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ETIKA |
El Anticristo |
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E92A9N |
VICIOS
DEL ANTICRISTO: |
Madrid 1872 |
EL
ANTICRISTO, SU PERSONA, SU REINADO, y consideraciones sobre su venida, segun las
señales de la época presente. Obra escrita en francés por M.
G. Rougeyron, Canónigo honorario de Clermont. Traducida por el Dr.
D. Manuel Carbonero y Sol y Merás, Camarero Secreto de Capa y Espada de Su
Santidad y Abogado de los Ilustres Colegios de Madrid y de Sevilla. Con
licencia de la Autoridad Eclesiástica.
II. - Espíritu de ódio del Anticristo.
Dios
es esencialmente amor: Deus charitas est. (Epíst. I de
El demonio, que es el adversario de su Creador, es
esencialmente ódio. El Anticristo será su imágen
viva y perfecta. El espíritu de ódio habitará, pues, en él como en su
propia silla, é inoculará en sus sentimientos y en sus actos un veneno mortal
que se manifestará contra todas las cosas, pero principalmente contra Dios
Padre y contra Jesucristo, su Hijo, y por último, contra los hombres á quienes
se han dignado crear y rescatar en su misericordia infinita.
El
Anticristo, á la manera del espíritu de las tinieblas, su inspirador, sentirá
unos celos horribles ante el Dios Grande, Creador y Señor del cielo y de la
tierra: envidiará su eternidad, su grandeza infinita, su ciencia y su
omnipotencia, pero no su justicia y su bondad suma, porque estos dos atributos
inefables repugnarán á su alma perversa, de tal manera, que no podrá ni
envidiarlos. Su espíritu sólo tendrá ódio y venganza.
Sin embargo, viéndose obligado á reconocer que no podrá llegar jamás á las
perfecciones divinas é incomunicables, que le causarán envídia, se irritará,
rechinará sus dientes, rabiará de coraje (Salm. CXI,
vers. 12) y profesará al mismo tiempo un ódio
implacable á este Sér infinito, colocado sobre él á una altura tambien
infinita.
Copiamos
aquí las palabras del salmo CXI, porque segun algunos autores, el Anticristo, ó
el hombre de pecado, era el que tenía ante su vista el real Profeta, cuando
describia el furor del pecador, en rebelion abierta contra el Señor, y lleno de
celos por el brillo de su gloria.
Si
queremos tener una idea verdadera de este ódio extravagante contra Dios,
descendamos en espíritu á los infiernos, y escuchemos, si es posible, las
blasfemias y las imprecaciones de los demonios y de los condenados, contra el
Señor, cuya mano los tiene encadenados á un suplicio horrible y eterno.
Esa
misma pasion de ódio, todavía mayor acaso que su orgullo, será la que excite al
hijo de perdicion, para trabajar con una actividad inconcebible, á fin
de exterminar el culto, el amor, el servicio y el nombre de Dios sobre la
tierra.
Diríjase
una mirada retrospectiva sobre la historia de la Iglesia hácia la última mitad
del siglo IV, y se encontrará una muestra de ese ódio contra Jesucristo en el
reinado de Juliano el Apóstata, uno de los más famosos precursores del
Anticristo.
¿Qué
era lo que animaba é inspiraba las palabras y los hechos de este
astuto perseguidor
El
siglo XVIII ha producido tambien un hombre, en quien
no fué menos vivo este espíritu de ódio contra el
En
cambio aquel enemigo encarnizado de Jesus, Voltaire, en una palabra, que
estaba ridículamente celoso del renombre y de la celebridad de Jesucristo, que
escarnecia á sus ministros, tergiversaba su sagrada palabra, profanaba su
Sacramento más augusto, ridiculizaba, mentía y escribia con el único fin de
abolir su culto y su moral, su religion y su Iglesia, que él se atrevia á
calificar de infame, no tenía tanto poder material como Juliano, pero
hubiera causado mayores y más profundas llagas al Catolicismo, y no hubiera
dejado nada que hacer á los malvados del año 93, si la justicia de Dios no le
hubiera detenido en su guerra de esterminio.
Supónganse
fundidos en un solo hombres estos dos famosos
renegados da la fé cristiana, tan poderoso el uno por la fuerza material de que
disponia, y el otro por la influencia
Este
hombre, veraderamente poseido
Hé
aquí por qué trabajará principalmente por destruir la religiony la Iglesia Católica,
que conocerá ser la única verdadera religion y la única verdadera Iglesia del Divino Redentor.
Todos
los impíos han profesado este mismo ódio á la religion
verdadera, porque aunque generalmente han estado divididos entre sí, sin
embargo, han estado siempre conformes en perseguir al Catolicismo, y
principalmente á su augusto Jefe nuestro Santo Padre el Papa Vicario de
Jesucristo y Piedra fundamental de su edificio espiritual sobre la tierra.
En
nuestros mismos dias esos revolucionarios que levantan con tanta soberbia su
cabeza, y que hacen un alarde ridículo de su pretendido amor á la libertad, nos
ofrecen á cada paso una curiosa reproduccion de sus predecesores, cuando ponen
en práctica sus sistemas, que en realidad son de opresion y tiranía.
Todos
estos fautores de desórdenes, todos estos súbditos del infierno, de cualquiera
nacion que sean, parece obedecen á una misma voz de mando para combatir,
menospreciar y burlarse de los dogmas, del culto, de la gerarquía y de la
cabeza del catolicismo, al cual profesan tanto horror, porque es la verdadera
doctrina de Jesucristo, la única religion que ha descendido del cielo, la única
y verdadera sociedad espiritual que se ha establecido para perpetuar la
salvacion de las almas hasta la consumacion de los siglos.
A ejemplo de sus predecesores de tan triste
memoria, cuando luchan entre sí
Decimos
que el Anticristo no seguirá un plan de conducta
diferente, porque los revolucionarios y los impíos de todos los tiempos han
sido sin duda alguna sus representantes legítimos, sus espías, digámoslo así, y
acaso sus inmediatos predecesores.
El Anticristo será, por tanto, el jefe de los revolucionarios; los
organizará y los colmará de riquezas y de honores, prometiéndoles además
Doblegados
bajo la mano de hierro de su elegido hasta arrastrarse delante de su trono y
besarle los piés, le ayudarán con todas sus fuerzas, porque verán concentrado
en él, y armado con un poder inmenso, su ódio diabólico
contra el Senor y contra su Cristo (Salm. II, vers.
2.)
No
será ménor su ódio contra los hombres. El amor al prójimo
tiene su fundamento en el amor de Dios y de su Hijo encarnado. El que
ama á Jesucristo bajado
Los
impíos y los revolucionarios predican pomposamente la fraternidad jactándose de
ser los amigos sinceros de la humanidad cuando se aman solamente á sí mismos, y
no pretenden más que hacer de los hombres otros tantos escalones para elevarse
en poco tiempo á la celebridad, á la riqueza, á los honores y al poder.
Hace unos setenta años que hemos podido apreciar sus
obras.
Libertad, igualdad, fraternidad, gritaban por todas partes y en todos
los tonos, y al mismo tiempo mandaban á la guillotina millares de víctimas
inocentes, cuyo único delito era no ser cómplices de sus vicios y de sus crímenes.
El
ódio del Anticristo hácia los hombres, será todavía más violento y muy superior
al de Couthon, Marat y Robespierre, porque los menospreciará, los
tiranizará, los hollará como al lodo, y les hará perecer en masa sobre sus
numerosos campos de batalla.
Cuando
haya llegado á la cima de ese poder universal y
absoluto á que aspirará, los enviará indistintamente por millares á morir á sus
cárceles ó sobre sus innumerables cadalsos.
El
ódio del homicida Satanás que desde Adan y Eva se ha satisfecho en su raza con
horribles efusiones de sangre, se condensará en el alma feroz de su Hijo el
Anticristo, á fin de reproducir en un breve espacio de tiempo las crueldades
distribuidas en más de sesenta siglos, y de sobrepujarlas á todas para siempre
por un último y supremo esfuerzo de destruccion, de violencia y de tiranía.