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M. G. Rougeyron

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El Anticristo Parte segunda. Proximidad de la venida del Anticristo

 

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Señales precursoras de la ultima persecucion

30-4-2015

El ANTICRISTO, SU PERSONA, SU REINADO,
y consideraciones sobre su venida, segun las señales de la época presente.
Obra escrita en francés por M. G. Rougeyron, Canónigo honorario de Clermont.
Traducida por el Dr. D. Manuel Carbonero y Sol y Merás, Camarero Secreto de Capa y Espada de Su Santidad y Abogado de los Ilustres Colegios de Madrid y de Sevilla.
Con licencia de la Autoridad Eclesiástica. Madrid. 1872.
Parte segunda. Cap. VI. p. 168-173.

SEÑALES PRECURSORAS DE LA ULTIMA Y GENERAL PERSECUCION.

En el cap. XXXVIII del Profeta Ezequiel, en el VII y XI de Daniel, y en el XX del Apocalípsis se habla de una guerra terrible que hará el demonio contra los servidores de
Dios.

Es indudable que esta guerra será la del Anticristo, como se deduce de los curiosos pero imponentes pasajes citados. San Juan para caracterizarla empleó casi las mismas palabras que Ezequiel, porque segun él, el hombre de pecado, engañará las gentes, que están en los cuatro ángulos de la tierra, á Gog, y á Magog, y los congregará para batalla ... y cercaron los reales de los Santos, y la ciudad amada (Apocalípsis, cap. XX, versículos 7 y 8.)

Segun la interpretacion de los Doctores, que se apoya además en la opinion de San Jerónimo y de San Agustin, las expresiones misteriosas de Gog y Magog significan todos los hombres orgullosos é impíos, los heresiarcas, los propagadores de malas doctrinas; esos inventores de sistemas irreligiosos; esos hombres que se llaman hoy revolucionarios; esos espíritus enfatuados con su soberbia medianía, que no pueden resolverse á obedecer; esos agitadores ávidos de mando y dispuestos á trastornarlo todo en el mundo, á fin de escalar el poder; en una palabra, todos los malos, cuyo número en los últimos tiempos igualará al de las arenas de los mares, segun la triste prediccion del Apocalípsis: Quorum numerus est, sicut arena maris (Apocalípsis, cap. XX, vers. 7.)

Reunidos todos estos elementos por un complot infernal, sitiarán la Ciudad Santa, es decir que declararán la guerra á la Iglesia Católica la ciudad amada de Dios sobre la tierra, hasta que el fuego del cielo los trague y los meta con su execrable jefe en el estanque de fuego y de azufre, donde serán atormentados eternamente (Apocalípsis, cap. XX, vers. 8, 9 y 10.)

Ahora bien, ¿en qué época debemos creer que tendrá lugar este desencadenamiento general contra el Catolicismo y contra el Pontificado que es su cabeza?

Recordemos las humillaciones que está sufriendo la Iglesia desde hace un siglo, y veremos á Gog y á Magog, es decir, á los señores del mundo, los poderosos de la tierra, los corifeos de la filosofia, de la revolucion y de la herejía, elevarse contra la religion católica, para combatirla con toda clase de armas, y para abatirla y destruirla para siempre, si fuese posible.

La táctica de estos enemigos implacables de la Iglesia es muy astuta. A ejemplo de los Judíos que querian hacer morir á Jesus, necesitan tambien su muerte. Pero temiendo como éstos la indignacion popular, evitan cuanto pueden atacarla de frente y aniquilarla de un solo golpe. Así fué que en un principio se limitaron á suscitar mil dificultades en su gobierno y en la observancia de su antigua disciplina. Después y por instigacion suya, los poderes civiles, puerilmente celosos de su autoridad, elaboran y promulgan leyes tiránicas, que coartan su libertad y la envilecen á los ojos de los ignorantes, haciéndola descender del glorioso rango de reina á la triste condicion de sierva. No saben estos reyes insensatos que destruyendo la autoridad  de la Sagrada Esposa de Jesucristo cooperan á la completa ruina de la suya.

Además, ha sustiduido cierta moral humana á su moral celestial, y el dogma de la infalibilad gubernamental ó popular á su infalibilidad divina. Los pueblos ensayan gobernarse sin ella. Ciertos Gobiernos no la miran más que como una extraña, de cuyas intenciones sospechan, y se defienden atacándola y sometiéndola á la inspeccion de sus delegados, á la vigilancia de sus fiscales y á la investigacion de sus comisarios. Por otra parte, y en cuanto les ha sido posible, la han arrojado de las escuelas, de los hospitales, de las casas de beneficencia, de la administracion de sus propios bienes, y aun de las calles y plazas públicas. La han aprisionado y enterrado en sus templos, que ni siquiera la pertenecen, pareciéndose hasta en esto á su maestro Jesucristo, cuyo cuerpo fué depositado en un sepulcro que no le pertenecia (Soirées de Chazeron, tomo II, pág. 214.)

Después de algunos años, la persecucion comenzada dió un nuevo paso, apoderándose los enemigos de la Iglesia, de su Jefe, el Sumo Pontífice, porque sabian que si en un cuerpo es herida la cabeza, sufren todos los demás miembros, y que si la cabeza cae, los miembros mueren. Nunca como entónces sufrió la barca de San Pedro tan deshecha tempestad. No queremos, decian, más que privar al Papa del poder temporal, que no es necesario para el ejercicio de su autoridad soberana en el gobierno de la Cristiandad. Pero la verdad era que le arrancaron el poder temporal, porque comprendian que, privado de él, les sería más fácil abatir su poder espiritual.

Estamos, pues, en el período álgido de la revolucion, y es inevitable un cataclismo si Dios no se apiada del mundo y levanta su poderoso brazo para castigar á sus enemigos, y hacer que las puertas del infierno no prevalezcan contra la Iglesia.

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