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EL INFIERNO |
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Varios autores sobre el
infierno |
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Dogma de fe: El hombre que muere
en pecado grave tiene que vivir eternamente en el estado del infierno.
(Revista María Mensajera, núm. 271, agosto de
2003, El purgatorio y el infierno)
Papa Benedicto XII:
Definimos además que, según
la común ordenación de Dios, las almas de los que salen del mundo con pecado
mortal actual, inmediatamente después de la muerte bajan al infierno donde
son atormentados con penas infernales.
(El Papa Benedicto XII en la Constitución "Benedictus Deus" de
1336, en: Revista María Mensajera, núm. 271, agosto de 2003, El purgatorio y el
infierno)
Concilio diocesano de Constantinopla (año
543):
Si alguno dice o siente que el castigo de los demonios o de los hombres impíos
es temporal y que en algún
momento tendrá fin, o que se dará la reintegración de los demonios o de los
hombres impíos, sea anatema.
(Esto se dijo en el Concilio diocesano de Constantinopla (año 543) contra los discípulos de Orígenes; en: Revista María Mensajera, núm. 271, agosto de 2003, El purgatorio y el infierno)
Santa Faustina Kowalska:
La mayoría de las almas que están ahí son aquellas que no creyerón que el
infierno existe.
Las clases de
tortura que yo vi: la
primera tortura que constituye el infierno es la pérdida de Dios. La segunda,
el perpetuo remordimiento de conciencia. La tercera es que esa condición nunca
cambiará jamás. La cuarta es el fuego que penetra el alma sin destruirla... La
quinta tortura es la continua oscuridad y un terrible y sofocante olor, y a
pesar de la oscuridad los demonios y las almas se ven unas a otras... La sexta
tortura es la constante compañía de Satanás. La séptima tortura es una horrible
desesperación, odio a Dios, palabras viles, maldiciones y blasfemias.
No hago uso de
los castigos, sino cuando los hombres mismos me obligan a hacerlo. Antes del día
de la justicia mando el día de la misericordia. .. No puedo castigar a quien se
refugia en mi piedad.
(Santa
Faustina Kowalska, Polonia, 1937, en: Revista María Mensajera,
núm. 271, agosto de 2003, El purgatorio y el infierno)
Sor Benigna Consolata:
... la pena más grande que se puede inferir a mi corazón es dudar de mi bondad.
... iAmo tanto a los hombres! Al infierno sólo van las personas que
persisten en su alejamiento.
(Sor Benigna Consolata, Turin, 1900; en la Revista María Mensajera, núm.
271, agosto de 2003, El purgatorio y el infierno)
El Padre Pío y
el infierno
... a personas
que le preguntaron sobre la suerte de familares difuntos, se le oyó decir, según
testigos:
"Me horroriza mirar a su abuelo, pues está ardiendo en el fuego eterno";
"su esposo se ha condenado para siempre".
Terribles
palabras... pero que confirman la existencia y eternidad de las penas del
infierno.
(Miguel Rivilla San Martín, Pbro., en: Revista María Mensajera, núm. 271, agosto de 2003)
Santa Catalina
de Siena: Los tormentos de los condenados.
(Maria Mensajera,
Zaragoza, Núm. 260, septiembre 2002)
"Lo mismo
que hay tres pecados principales esto es, el amor propio de donde
procede el segundo, que es la vanagloria, y de ésta el tercero, que es la
soberbia con falsa injusticia, crueldad y otras maldades y pecados inmundos que
le siguen. Por eso te digo que en el infierno los condenados sufren cuatro
tormentos principales, a los que siguen todos los demás.
El primero es verse
privados de Mí, lo cual es tan doloroso que, si fuera posible, antes que
estar libres de las penas y de no verme, eligirían el fuego y atroces tormentos
con tal de verme.
Este dolor
reaviva uno segundo, que es el dolor producido por el gusano de la
conciencia, que constantemente roe, pues por su propia culpa se ven
privados de Mí y del trato con los ángeles y se hicieron dignos del trato con
los demonios y de su visión.
La visión del
demonio, que es el tercer tormento, les redobla todos sus sufrimientos ...
viéndolos se conocen más a sí mismos, esto es, conocen que por culpa suya son
dignos de ellos... ven su propia figura tan horrible, que no la puede imaginar
corazón humano...
El cuarto
tormento es el fuego, que arde y nunca se acaba. ... El alma... La quema
y hace sufrir con penas grandísimas, de modos diversos según la diversidad de
los pecados, a unos más y a otros menos en conformidad con la gravedad de la
culpa.
De estas cuatro
clases de tormentos proceden los demás, como frío, calor, rechinar de dientes.
Así reciben la muerte eterna, tan miserablemente...” (Maria Mensajera, Zaragoza, Núm. 260, septiembre 2002)
Beata Sor Faustina Kowalska,
en: María Mensajera, Núm. 222, Julio 1999.
Fundación María Mensajera, Apartado de Correos, 839, E-50080 Zaragoza
"Es
un sitio de gran tormento. ¡Cuán terriblemente grande y extenso es! Las clases
de torturas que vi:
1. La primera
tortura que vi es la privación de Dios;
2. la segunda es
un perpetuo remordimiento de conciencia;
3. la tercera es
que la condición de uno nunca cambiará;
4. la cuarta es
el fuego que penetra en el alma sin destruirla - un sufrimiento terrible, ya
que es puramente fuego espiritual, - prendido por la ira de Dios.
5. La quinta
tortura es una obscuridad continua y un olor sofocante terrible. A pesar de la
obscuridad, los demonios y las almas de los condenados se ven entre ellos;
6. y la sexta
tortura es la compañía constante de Satanás;
7. la séptima
tortura es una angustia horrible, odio a Dios, palabras indecentes y
blasfemias.
Existen
tormentos especiales destinados para almas en particular. Estos son los
tormentos de los sentidos. Existen cavernas y fosas de tortura donde cada forma
de agonía difiere de la otra. ... Permiten saber al pecador de qué forma serán torturados - para toda la
eternidad -, los sentidos que
utilizó para pecar. La mayoría de las almas que estaban allí, eran aquellas
que no creyeron que existía el infierno."
Meditación sobre el infierno (de Fray Luis de Granada y San Pedro de
Alcántara)
Fray Luis de Granada: De la gloria de los
bienaventurados
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