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ETIKA |
El Anticristo |
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E92A9Q |
Seducción
de los Pueblos por el Anticristo |
Madrid 1872 |
EL ANTICRISTO,
SU PERSONA, SU REINADO, y consideraciones sobre su venida, segun las señales de
la época presente. Obra escrita en francés por M. G. Rougeyron, Canónigo
honorario de Clermont. Traducida por el Dr. D. Manuel Carbonero y Sol y Merás,
Camarero Secreto de Capa y Espada de Su Santidad y Abogado de los Ilustres
Colegios de Madrid y de Sevilla. Con licencia de la Autoridad Eclesiástica.
V. - Seducción de los pueblos por
el Anticristo.
Los actos que son o parecen ser superiores a la naturaleza humana en su estado actual de duda, han tenido siempre el don de atraer a los hombres y de infundir en ellos la conviccion y la confianza.
Dios se ha reservado la facultad de hacer verdaderos Milagros, esto es, de realizar hechos prodigiosos, que son verdaderas derogaciones de las leyes ordenarias que estableció para el mundo de los cuerpos y de los espíritus, y que realiza ya directamente por sí mismo, ya valiéndose de sus más obedientes servidores. No solo para honrar su ardiente fé, sino para acreditar la mision que tienen entre sus hermanos.
El demonio, este mono infernal de la Divinidad, ha hecho siempre los mayores esfuerzos para realizar prodigios; pero no pudiendo derogar las leyes naturales que no ha establecido, y que por consiguiente no pueden suspenderse por su voluntad, emplea todo su poder y toda su ciencia, que son superiores a las nuestras, para operar, cuando Dios se lo permite, hechos prodigiosos que turban, o al menos lo parece, el orden natural de las cosas, y constituyen a nuestros ojos hechos sobrenaturales y sobrehumanos. A fin de asemerjarse a Dios, realiza estas operaciones extraordinarias, ya directamente y en persona, ya valiéndose de aquellos de sus súbditos, cuyos esfuerzos de seduccion quiere hacer valer cerca de las almas que intenta arrancar del servicio Divino para atraerlas a su propio servicio.
Desgraciadamentetenemos que reconocer que estos falsos milagros han producido siempre fatales resultados entre los hombres, que careciendo de fé, o estando en ellos entibiada, no han podido oponerla como escudo a los pérfidos ataques del enemigo.
En comprobacion de esta verdad, podriamos citar el ejemplo de los magos o adivinos de Egipto que sedujeron a Faraon y a toda su corte con sus diabólicos encantamientos; el de Simon Mago, que en tiempo de los Apóstoles y operando por la asistencia del demonio hechos maravillosos, llevaba detrás a toda la ciudad de Roma; el de Apolonio de Tian que a causa de sus hechos misteriosos y de una apariencia sobrenatural, era consultado y reverenciado como un Dios en toda el Asia; el del famoso Cagliostro que al fin del siglo pasado hizo creer a las tres cuartas partes de los espíritus fuertes de París, por sus falsedades y la habilidad de sus imposturas, que era un personaje extraordinario; y por último, el más reciente todavía de las mesas parlantes, que tantos partidarios tienen en Europa y América entre las clases que se llaman ilustradas.
Esta influencia y fuerza de atraccion y persuasion que ejerce todo acto maravilloso, nos da una idea de la seduccion que ejercerá el Anticristo cuando se presente en el mundo revestido con el poder que posee el Príncipe de los ángeles caídos, no sólo sobre las facultades de los hombres, sino sobre los elementos de la naturaleza material.
Tres o cuatro versículos del Apocalípsis nos indican hasta donde llegará su poder, pues hablando de la Bestia, dicen:
(cap. XIII.) 5. Y le fué dada boca con que hablaba altanerías, y blasfemias: y le fué dado poder de hacer aquello cuarenta y dos meses.
6. Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar su nombre, y su tabernáculo, y a los que moran en el Cielo.
7. Y le fué dado que hiciese guerra a los Santos, y que los venciese. Y le fué dado poder sobre toda tribu, y pueblo, y lengua, y nacion.
8. Y le adoraron todos los moradores de la tierra: aquellos cuyos nombres no están escritos en el Libro de la Vida del Cordero, que fué muerto desde el principio del mundo.
Así, pues, estas cosas y estos hechos tan grandes, admirables, misteriosas y superiores a la inteligencia humana, que dirá y hará el Anticristo, seducirán a todas las naciones, y las llevarán insensiblemente a creer que la Divinidad reside en él, y que es el verdadero Mesías, hijo de Dios, prometido en otro tiempo a nuestros padres como Redentor del Mundo.
En el Evangelio, segun San Mateo, capítulo XXIV, se lee lo siguiente:
24. Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos Profetas: y darán grandes señales, y prodigios, de modo que, si puede ser, caigan en error aun los escogidos.
Pero como los escogidos estarán predestinados para el Cielo, la gracia del Salvador los fortificará en medio de las más horribles persecuciones, y preferirán el martirio y la muerte a la apostasía, que verán con dolor profundo venerada y triunfante en todas partes.
Los males que sufrieron los elegidos del Señor bajo Antíoco, Diocleciano y Juliano el Apóstata, en la época del terror y bajo los demás precursores del Anticristo, nos dan una idea verdadera de las horribles angustias que pesarán en esta época sobre los verdaderos hijos de Dios y los discípulos fieles de Jesucristo.
Cuando Antíoco y sus satélites incendiaban y saqueaban las ciudades de Judea, profanaban el templo de Jerusalen, asesinaban a los patriarcas y a los levitas, a los ancianos y a los jóvenes, a las doncellas, las mujeres y los niños; si este príncipe, además de sus amenazas y de sus suplicios, a fin de separar a los Israelitas del verdadero culto de Dios, hubiese realizado personalmente prodigios extraordinarios para probar la falsedad del culto que prohibía con tanto rigor, Eliazar, la madre de los Macabeos, y todos los observadores fieles de la Ley Divina hubieran sufrido una horrible tentacion.
Si cuando Diocleciano, y Maximiniano, y Galerio, y Maximino hacian ejecutar en todas partes su abominable decreto de exterminio contra el nombre cristiano en el Imperio, y cuando por todas partes las hogueras, los potros, las prisiones, los verdugos y el hierro se empleaban en hacer sufrir a los héroes de la fé cristiana; si en aquella época, viajando estos crueles perseguidores por sus provincias, y haciendo quemar incienso delante de sus personas y sus estátuas, hubieran añadido a la fuerza de su poder la autoridad moral de hechos maravillosos y sobrehumanos, sería difícil describir el estado de estupor, de abatimiento y de consternacion en que hubieran caido los cristianos ante este espectáculo de acontecimientos prodigiosos, realizados en prueba de la falsed de sus creencias.
La misma reflecion podríamos hacer sobre la política astuta a cruel de Juliano el Apóstata, en el siglo IV, y sobre la época del Terror, que llenó la Francia de ruinas y de sangre, a fin de sustituir el Catolicismo con el reinado de la falsa filosofia, y el culto del verdadero Dios con el de la diosa Razon. Si Juliano y sus ministros, si Robespierre y sus seguaces hubiesen poseido el don de hacer milagros, y los hubiesen realizado a la vista del pueblo, en corroboracion de sus pretendidos derechos y de los errores de sus padres, el número de las seducciones y de las apostasías hubiera sido incalculable.
En nuestros dias tenemos tambien un ejemplo de la seduccion que el espíritu de las tinieblas ejercerá sobre las almas por medio del Anticristo. En efecto: en Italia hemos visto que, con escarnio del derecho de gentes, se ha organizado oficialmente el latrocinio, se ha atacado sin declaracion de guerra a príncipes inofensivos, se han sublevado sin motivo poblaciones enteras contra sus soberanos legítimos, y al mismo Papa, despues de haberle ultrajado y hecho prisionero, se le han robado sus dominios temporales.
Pues bin; ante estos escandalosos atentados existen muchos hombres que habiendo olvidado las verdaderas nociones del derecho y de la equidad, no solamente no se han indignado, sino que los han aprobado y defendido.
· Es más, estos hombres creen que sostienen la verdad, se imaginan que trabajan para el bien y piensan, en una palabra, como aquellos perseguidores anunciados por el Evangelio, que trabajan en servicio y para gloria de Dios, cuando violan y desprecian las leyes más sagradas de la conciencia, de la justicia y del honor.
2 ... sed venit hora ut, omnis qui interficit vos arbitretur so obsequium praestare Deo. (Evangelio segun San Juan, cap. XVI.) ((16,2))