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ETIKA E |
M. G. Rougeyron |
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El Anticristo |
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92A9ZA |
Muerte del Anticristo,
seguida de la conversión de los Judíos |
15-12-2004, 14-11-2007 |
El ANTICRISTO, SU
PERSONA, SU REINADO,
y consideraciones sobre su venida, segun las señales de la época presente.
Obra escrita en francés por M. G.
Rougeyron, Canónigo honorario de Clermont.
Traducida por el Dr. D. Manuel Carbonero y Sol y Merás, Camarero Secreto de
Capa y Espada de Su Santidad y Abogado de los Ilustres Colegios de Madrid y de
Sevilla.
Con licencia de la Autoridad Eclesiástica. Madrid. 1872. p. 106 – 109
La
Historia nos enseña que todos los enemigos de Jesucristo, todos los
perseguidores de su Iglesia, todos los Anticristos grandes y pequeños , cuyo
catálogo sería largo enumerar, han perecido miserablemente, revelando de
esta manera cuán terrible ha de ser el fin de aquel que será el jefe de todos
ellos por su poder y por su malicia.
Cuando
el Anticristo vea que Henoc y Elías, sus dos formidables
adversarios, resucitan y suben al cielo, será presa de un terror mortal, y
rabiará de coraje. Cegado por su orgullo y por su despecho ante las naciones,
que empezarán á dudar de la solidez de su trono y de la realidad de su orígen
divino, empleará, á fin de retenerlos bajo su cetro y en su error, la ayuda de
los demonios y de Satanás, su príncipe, que se apresurarán á correr en su
socorro. Fortalecido con su auxilio, saldrá de su capital con gran pompa,
subirá al monte próximo á ella, y desde su cima, y á presencia de una inmensa
multitud, se elevará por los aires con gran majestad, buscando á Henoc y Elías
para librar contra ellos una nueva batalla en las nubes y precipitarlos sobre
la tierra. En este momento, en que llevará su soberbia al último límite, será
cuando se realice la profecía de San Pablo, que dice:
8. Y entónces se descubrirá aquel perverso, á quien el
Señor Jesús matará con el aliento de su boca, y le destruirá con el resplandor
de su venida (Epíst. II á los de Tesalónica, cap. II) :
El Apocalipsis nos da á entender cómo se verificará este
súbito castigo, en el siguiente pasaje:
13. Y en aquella hora fué hecho un
grande terremoto, y cayó la décima parte de la ciudad: y en el terremoto
fueron muertos los nombres de siete mil hombres: y los demás fueron
atemorizados, y dieron gloria á Dios del cielo (Cap.
XI.).
En el
instante, pues, en que el hijo de perdicion, elevándose
por el aire, vaya á desaparecer entre las nubes, se levantará un viento muy
grande, seguido de un espantoso temblor de tierra, que trastornará toda aquella
comarca, destruyendo mucha parte de la grande ciudad. Los falsos doctores y sus
adeptos perecerán cási todos, y el Anticristo será precipitado
desde lo alto del cielo á lo profundo de la tierra entreabierta, cayendo
vivo en el fondo de los infiernos. El trágico fin de Simon el
Mago, que elevándose en Roma por los aires con la asistencia del espíritu de
las tinieblas, cayendo enseguida por virtud de las
oraciones de San Pedro y de San Pablo sobre el suelo, donde se destrozó su
cuerpo y murió, segun lo refiere la Historia, es una imágen, y acaso un anuncio
de la terrible catástrofe en que perecerán el Anticristo y sus infames
adoradores (véase la nota 6.a al final de este tomo.)
Entonces
será, segun la opinion más probable, cuando los Judíos, que le sobrevivirán,
viendo con sus propios hijos los terribles castigos de la justicia divina y el
exacto cumplimiento de los anuncios de Henoc y de Elías, recordarán las
exhortaciones que les hacían á la penitencia, y comenzarán á ponerlas en
práctica. Entonces será cuándo, habiendo sido testigos de la impostura de tan
abominable tirano, pedirán misericordia al verdadero Dios, conviertiéndose á Él
y á su verdadero Cristo Jesús Nazareno, crucificado en otro tiempo por sus
padres. Videbunt in quem tranfiserunt (Evang. segun San Juan, cap. XIX,
ver. 37.)
Esta
conversion completa del pueblo judío está anunciada terminantemente en las
Sagradas Escrituras, y ha sido siempre una de las piadosas creencias ó
esperanzas de los cristianos.