas de Dios; y en cuanto á la pena de sentido, dice S. Bernardo en la vida de San Malaquías que acertando á rogar este Santo por su hermana, notó que iba disminuyéndose de dia en dia hasta tanto que vió como el ánima de su hermana iba á unirse con Dios.

9. Por lo demás, está fuera de duda que las ánimas en el purgatorio padecen graves penas, pero las llevan con tan señalada resignación como paciencia y mansedumbre. Dormiunt in somno pacis, se le en el cánon de la misa; el amor que tienen á Dios se muestra con todas sus fuerzas; se derrama en continuos actos de caridad ó por mejor decir en un acto continuo de caridad ardiente, segun dice Sto. Tomás: porque como ellos poseen el tesoro de una caridad perfecta, esta virtud no puede estar ociosa en una ánima separada del cuerpo; único obstáculo que se cruzára en las espansion de semejantes actos de amor.

Ni el rigor mismo de los tormentos, obrando sobre los órganos corporales, puede afectar al ánima, de la cual se halle el cuerpo separado.

10. En cuanto al paraje que ocupa el purgatorio dicen Estio (lib. 4, dist. 21, § 3. in fin) y Sto. Tomás que, segun el comun sentir de los doctores, al cual, añade el Santo, non est temerè resistendum, se halla el purgatorio en las entrañas de la tierra, harto desviado de las puertas del infierno, pero no á tal distancia que no quepa formar conjeturas acerca del intervalo que entre ambos lugares promedia. Tal es, segun se esplica Estio (lib. 4. dist. 21, § 3.) el dictámen de S. Gregorio (lib. IV. dialog. cap. 42), que prohija la escuela.

11. Imaginan ciertas personas, que algunas ánimas se hallan condenadas en el pugatorio á padecer tormentos tan esquisitos, que llegan á creerse condenadas. Pero esta suposicion no cabe en lo verosímil, supuesto que las almas de los condenados padecen afectos harto distintos, de los que esperimentan las que están seguras de su salvacion.

Sostienen otros que ciertas ánimas andan perplejas acerca del porvenir que les espera, hasta que han alcanzado su completa purificacion, esta es la opinion de Lutero; y causa maravilla el ver que este mismo Lutero, acérrimo defensor de la certidumbre de la salvacion en aquellos cristianos que obtienen de la misma una fe ardiente, sostenga, en las ánimas que se están purificando, la existencia de semejante duda! Esta proposicion que es la 38.a de Lutero fué condenada por el papa Leon X.

12. Ello es cierto que todas las ánimas que están en el purgatorio no abrigan duda alguna acerca de su salvación eterna; como que salieron de esta vida en estado de gracia, quedaron plenamente aseguradas de su salvacion al pasar por el juicio particular. Así lo afirman S. Cipriano (lib. de mort.) y S. Agustin (de praedest. LV. cap. 14), y añaden ser este un punto de fe católica. A mas de que, fácil fuera á esas ánimas adquirir esta saludable certidumbre, al observar la paz interior de que disfrutan y la inalterable resignacion con que sufren las penas á que están sujetas.

El amor de que arden para con su Dios les promete franquearles la entrada al reino eterno, y les presta esperanza de gozar presto de la divina presencia; y de otra parte ellos no ignoran que los condenados ni pueden amar á Dios ni tienen esperanzas de gozar jamás de su presencia.

De ahí es, que en el cánon de la misa se dicen estas palabras: Memento, Domine, famulorum tuorum qui nos praecesserunt cum signo fidei, et dormiunt in somno pacis. Conceptos, que fueran inaplicables á aquellas ánimas que de su propia salvacion estuvieran dudosas.

§. II.

De los sufragios por los difuntos.

13. El santo concilio de Trento, en la sesion 25 (decr. de purgat.) declaró lo siguiente:

Cum catholica Ecclesia in hoc synodo docuerit purgatorium esse, animasque illic detentas fidelium suffragiis, potissimum vere altaris sacrificio juvari, etc.

La razon capital en que Sto. Tomás (suppl. qu. LXXI. art. 6) funda el valor de estos sufragios, procede de la comunion de los Santos, y de la union que enlaza á la Iglesia militante con las Iglesias purificante y triunfante.

Y este fundamento facilita la probabilidad de otra opinion, cual es la de que los bienaventurados pueden elevar á Dios sus súplicas por las ánimas del purgatorio; que es la opinion del propio Doctor angélico (qu. LXXII. art. 3) opuesta á la de Domingo Soto, pues como dice el Apóstol (I. Cor. XII. 26), los bienaventurados forman un solo cuerpo et si quid patitur unum membrum, compatiuntur omnia membra; y en fuerza de esta mutua relacion, se auxilian reciprocamente; solicitos como andan los Santos en dirigir sus súplicas por los vivos, no dejan de rogar por esas ánimas afligidas.

Y si viniere alguien diciendo que los Santos no pueden acrecentar sus propios méritos, responderémos con Sto. Tomas (cit. qu. 72. art. 3. ad 4.), que si bien los Santos no pueden acrecentar los méritos propios, pueden no obstante atesorar méritos en pro de otras personas: Licet Sancti non sint in statu merendi sibi, sunt tamen aliis.

Por esto la Iglesia militante, al hacer la recomendacion del alma, implora el auxilio de los Angeles y de los Santos en favor de la misma: Subvenite Sancti Dei; occurite Angeli; y en otro lugar (in Missal. num. 35.): Omnipotens sempiterne Deus ...., te supplices exoramos, ut quos .... saeculum futurum jam exutos corpore suscepit, intercedentibus omnibus sanctis tuis, pietatis tuae clementia, omnium delictorum suorum veniam consequantur.

14. Ni menos cabe decir, que las obras meritorias peculiares de uno no refluyan en pro de otro para alcanzar la gloria, cuyo galardon no puede conseguirse sino por méritos propios, porque asegura Sto. Tomás (cit. qu. 71. art. 1 ad 1.), que en virtud de la comunion que la caridad establece entre los miembros del cuerpo de la Iglesia, las obras de los Santos son provechosas á los demás y obtienen mutua reciprocidad.

Mas la doctrina que sientan ciertas personas, sosteniendo que antes del juicio final, cabe socorrer con sufragios á los condenados, si estuvieron iluminados por los destellos de la fe, y recibieron durante su vida los Sacramentos, Sto. Tomás la refuta victoriosamente (ead. qu. 71. art. 5.).

15. Pregúntase todavía, si cabe posibilidad en que las ánimas del purgatorio intercedan por los vivos; hay quien niega esta posibilidad, sacando á luz las siguientes palabras de Sto. Tomás (2. 2. qu. 83, art. 11. ad 3.):

Illi qui sunt in purgatorio etsi sint superiores nobis propter impecabilitatem, sunt tamen inferiores quantum ad poenas quas patiuntur; et secundum hoc, non sunt in statu orandi, sed magis ut oretur pro eis.

Por cuya razon, dice Antonio de Génova (Ant. Jen. tom. II. pag. 178.) que es vulgar preocupacion en los vivos el invocar el auxilio de las ánimas del purgatorio. Pero no cae en razon el llamar abuso á esta práctica: el cardenal Gotti, gran partidario de las doctrinas de Sto. Tomás, afirma que la comun opinion está contrapuesta con la interpretacion de Antonio de Génova: y este comun sentir obtiene en su favor las autoridades de Belarmino, Silvio, Estio, Lesio, Valenza, Gabriel, Suarez, Medina y varios otros; y tambien la contemplamos nosotros como el mas probable. Ved ahí como se espresa el cardenal Belarmino (De purg. ca. 15.):

Quamquam, Sto. Tomás, contrarium doceat, tamen ratio ejus non convincit; nam si animae illae non orant pro nobis, vel causa est quia non vident Deum, vel quia sunt in maximis tormentis, vel quia sunt nobis inferiores; sed nihil horum dici potest. Belarmin prueba su proposicion con largos razonamientos.

16. A mas de que, como observa muy bien el cardenal Gotti con Silvio, el Doctor angélico no contradice la opinion comun, puesto que no deniega poder á las ánimas del purgatorio para que intercedan por los vivos, ni que estos dejen de recibir auxilios de sus ruegos; insiste sí en decir, que, con respecto á las penas que padecen, se hallan en un estado inferior al nuestro que no les incita á dirigir súplicas; pero media gran diferencia entre no estar en estado de rogar, y no rogar absolutamente. Y aunque ellas no alcancen, á causa del estado en que se hallan, gracia alguna para los demás, persuadidas sin embargo del amor que Dios les profesa, Nihil vetat, dice Gotti, ut pro se orent et etiam pro nobis.

Piadosamente es de creer que por especial permision de Dios alcanzan á entender las súplicas que por ellas dirigimos al Señor, y como ellas rebosen de caridad enderezan tambien sus ruegos al cielo en favor nuestro.

Leemos en la vida de Sta. Catalina de Bolonia, que cuando la Santa deseaba obtener alguna gracia especial dirigia sus súplicas á las ánimas del purgatorio y presto recibia el consuelo deseado; y añadia que no le habian sido concedidos por la intercesion de los Santos.

Muchos son los ejemplos de hechos semejantes que nos ofrece la historia. Hablando S. Agustin de cuan ajenos estén los difuntos de los sucesos que acaecen acá en la tierra, dice, que bien pueden mostrárselos los ángeles mismos: Scire possunt ab angelis qui hic nobis praesto sunt. (De an. et spir. cap. 29, et de cura pro mort. c. 15.)

Y el P. Concina, en medio de cierta perplejidad que le molesta, coincide con nosotros en decir que esta opinion cuenta en su apoyo con la autoridad de Teólogos eminentes, entre los cuales es de notar al doctor Estio, quien la defiende sin restriccion alguna. Requirit hoc membrorum ejusdem corporis in Charitate communi, praesertim cum (animae) non ignorent nos indigere suffragiis alienis. (In 4. d. XLIII. 9.)

Entremos ahora, para completar esta disertacion á decir algunas palabras acerca de la cuestion que se ventila en una obra (de Statu anim. cont. 5) del célebre carmelitano descalzado, P. Liberio de Jesus. Pregunta este religioso si las ánimas del purgatorio salen en ciertas ocasiones de sus encierros y aparecen á los vivientes bajo cierta forma determinada. Su respuesta está por la afirmativa; y se funda en la reflexion de que no hay óbice alguno que contraste á tales apariciones como Dios venga en permitirlas, y dispense á las ánimas de permanecer continuamente encerradas en aquel lugar destinado á su purificacion.

Pruébalo en segundo lugar, aduciendo multitud de datos confirmativos de su proposicion, sacados de autores de gran nota.

San Gregorio el Magno (Dial. cap. 40.) afirma, que cierto hombre llamado Pascasio se apareció una vez á S. Germano; y en el capítulo 55 trata de otra aparicion análoga.

Refiere S. Pedro Damiano (Epist. ad Desid.), que S. Severino obispo de Colonia se apareció á un clerigo de su iglesia y le manifestó como se hallaba padeciendo en el purgatorio por haber rezado por la mañana á la vez, todas las horas canónicas del dia.

Tambien S. Bernardo, en la vida de S. Malaquias asegura, que á este Santo se le manifestó varias veces su hermana que estaba en el purgatorio, y por última vez se le dejó ver libertada ya de sus penas por el sacrificio del altar.

Escribe Guillermo en la vida de S. Bernardo, que á este Santo se le presentó instantáneamente un monge á quien sus oraciones habian sacado del purgatorio.

Cítanse además otros ejemplos en Beda (histor. angl. lib. 3. et 5.), Blosio (in monil. spirit.), en las revelaciones de Sta. Brígida, y en otros varios autores.

Pero, suele replicarse, diciendo, que gran parte de esas pretendidas apariciones son notoriamente falsas. A esta objecion responde S. Agustin, que fuera una temeridad estupenda negar rotundamente todas las apariciones, puesto que se agolpan á probar la certidumbre de algunas de ellas los testimonios de muchos hombres sabios y santos.

Magnae impudentiae est negare animas identidem à suis sedibus ad nos emitti, com tot viri sapientes et Deo pleni, idipsum ratione et experimento comprobent suo (De cura pro mort.).

Dios, añade el Santo, no permitiria que en materia tan trascendental, cayesen en error los doctores de la Iglesia y quedasen envueltos en él cuando aducen el testimonio de esta clase de apariciones, para confirmar los misterios de la fe, los de la resurrecion, los de la inmortalidad del alma, los de los castigos y recompensas de la vida futura.

 

SÙPLICA.

Señor, yo me confieso mil veces deudor de vuestra justicia divina y conozco que todas las penas de este mundo no alcanzan á castigar suficientemente mis delitos, sin embargo yo no me atrevo á suplicaros que me releveis de las penas del purgatorio.

Y aunque vehementes sean mis deseos de ir á gozar presto con vos de la patria celestial en donde pueda amaros con el amor mas intenso; justo es, que el fuego saludable del purgatorio me acrisole de toda la inmundicia que me rodea.

Pero sabed, Dios mio, que las penas del purgatorio no me espantan, porque en el purgatorio no estaré espuesto á perderos y podré amaros con toda la intensidad de mi amor.

Lo que me aterroriza es el infierno, porque allí no me será dado poderos amar, sino aborreceros, y acarrearme de vuestro odio; libradme, Señor, de este castigo por los méritos de la sangre que con tanto dolor derramasteis por mi causa.

Bien sé que mis pecados me hacen indigno de amaros y de merecer vuestro amor; pero la muerte, á que os sujetasteis por mi salvacion, me infunde esperanzas consoladoras de llegar algun dia á amaros por toda la eternidad.

O Jesus mio! dadme valor y confianza. El demonio me molesta con sus sugestiones, diciéndome, que despues de haber olvidado tantas veces vuestro amor, y menospreciado vuestras gracias, no puedo aspirar á la dicha de amaros y de poseer vuestro amor en la patria de los bienaventurados.

Pero el recuerdo de vuestra pasion y de las gracias que sobre mi persona derramasteis, hacen brotar en mi corazon viva esperanza, en medio de las innumerables faltas en que he caido.

Yo os amo, ¡Dios mio! y deseo amaros sin cesar; yo me entrego á vos sin reserva alguna, y si mi confianza en vos no es tan completa como yo quisiera, concedédmela, Señor, en nombre de Jesucristo hijo vuestro.

María Madre de mi Dios, puesto tengo en vos mi amor y mi esperanza: rogad por mi á vuestro Jesus.

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