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ETIKA E15H44 |
EL INFIERNO |
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Alejandro Casona |
Quevedo en el Infierno |
Gracias a Jordi Mota
para el regalo. |
Zitate aus
Alejandro Casona:
El Caballero
de las Espuelas de Oro
Espasa-Calpe, S. A., Madrid, 1972
Der Caballero mit den
goldenen Sporen
Auch dies wird noch übersetzt
(p. 51) VOZ DE QUEVEDO. « Yo que en mis sueños vi tantas cosas que son burla
de la fantasía y ocio del alma, halléme un día en un lugar de donde nacían dos
sendas contrarias : la una estrecha, llena de abrojos y asperezas ;
la otra ancha, llena de carrozas, de galas y hermosura. Aquella estrecha era la
senda de la Virtud, por donde iban pocos, y esos pocos, desnudos y descalzos. Yo,
como soy amigo de buena compañía, tomé por la contraria, por donde iban tantos (p.
52) carruajes y mujeres, tanta música y fiesta… Y andando, andando…
andando…
(Oscurece
totalmente el escenario…)
ARCHIDIABLO. - …
¡Largo, malditos! …
(p. 53) QUEVEDO. – Antes que nada quisiera saber:
de los siete pecados capitales, ¿cuál es el que arrastra más gente aquí ?
ARCHIDIABLO. – El
primero, la Soberbia, que fue el de mi Señor Lucifer, cuando fue en el cielo
lucero amotínado. Después, la
Ira, la Envidia y la Avaricia.
QUEVEDO. - ¡Qué
extraño ! Allí nos dicen siempre que el peor es la Lujuria.
ARCHIDIABLO. –
También aquí lo creíamos al principio. Pero ya estamos muy desengañados de ese
pecado traidor, que en su proprio veneno lleva su medicina;y, muchas veces,
apuntando al infierno, acaba dando en la salvación.
(p. 54)
QUEVEDO. ¿Qué vendaval es ése que sale de aquella jaula?
ARCHIDIABLO. –
Son los suspiros de los enamorados.
QUEVEDO. -
¿Tántos hay en el infierno?
ARCHIDIABLO. –
Infinitos, porque todos están enamorados de si mísmos ; muchos de su
dinero ; otros de sus palabras, y algunos hasta de las mujeres.
QUEVEDO. – Al
otro lado veo una pradera con un inmenso rebaño de bueyes tumbados al sol… ¿Qué hacen allí ?
ARCHIDIABLO.
– No son bueyes. Son esos que
en la tierra llamáis maridos consentidos.
QUEVEDO. -
¿Tenéis para ellos algún tormento
especial?
ARCHIDIABLO. – El
peor de todos: primero, llenarles el cuerpo de lujuria, y después, quitarles la
herramienta.
(p. 55)
ARCHIDIABLO. … (Latigazo.) ¡Fuera
ese diablo que no sabe lo que se diabla ! ¿Y tú ? ¿Qué mercadería
traes ahí?
DIABLO ROJO. –
Siete libreros convictos y confesos.
ARCHIDIABLO.- Es
de la mejor leña que aquí se quema. ¡A la hoguera!
(p. 56) QUEVEDO.
– Una última cosa quisiera saber. ¿Es cierto que en todo este reino no hay un
solo escribano, ni un solo pobre, ni una sola mujer hermosa?
ARCHIDIABLO. –
Cierto es. A los escribanos no los admitimos por temor: no sea que empiecen a
escribir folios y acaben alzándose con el negocio. A los pobres no los envían
porque ¿qué podrían padecer aquí que no hubieran padecido ya ? Y en cuanto a las mujeres hermosas, las
tenemos a todas colocadas en la tierra para que nos manden parroquianos.
(p. 60)
ARCHIDIABLO. - ¿No lo conoces? Es el Alma de Garibay,que nunca fue lo
bastante loco ni lo bastante cuerdo, ni lo bastante bueno ni lo bastante malo.
En cosa de justicias y gobiernos tampoco se atrevió a estar entero con ninguno
de los dos bandos. Y ahora… no lo quieren ni en el cielo ni en el infierno.
¡Largo de aquí, media alma! (lo echa a latigazos…)
QUEVEDO.- ¿Qué
viento frío es éste? ¿Y por
qué huyen todos?
…
QUEVEDO. – Veo
una extraña mujer… ; que no tiene cara ninguna y tiene todas las caras
posibles… ¿Quién es esa mujer ?
MUERTE. -¿No me conoces,
Francisco ? Yo soy la que trae al dichoso lo que más teme y al desdichado
lo que más desea.
(p. 61) QUEVEDO. - ¿La Muerte ?
MUERTE. – La
Muerte. … ¿Por qué retrocedes?
QUEVEDO. – No te
esperaba. Ni te imaginaba
así. Allá te pintan toda huesos.
MUERTE. – Eso no
es la Muerte ; es lo que queda de los vivos. La Muerte la lleváis todos
dentro ; la de cada uno tiene su propio rostro, y todos sois muertes de
vosotros mismos, porque eso que llamáis nacer es es más que empezar a morir.
QUEVEDO. – Si la
de cada uno tiene su propio rostro, ¿dónde está la mía y todas las demás?
MUERTE. – En el
cortejo vienen: la muerte de amor y la muerte de hambre; la de frío, la de
miedo y hasta la muerte de risa.
QUEVEDO.-
Maravilla grande es que no teniendo más que una sola vida podamos tener tantas
muertes.
MUERTE. – La tuya
no llegó aún, Francisco. Pero si quieres saberentra en la zarabanda y
acompáñame. En pie todos, y a la danza, que la muerte no es descanso, es
tránsito. …¡Vamos! ¡Todos a una sola voz! … Al fin, por una vez, todos iguales.
(p.83) QUEVEDO.
Todo este mundo es prisión,
todo es cárcel y penar.
La cuba es cárcel del vino,
la troje es cárcel del pan ;
el cuerpo es cárcel del alma,
yde la tierra la mar.
(p. 96) Quevedo
fue detenido en el palacio del duque de Medinaceli la noche del 7 de diciembre
de 1639. No se le permitió tomar ninguna ropa de abrigo. Uno de los alcaldes de
Core encargados de su custodia, don Francisco de Robles, compadecido al verle
tiritar, le dio su ferreruelo.
Don Pedro de
Alderete, sobrino y heredero de Quevedo, hizo desaparecer los versos y sátiras
de su tío que consideró escandalosos. En cuanto a las famosas espuelas de oro,
le fueron robadas después de muerto para que un rico caballero las luciera
alanceando a un toro ; sacrilegio que, según la tradición, le costó la
vida.
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