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De los que escandalizan
a los niños

14-6-2014

Guia Práctica del Catequista en la enseñanza metódica y constante de la Doctrina Cristiana por el presbítero D. Enrique de Ossó, Catedrático del Seminario de Tortosa.
Barcelona. Tipografía Católica. 1872.

Tratado para encaminar á los niños á Jesucristo
escrito por
Juan Cárlos de Gerson,
doctor y canciller de Paris.

Consideración II.

De los que escandalizan á los niños , impidiendo de varios modos que se acerquen á Cristo Jesús.

“El que escandalizare á uno de estos pequeñuelos que creen en mí, mejor lo fuera que, atándole al cuello una piedra de molino, fuese sumergido en lo profundo del mar.” (Matth. XVIII, 6.)

Así se expresa Cristo, y no es permitido dudar de la terrible verdad de sus palabras; ni tampoco las que acabamos de citar se pueden tomar en un sentido puramente místico, entendiéndolas de los pequeñuelos en espíritu, cuando mejor se pueden interpreter literalmente de los pequeños en edad. A estos, sin duda, se refiere Jesucristo primero y principalmente, por ser muchísimo mas peligroso el escandalizarlos á ellos que á los demás creyentes, porque como asegura Horacio:

“Todos los jóvenes se doblegan á los vicios como la cera, y una vez corrompidos, es muy difícil enderezarlos á los caminos y regiones de la virtud.”

Por esto, deseando el poeta preservarlos de los escándalos, dijo:

“Al niño se le debe gran reverencia,”

esto es, debemos abstenernos siempre especialmente delante de ellos de toda accion lasciva, mala ó deshonesta, para no ofender su inocencia. A esto mismo se refieren las antes citadas palabras de Cristo:

“Dejad que los niños vengan á mí,”

Porque todo el que escandaliza á los niños, impide que se le acerquen. Finalmente, las dos veces que mandó esto, casi siempre alega el mismo motivo, esto es, la excelencia de los niños: pues dice en la primera, que

“de ellos es el reino de los cielos;“

y en la segunda, que

„sus Ángeles están incesantemente mirando la cara de su Padre, que está en los cielos.” (Matth. XVIII, 10).

Falta ahora enumerar las maneras que haya de escandalizar á los niños. Primeramente, el escándalo es una palabra ó una accion menos recta, que da occasion de pecar á los demás; de donde se sigue, que el que hace caer en pecado á los niños que van á Cristo por el camino de las buenas costumbres, los escandaliza. Esto puede verificarse de dos maneras, por obra y por palabras, y en ambos casos directa ó indirectamente.

Aquel escandaliza indirectamente que no impide el escándalo, cuando con su autoridad ó cargo podia y debia impedirlo, como se hace responsable al marinero que por su culpa dejó naufregar la embarcacion que dirigia; y tambien falta en esto cuando, queriendo impedir los escándalos, se deja arredar por las calumnias públicas, por las murmuraciones ocultas, por los daños que teme, y por otras mil maquinaciones del diablo. Este doble escándalo parece que dieron los Discipulos cuando impedian que los niños se acercasen á Cristo, y amenazaban á aquellos que los presentaban; pero la justa indignacion que experimentó Jesús, quien al verlos hacer esto lo llevó muy á mal, como nos dice el evangelista san Marcos (Marc. X, 14), es una prueba manifiesta de que en esto obraron, no segun la prudencia, sino muy irracionalmente.

¿Acaso tendrás esta conducta por poco indigna, cuando ella pudo turbar aparentemente la mansedumbre inmensa de Jesús, cuando pudo casi enturbiar, si hubiera sido possible, la clara fuente de la misma bondad? No recuerdo haber leido en parte alguna que se indignase contra ninguna otra accion aquel buen Jesús que sufria las maldades de los publicanos y pecadores, al mismo tiempo que contra él se indignaba la falsa justicia de los fariseos, que en son de queja decian: “Cómo es que vuestro Maestro come con los publicanos y pecadores?” (Matth. IX, 11).

Evitemos cuidadosamente ambos escándalos, hermanos, á fin de que la indignacion de Cristo no caiga sobre nosotros: porque si la indignacion del Rey acarrea la muerte, ¿cuánto mas temible sera la justa ira de todo un Dios? Mas los escándalos de palabra y de obra que pública y directamente se dan á los jóvenes, todos los conocen bien; pues hay hombres que cuando han obrado mal (Prof. II, 14), no solo se glorian y se alaban de las mayores maldades*, sí que tambien reunen con diabólica malicia todos cuantos compañeros pueden de sus crímenes, como si debieran únicamente trabajar para no perecer solos, ó para no ser echados á los infiernos sino muy acompañados.

El pueblo romano tuvo á un hombre de estas perversas intenciones en Catilina, y la Iglesia actualmente tiene á otros muchos mas perversos que aquel, “á quienes ha obcecado su malicia” (Sap. II, 21) para apartarse de la fe, y para que entregados en un sentido réprobo cometan aquellos delitos que ya muy de antemano habia indicado el Apóstol escribiendo á los romanos. (Rom. II). Y, lo que apenas nadie podrá creer, se entregan á crímenes mucho mas graves y dignos de abominacion.

No se contentan con envolver en su tan merecida como segura condenacion á los extraños y á los ancianos, no perdonan á vínculo alguno de parentesco, ni á la edad de la inocencia y pureza angelical, ni á criatura alguna la mas santa, sino que todo lo afean, todo lo corrompen con su execrable vida. !Tan grande es, pues, el desenfreno de sus desordenados apetitos, y tanto confunde lo lícito con lo ilícito aquel su ardiente y concentrado frenesí! Este es aquel triste estado que Origenes pintó exactamente, diciendo:

“que entre el demonio y un hombre que se deja llevar de las pasiones, no habia mas diferencia, sino que este se aventaja á aquel, para quien es sola pena esta frenética agitacion, mientras que ella se imputa al hombre por una culpa muy detestable.”

¿Y nos admirarémos, pues, de que en nuestros tiempos mas que en otros, “los pensamientos y los afectos del hombre sean propensos al mal desde la niñez” (Gen. VIII, 21), cuando los párvulos maleados por la original corrupcion de la naturaleza maman como la leche, si me es lícito hablar así, la lepra personal de los pecados?

Añádese á esto que muchos padres y maestros, ó no tienen cuidado alguno, ó lo ultimo en que piensan es vigilar las costumbres y la educacion cristiana de sus niños: por consiguiente, ¿qué tiene de extraño que estos caigan con tanta facilidad, cuando se los deja abandonados sin guia en el tenebroso y resbaladizo camino por donde los empuja el angel malo del Señor?

Y ojalá que solamente los dejaran abandonados y que no les presentaran con sus obras y con sus palabras ejemplos tan detestables y espectáculos tan repugnantes con las pinturas deshonestas y los escritos lascivos, en vista de los cuales ¿pueden menos de dejarse arrastrar al mal aquellos desgraciados inocentes? ¿Y no nos asegura el poeta, “que los ejemplos domésticos nos corrompen tanto mas fácil y prontamente, cuanto nos son mas respetables las personas que nos lo dan?”

Además, ¿qué hará el hijo, sino lo que viere que practica su padre? Aplicándose á esto aquel sentencioso verso de la Egloga: “Sigue al padre su descendencia;” se deja conocer que á muchos les es casi imposible hallar medio de corregirse, pues como dice Séneca:

“las cosas que antes eran vicios, pasan á ser ya costumbres.”

¿No os parecen acaso estos escándalos los mas á propósito para precipitar á los jóvenes en el camino de su perdicion? Y !ay! de estos infelices que escandalizan públicamente, no ya á uno, sino á muchos pequeñuelos de Cristo, impidiéndoles que se le acerquen!

No resolveré ahora si son peores estos que los que escandalizan oculta y secretamente á los rectos de corazon, pues son tambien muy injustos, como hemos dicho, los que ponen el escándalo, no inmediato y manifiesto ante los pies de los pequeñuelos, sino como de lado; poniendo asechanzas á sus guias y maestros, á quienes ridiculizan, infaman y calumnian, diciendo que no les enseñan la doctrina por devocion y religiosa piedad, sino por curiosidad, hipocresía ó por alguna otra torcida intencion. Hé aqui una astucia de zorra: mejor del diablo, que acechando por el flanco, muerde como la serpiente, y no deja que los párvulos vengan á Cristo: mal que es tanto mas irremediable que el primero, cuanto es mas difícil rechazar el enemigo oculto que el manifiesto. A semejantes escandalosos deberia haber refrenado aquel precepto del Sábio (Prov. III, 27):

“Guárdate de impedir el obrar bien, antes lo debes tú practicar siempre que puedas.“

“!Oh quién nos cogiera estas zorras pequeñas que destruyen las viñas” (Cant. II, 15)

y pisotean el floreciente jardin de la Iglesia, pues entran y trepan las sendas mas ocultas, y  nunca las podrán hallar sino siguiendo sus pisadas! ¿Y qué pisadas son estas? Ciertamente no son otras que la destruccion de todas las flores mas bellas, y el arrancar las plantas mas saludables, operaciones difíciles que raras veces practica el jardinero, temeroso de hacerse culpable.

Pero ¿por qué desgracia los hombres se transforman en zorras, y con qué gusto, mejor diré, por qué malignidad causan estos daños? De algunos se responde, que tal vez teman ponerse en descubierto; de otros, que los atormenta una envidia devoradora cuando ven que otros cumplen lo que ellos descuidan; á estos los agita el desprecio que hacen de la fe y de la Religion, ante los cuales la piedad es reputada por necia y despreciable locura; y finalmente, aquellos que se ven libres de estas fatales pasiones, se dejan oprimir, y despues de debilitados les atormenta la tibieza en la piedad, lo que provoca á nausea á Dios mismo.

!Ay, ay del mundo por estos escándalos! Mas les valiera á sus autores morirse, que escandalizar y perder á tantos, ya pública, ya privadamente, sobre todo cuando impiden que los párvulos vengan á Cristo.

 

 

 

Anmerkung * : Der Abschreiber erinnert sich, wie sich vor etlichen Jahrzehnten ein Wirt in T.g  gegenüber einem Gast rühmte, er habe seine Angestellte vergewaltigt und dafür vom Beichtvater nur eine geringe Buße auferlegt bekommen.

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