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El Antecristo

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La asistencia del demonio

Madrid 1872, publicado en Internet 24-1-1999, 14-11-2007

 

El ANTICRISTO, SU PERSONA, SU REINADO, y consideraciones sobre su venida, segun las señales de la época presente. Obra escrita en francés por M. G. Rougeyron, Canónigo honorario de Clermont. Traducida por el Dr. D. Manuel Carbonero y Sol y Merás, Camarero Secreto de Capa y Espada de Su Santidad y Abogado de los Ilustres Colegios de Madrid y de Sevilla. Con licencia de la Autoridad Eclesiástica. Madrid. 1872. Pág. 16 – 19.

CAPÌTULO II.

DE CÓMO SE AUMENTARÁ EL PODER DEL ANTICRISTO

Cualquiera que sea el orígen y la nacion del Anticristo, sus medios de engrandecimiento serán muchos y poderosos. Los principales serán: la asistencia especial del demonio, el fanatismo *, las riquezas de los **, el auxilio de los incrédulos y de los impíos, la connivencia de los revolucionarios.

I. - La asistencia del demonio.

El demonio es el enemigo mortal del género humano, el autor de todo lo malo y el adversario del reinado de Cristo en este mundo. Todos los perseguidores grandes ó pequeños de la Religion cristiana, han obedecido á sus malignas sugestiones. El espíritu del infierno ha sido el que en todos los tiempos ha impelido á los impíos, inspirado sus discursos y provocado sus actos. Lucifer hacía entónces un ensayo de su génio y de su fuerza y se preparaba á la más grande de sus obras, esto es, á la formacion, ó mejor dicho, á la educacion de aquél por medio del cual logrará durante algunos años extender su infernal dominacion sobre todos los reinos de la tierra. Satanás y sus súbditos han trabajado ardientemente en todos los siglos para propagar el imperio del mal. Cuando lo hayan aumentado considerablemente, cuando lo hayan extendido hasta su último límite, suscitarán un hombre poderoso y audaz, que habiéndolo organizado políticamente le entregarán todas las fuerzas de la sociedad anticristiana y le harán reinar en todo el mundo.

Hablando San Juan del Anticristo en el Apocalípsis y al explicarnos cómo se formará, dice estas palabras proféticas: "y el Dragon le dará su fuerza y su poder." (Apocalipsis, cap. XIII, vers. 2.)

El príncipe de las tinieblas podrá hacer esta transmision de sí mismo de dos maneras. La primera será exterior y consistirá principalmente en prestar al Anticristo una asistencia contínua, en darle consejos llenos de astucia, en operar prodigios y en rodearle de signos extraordinarios para apoyar su poder naciente entre los hombres, así como vino en ayuda del pretendido profeta Mahoma y le facilitó el pronto establecimiento de su secta y de su imperio.

La segunda manera es intrínseca, dice el venerable Holzhauser. Tendrá lugar cuando Satanás se revista, por decirlo así, con el cuerpo y el alma del Anticristo, á fin de ser con él una sola persona; porque Lucifer, que es la más orgullosa de todas las criaturas, procurando imitar siempre el espíritu de Dios en todas las cosas, entrará en el Anticristo, le poseerá y se envolverá de cualquier manera en su cuerpo y en su alma desde el momento de su concepcion en el seno de su madre.

Por manera que el Anticristo, esta bestia terrible y maravillosa, como dice el profeta Daniel, realizará prodigios increibles por la fuerza y el poder del príncipe de los demonios que obrará en él y por él.

El Anticristo será, por tanto, una especie de demonio encarnado, un ensayo de union de la naturaleza diabólica con la naturaleza humana, una parodia sacrílega de la encarnacion del Hijo de Dios, una odiosa imitacion de esa adorable union hipostática de la naturaleza Divina con la naturaleza humana en Nuestro Señor Jesucristo.

Del mismo modo, pues, que en el Salvador comunicaba la Divinidad su poder y fuerza á la humanidad para hacer los mayores milagros á fin de probar al mundo su cualidad inefable de Hijo de Dios, así tambien Lucifer, empleando toda la energía de su naturaleza angélica, se esforzará en demostrar, por hechos prodigiosos, que el Anticristo es el enviado de Dios; que la Divinidad reside en él, y que es el verdadero Mesías prometido á los hombres desde el principio de los siglos.

Repitiendo estos prodigios durante muchos años, conseguirá sin gran esfuerzo engañar á cási todos los hombres, siempre dispuestos á dejarse seducir y subyugar por todo lo maravilloso.

De esta lamentable seduccion, sólo serán preservados aquellos cuyos nombres estén escritos en el Libro de la vida. (Epist. de San Pablo á los de Filippo, cap. IV, vers. 3.)

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