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El Anticristo

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VICIOS DEL ANTICRISTO:
IV. Su lujuria

Madrid 1872
Publicado en Internet 22-2-1999, 14-11-2007

 

EL ANTICRISTO, SU PERSONA, SU REINADO, y consideraciones sobre su venida, segun las señales de la época presente. Obra escrita en francés por M. G. Rougeyron, Canónigo honorario de Clermont. Traducida por el Dr. D. Manuel Carbonero y Sol y Merás, Camarero Secreto de Capa y Espada de Su Santidad y Abogado de los Ilustres Colegios de Madrid y de Sevilla. Con licencia de la Autoridad Eclesiástica. Madrid. 1872. Pág. 48 - 50.

IV. - Lujuria del Anticristo.

Todos los tiranos, segun nos lo enseña la historia de todos los pueblos, han sido dominados por las pasiones vergonzosas de la carne. Entre todas ellas, la lujuria es, sin duda alguna, la que impulsa con más violencia á sus esclavos al abuso de la fuerza, á la injusticia y á los actos más tiránicos y bárbaros. La experiencia nos prueba tambien esta reciprocidad de efectos, demostrándonos la estrecha alianza de la impureza con la tiranía.

El Anticristo, que será el más cruel de los tiranos, estará tambien dominado, en castigo de su orgullo, por las más infames pasiones.

Mahoma y sus sectarios son el tipo y los precursores de este hijo de perdicion, puesto que, segun hemos dicho, nacerá entre ellos, reconstituirá su imperio, y les obligará á recibir sus leyes y sus costumbres anticristianas. Mahoma, que ordinariamente se alimentaba con dátiles y con agua, y que sólo alguna que otra vez añadia un poco de leche y de miel, sostenia, sin embargo, que amaba mucho á las mujeres y los perfumes, aficiones sensuales que han tenido siempre sus sectarios. El Anticristo se abandonará tambien en sus costumbres á los mayores excesos, segun lo predijo el Profeta Daniel en estos versículos:

37 ..... Y no tendrá respeto al Dios de sus padres: y será codiciador de mujeres, ni se cuidará de ningun Dios: porque se levantará contra todas las cosas. (Profecía de Daniel, cap. XI.)

Explicando estas palabras dos sábios comentadores, dicen que, segun San Jerónimo, el impío Antíoco trataba públicamente con las prostitutas á la vista de sus pueblos indignados.

El Anticristo no sólo hará lo mismo, sino que permitirá á todos sus súbditos, por una ley general, no solamente la pluralidad sino aun el comunismo de las mujeres.

A causa, sin duda, del asqueroso espectáculo de sus execrables desórdenes, ha sido designado por Daniel y San Jan con el nombre de la Bestia.

La lujuria, en efecto, es un vicio degradante y bestial, que asemeja á las bestias á todo el que á ella se abandona. Sicut equus et mulus, quibus non est intellectus (Salmo XXXI, vers. 9. - Véase la nota cuarta al final de este tomo.)


NOTA IV, pág. 50 (p. 277s.)

Se han aplicado justamente al Anticristo las palabras de un Santo Doctor que habia dicho de la infancia de Calígula y de Juliano, el Apóstata, que eran una mezcla de cieno y sangre: lutum sanguine maceratum.

Semejante el Anticristo á estos dos tiranos, sus malos instintos se acrecentarán con la edad, y su alma llegará á ser el receptáculo de todos los vicios.

Algunos autores se han ocupado en enumerarlos, fundándose en los textos sagrados que anuncian su venida y su reinado. San Gregorio, el Grande, habla de su hipocresía refiriéndose al siguiente versículo del cap. XXXIV del libro de Job, ver. 30. El es el que hace que reine un hombre hipócrita por los pecados del pueblo. Tambien se habla de su astucia segun la profecía de Jacob sobre los destinos de la raza de Dan; de su insolencia, su audacia y su temeridad segun el cap. VIII, vers. 23 y 24 de Daniel; de su astucia segun el mismo vers. 23 ya citado; de su avaricia, su rapacidad y su afan de amontonar riquezas, segun los versos 24, 28 y 38 del cap. XI de Daniel y de su orgullo, su vanidad y su ostentacion que manifestará por la suntuosidad de sus palacios, por su lujo y por la ereccion de estátuas colosales en honor de su persona.

Se sensualidad, so molicie y su lujuria, las satisfará en espléndidos festines, empelando los perfumes más exquisitos, los baños voluptuosos y abandonándose en escandalosas orgías á las pasiones más repugnantes.

Por último, su crueldad derramará á torrentes la sangre humana, y su impiedad le inducirá á emplear todos los medios posibles para destruir en el mundo el culto de Dios, y sustituirle con el suyo propio.

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