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EL INFIERNO

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27-10-2003

15H19

Varios autores sobre el infierno

También UNIX

 

Dogma de fe: El hombre que muere en pecado grave tiene que vivir eternamente en el estado del infierno.
(Revista María Mensajera, núm. 271, agosto de 2003, El purgatorio y el infierno)

 

Papa Benedicto XII:
Definimos además que, según la común ordenación de Dios, las almas de los que salen del mundo con pecado mortal actual, inmediatamente después de la muerte bajan al infierno donde son atormentados con penas infernales.
(El Papa Benedicto XII en la Constitución "Benedictus Deus" de 1336, en: Revista María Mensajera, núm. 271, agosto de 2003, El purgatorio y el infierno)

 

Concilio diocesano de Constantinopla (año 543):
Si alguno dice o siente que el castigo de los demonios o de los hombres impíos es temporal
y que en algún momento tendrá fin, o que se dará la reintegración de los demonios o de los hombres impíos, sea anatema.

(Esto se dijo en el Concilio diocesano de Constantinopla (año 543) contra los discípulos de Orígenes; en: Revista María Mensajera, núm. 271, agosto de 2003, El purgatorio y el infierno)

 

Santa Faustina Kowalska:
La mayoría de las almas que están ahí son aquellas que no creyerón que el infierno existe.

Las clases de tortura que yo vi: la primera tortura que constituye el infierno es la pérdida de Dios. La segunda, el perpetuo remordimiento de conciencia. La tercera es que esa condición nunca cambiará jamás. La cuarta es el fuego que penetra el alma sin destruirla... La quinta tortura es la continua oscuridad y un terrible y sofocante olor, y a pesar de la oscuridad los demonios y las almas se ven unas a otras... La sexta tortura es la constante compañía de Satanás. La séptima tortura es una horrible desesperación, odio a Dios, palabras viles, maldiciones y blasfemias.

No hago uso de los castigos, sino cuando los hombres mismos me obligan a hacerlo. Antes del día de la justicia mando el día de la misericordia. .. No puedo castigar a quien se refugia en mi piedad.

(Santa Faustina Kowalska, Polonia, 1937, en: Revista María Mensajera, núm. 271, agosto de 2003, El purgatorio y el infierno)

 

Sor Benigna Consolata:
... la pena más grande que se puede inferir a mi corazón es dudar de mi bondad. ... iAmo tanto a los hombres!
Al infierno sólo van las personas que persisten en su alejamiento.
(Sor Benigna Consolata, Turin, 1900; en la Revista María Mensajera, núm. 271, agosto de 2003, El purgatorio y el infierno)

 

El Padre Pío y el infierno

... a personas que le preguntaron sobre la suerte de familares difuntos, se le oyó decir, según testigos:

"Me horroriza mirar a su abuelo, pues está ardiendo en el fuego eterno";

"su esposo se ha condenado para siempre".

Terribles palabras... pero que confirman la existencia y eternidad de las penas del infierno.

(Miguel Rivilla San Martín, Pbro., en: Revista María Mensajera, núm. 271, agosto de 2003)

 

Santa Catalina de Siena: Los tormentos de los condenados.
(Maria Mensajera, Zaragoza, Núm. 260, septiembre 2002)

"Lo mismo que hay tres pecados principales esto es, el amor propio de donde procede el segundo, que es la vanagloria, y de ésta el tercero, que es la soberbia con falsa injusticia, crueldad y otras maldades y pecados inmundos que le siguen. Por eso te digo que en el infierno los condenados sufren cuatro tormentos principales, a los que siguen todos los demás.

El primero es verse privados de Mí, lo cual es tan doloroso que, si fuera posible, antes que estar libres de las penas y de no verme, eligirían el fuego y atroces tormentos con tal de verme.

Este dolor reaviva uno segundo, que es el dolor producido por el gusano de la conciencia, que constantemente roe, pues por su propia culpa se ven privados de Mí y del trato con los ángeles y se hicieron dignos del trato con los demonios y de su visión.

La visión del demonio, que es el tercer tormento, les redobla todos sus sufrimientos ... viéndolos se conocen más a sí mismos, esto es, conocen que por culpa suya son dignos de ellos... ven su propia figura tan horrible, que no la puede imaginar corazón humano...

El cuarto tormento es el fuego, que arde y nunca se acaba. ... El alma... La quema y hace sufrir con penas grandísimas, de modos diversos según la diversidad de los pecados, a unos más y a otros menos en conformidad con la gravedad de la culpa.

De estas cuatro clases de tormentos proceden los demás, como frío, calor, rechinar de dientes. Así reciben la muerte eterna, tan miserablemente...”  (Maria Mensajera, Zaragoza, Núm. 260, septiembre 2002)

 

Beata Sor Faustina Kowalska,
en: María Mensajera, Núm. 222, Julio 1999.
Fundación María Mensajera, Apartado de Correos, 839, E-50080 Zaragoza

"Es un sitio de gran tormento. ¡Cuán terriblemente grande y extenso es! Las clases de torturas que vi:

1.    La primera tortura que vi es la privación de Dios;

2.    la segunda es un perpetuo remordimiento de conciencia;

3.    la tercera es que la condición de uno nunca cambiará;

4.    la cuarta es el fuego que penetra en el alma sin destruirla - un sufrimiento terrible, ya que es puramente fuego espiritual, - prendido por la ira de Dios.

5.    La quinta tortura es una obscuridad continua y un olor sofocante terrible. A pesar de la obscuridad, los demonios y las almas de los condenados se ven entre ellos;

6.    y la sexta tortura es la compañía constante de Satanás;

7.    la séptima tortura es una angustia horrible, odio a Dios, palabras indecentes y blasfemias.

Existen tormentos especiales destinados para almas en particular. Estos son los tormentos de los sentidos. Existen cavernas y fosas de tortura donde cada forma de agonía difiere de la otra. ... Permiten saber al pecador de qué forma serán torturados - para toda la eternidad -, los sentidos que utilizó para pecar. La mayoría de las almas que estaban allí, eran aquellas que no creyeron que existía el infierno."

Meditación sobre el infierno (de Fray Luis de Granada y San Pedro de Alcántara)

Fray Luis de Granada: De la gloria de los bienaventurados

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