ETIKA E

M. G. Rougeyron

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El Anticristo

 

92A9ZD

Epoca venturosa

4-7-2014

En alemán / auf deutsch: Bekehrung aller Völker unter Mitwirkung der Juden;
am Ende dazu Kurzkommentar

El ANTICRISTO, SU PERSONA, SU REINADO,
y consideraciones sobre su venida, segun las señales de la época presente.
Obra escrita en francés por M. G. Rougeyron, Canónigo honorario de Clermont.
Traducida por el Dr. D. Manuel Carbonero y Sol y Merás, Camarero Secreto de Capa y Espada de Su Santidad y Abogado de los Ilustres Colegios de Madrid y de Sevilla.
Con licencia de la Autoridad Eclesiástica. Madrid. 1872.
Cap. XIV. p. 132-141

DE LA ÉPOCA VENTUROSA QUE SEGUIRÁ Á LA CONVERSION DE LOS JUDÍOS.

 

Se ignora la duracion fija de la época feliz que seguirá á la conversion de los Judíos. Muchos expositores, y entre ellos Holzhauser, dicen que será muy corta, y que precederá inmediatamente al Juicio final. Otros, por el contrario, opinan que esta época durará acaso muchos siglos, durante los cuales completará Dios el número de sus elegidos. Parece, pues, que esta dificultad, sólo puede resolverla el tiempo, por cuya razon nos abstenemos de inclinarnos á ninguna de las dos opiniones expuestas.

San Pablo hablando de esta epoca en que habrán desaparecido todos los enemigos de Dios, dice en su primera Epístola á los de Efeso:

10. Para restaurar en Cristo todas las cosas en la dispensacion del cumplimiento de los tiempos: así las que hay en el cielo, como en la tierra, en el mismo: (Epístola á los de Efeso, cap. 1.)

Es decir, que el Señor operará en su dia la recapitulacion de todo cuanto ha hecho para levantar al hombre de su caida, obteniendo la rehabilitacion plena de todo el género humano.

Este estado maravilloso de la humanidad constituirá una nueva era del mundo, cuyo nombre nos revela el Príncipe de los Apóstoles en el discurso que pronunció á los Judíos en el dia después de la Páscua.

19. Arrepentios pues, y convertios, para que vuestros pecados os sean perdonados:

20. Para que cuando vinieron los tiempos de refrigerio (tempora refrigerii) delante del Señor, y enviare á aquel Jesucristo, que á vosotros fué predicado:

21. Al cual ciertamente es menester que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauracion de todas las cosas (usque in tempora restitutionis omnium), las cuales habló Dios por boca de sus Santos Profetas, que han sido desde el siglo. (Hechos de los Apóstoles, cap. III.)

Sin que patrocinemos enteramente la opinion de los que sostienen que ántes del Juicio final se verificará una restauracion completa de la humanidad, hasta quedar anulados por completo los funestos resultados de la primera caida; y sin admitir en absoluto la restitucion al estado de justicia y felicidad terreste de que disfrutó el hombre al salir de las manos de su Criador, fuerza es convenir en que estos dos pasajes de San Pablo y de San Pedro se refieren á la era feliz de una admirable restauracion, durante la cual recobrarán muchas cosas sobre la tierra el lugar que ocupaban en aquel órden admirable, establecido por Dios al principio del mundo, y que por desgracia fueron arrancadas de su asiento por las consecuencias funestas de pecado original.

El Apóstol San Pablo parece nos confirma en esta opinion cuando en su Epístola á los Romanos, dice:

19. Porque el gran deseo de la criatura espera la manifestacion de los hijos de Dios.

20 Porque la criatura está sujeta á la vanidad, no de su grado, sino por aquel, que la sometió con esparanza:

21 Y porque la misma criatura será liberada de la servidumbre de la corrupcion á la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

22. Porque sabemos, que todas las criaturas gimen, y están de parto hasta ahora.

23. Y no sólo ellas, mas tambien nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espiritu: aun nostros gemimos dentro de nostros, esperando la adopcion de hijos de Dios,  la redencion de nuestro cuerpo. (Cap. VIII.)

Cada una de estas expresiones sagradas parece contienen un misterio, que sin duda fueron explicados á los fieles de la primitiva Iglesia, habiendo impedido los siglos que estas aclaraciones llegarán hasta nosotros. San Pedro, San Pablo, San Juan y Santiago hacen frecuentemente alusiones á ellas en sus Epístolas; pero la tradicion no nos las ha trasmitido, debiendo nosotros suplir esta falta, procurando darles una explicacion satisfactoria.

En los pasajes citados se dice: Que áun las criaturas insensibles esperan con impaciencia este gran acontecimiento, del cual participarán tambien. Desde luego se advierte que estas expresiones anuncian una trasformacion futura de la naturaleza material, después de la cual los elementos que la componen estarán mucho más en armonía que hoy, que desquiciadas por el pecado del hombre están sufriendo á pesar de ser insensibles al ver que por la voluntad divina están sometidas á la voluntad del hombre y á servir en sus manos de instrumentos de iniquidad.

Y están de parto, es decir, están sufriendo terribles dolores, porque del mismo modo que la reparacion humana se está verificando dolorosamente desde hace muchos años, así tambien se está obrando la emancipacion de todas estas cosas de la corrupcion á que fueron sujetas en otro tiempo.

Pero, por último, participarán de la gloriosa libertad de los hijos de Dios. La Profecía anuncia enseguida la reparacion completa para el cuerpo y el alma del hombre; porque no sólo la materia, sino nosotros tambien, que poseemos las primicias del Espíritu, y que estamos regenerados en cuanto al alma, y restaurados en parte en cuanto á la inteligencia y á la voluntad, suspiramos asimismo y esperamos el resultado de esa adopcion divina, la redencion de nuestro cuerpo, la restauracion completa y absoluta de nuestra naturaleza, que recobrará entónces su perfeccion primitiva.

La prueba de que tal es el sentido de las palabras de San Pablo, es la frase siguiente, que dice que no estamos salvados más que en esperanza; spe salvi facti summus, frase que demuestra que podemos obtener la salud eterna por los méritos de Jesucristo, muerto por nosotros; pero que sin embargo no hemos sido regenerados sino parcialmente, debiendo verificarse la redencion  total en una época y por un acontecimiento que deben ser el objeto de nuestras esperanzas.

Además tenemos otra prueba de esta época futura de santidad en el Evangelio, segun San Márcos, cuando el Divino Maestro, después de bajar del Monte Tabor, dijo á sus discípulos:

11 ....: Elías, cuando vendrá primero, reformará todas las cosas: y como está escrito acerca del Hijo del Hombre, debe padecer mucho, y será despreciado (Cap. IX.).

Desde luego se advierte que existe grande analogía entre estas palabras y las de la antigua profecía de Lamech, relativas á su hijo Noé. Este Patriarca debia aliviar, facilitándole, el trabajo del hombre; es decir, asistir al principio de la rehabilitacion, que consistia en la fertilidad dada á la tierra por el Diluvio, en el castigo impuesto á los impíos por aquel cataclismo, y en la renovacion social que tuvo lugar á la salida del Erca.

El Profeta Elías, al final de los tiempos presentes, reformará todas las cosas, restituet omnia, es decir, que será el promovedor del perfeccionamiento de la humanidad, que consistirá en aplicar de una manera más perfecta al hombre los frutos de la Redencion, como se infiere de las siguientes palabras de Nuestro Señor, anunciando á sus Apóstoles los acontecimientos de los últimos tiempos:

28. Cuando comenzaren, pues, á cumplirse estas cosas, mirad, y levantad vuestras cabezas: porque cerca está vuestra Redencion. (Evang. segun San Lúcas, xap. XXI.)

Elías sufrirá, pero sus sufrimientos tendrán por recompensa inmediata una lluvia copiosísima de bendiciones espirituales y temporales sobre esta raza humana, que en nombre del verdadero Redentor será conducida á la salvacion por las predicaciones y trabajos del mismo Elías, más feliz en esto que Noé, cuyas caritativas exhortaciones y cuyos piadosos ejemplos de sumision á Dios no sirvieron de nada á sus incorregibles contemporáneos.

En el Antiguo Testamento se encuentran otros muchos textos que confirman la conversion de todos los pueblos de la tierra al verdadero culto del Señor. En la imposibilidad de copiarlos todos, nos limitaremos á transcribir la oracion profética contenida en el cap. XXXVI del Ecclesiástico, y que los resume todos. Esta celebre profecía aclara y justifica cuanto hemos dicho sobre la conversion de los Judíos y sobre la eficacia de su celo para aquella admirable conversion del mundo, á que se referian sus antepasados, cuando cantando en el templo exclamaban:

16. Y temerán las naciones tu nombre Señor, y todos los Reyes de la tierra tu gloria. (Salmo CI.)

Como este versículo tiene dos partes, la que ha sido ya cumplida prueba que se realizará la otra cuyo cumplimiento esperamos.

Al recitarlo uniremos nuestra intencion á la del Santo Profeta, y rogaremos, como él, á Dios acelere la llegada de estos tiempos felices en que será conocido, amado y servido, con Jesucristo su Hijo, por toda la tierra, en que se completará el número de los elegidos, y en que madurará por completo la abundante mies, que en el Juicio final ha de recoger en sus graneros eternos.

1 .  Ten piedad de nosotros, Dios de todas las cosas, y vuelve á mirarnos, y muestrános la luz de tus misericordias:

2 . E infunde tu temor á las naciones, que no te buscaron, para que entendian, que no hay otros Dios sino tú, y cuenten tus maravillas.

3 . Alza tu mano sobre las naciones extrañas, para que experimenten tu poder.

4. ... 5. ...

6 . Renueva los prodigios, y haz nuevas maravillas.

7. ... 8. Despierta la saña, y derrama la ira.

9. Destruye al adversario, y aflige al enemigo.

10. 11. 12. 13. 14. 15. 16. 17. 18. 19. ... y sepan todos los moradores de la tierra, que tú eres el Dios inspector de los siglos.

(nota ETIKA: abbrev.)

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