ETIKA E

 

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30.9.1997

11O1

Acto de Consagración a la Santísima Trinidad

L.A.U.T. Recomendación: El dia particularmente indicado para esta consagración es el aniversario del bautismo. Pero, es importante renovar a menudo esta consagración, no solamente en la fiesta de la Santísima Trinidad, sino cada vez que se asiste a Misa, cuando, en el Ofertorio el sacerdote pronuncia el "Suspice, Sancta Trinitas", y aún más en la Consagración, cuando la Iglesia eleva silenciosamente hacia Dios el Crucificado, realmente presente, SACERDOTE y HOSTIA DE LA TRINIDAD. 

ĦOh silenciosa y beatificante Trinidad, fuente suprema de luz, de amor y de inmutable paz!, todo en el Cielo, en la Tierra e incluso en los infiernos está ordenado a la alabanza de gloria de vuestro Nombre.

A FIN DE UNIRME A LA INCESANTE ALABANZA DEL VERBO, QUE DESDE LA PROFUNDIDAD DEL ALMA DE CRISTO SUBE HACIA VOS, YO ME OFREZCO POR ÉL, CON ÉL Y EN ÉL, A IMITACIÓN DE LA VIRGEN DE LA ENCARNACIÓN Y POR MEDIO DE SUS MANOS PURÍSIMAS, COMO HOSTIA DE LA TRINIDAD.

Padre amadísimo, la gracia de adopción de mi bautismo ha hecho de mí vuestro hijo. Guardadme. Que ninguna falta voluntaria venga a empañar, ni siquiera levemente, la pureza de mi alma; sino que mi vida, cada día más y más fiel, se eleve hacia Vos, en un abandono filial y sin límites del hijo que se sabe amado por la ternura de un Padre todopoderoso.

Oh Verbo, Pensamiento Eterno de mi Dios, Figura de su substancia y resplandor de su gloria, yo no quiero ya otra luz que Vos. Iluminad mis tinieblas con vuestra luz de vida. Que camine firme en la fe, más dócil a las iluminaciones de vuestra sabiduría, de vuestra inteligencia y de vuestra ciencia, en espera del día en que toda otra luz se desvanecerá en presencia de la fulgurante claridad de vuestra faz divina.

Espíritu Santo, que unís al Padre y el Hijo en una felicidad sin fin, enseñadme a vivir en todos los instantes y a través de todas las cosas en la intimidad de mi Dios, más y más consumada en la unidad de la Trinidad. Sí; por encima de todo, concededme vuestro Espíritu de amor para animar con vuestra santidad los menores actos de mi vida, a fin de que yo sea verdaderamente en la Iglesia, para la redención de las almas, y para la gloria del Padre: una hostia de amor para alabanza de la Trinidad.

Padre, Hijo y Espíritu Santo, Trinidad ardiente y creadora, que conducís a todos los seres del Universo con fuerza y suavidad hacia su eterno destino, asociadme a la fecundidad de vuestra acción. Dadme un alma de Cristo redentor.

Que mi vida se desarrolle enteramente en el plan de redención, con plena conciencia de que, a través de los más insignificantes detalles de una existencia humana, se realizan vuestros designios eternos. Que a la luz de vuestras inspiraciones y con el apoyo de vuestra gracia, yo escoja ser, en un lugar en que me habeis fijado, redentor con Cristo, colaborador con Él en la acción maravillosamente fecunda de vuestra Trinidad en el mundo.

Que todos mis actos estén llenos de esta justicia que salvaguarda, ante todo, los derechos de Dios, a fin de que Él sea en toda circunstancia el "Primer servido". Que todas mis acciones estén animadas de ese sentimiento fraterno para con los hombres, que da a cada uno lo que le es debido, pero con la sonrisa de la caridad, como conviene a los hijos de un mismo Padre que nos espera en los Cielos.

Dadme una fortaleza invencible. Que mi amor por Vos sea más fuerte que la muerte. Que mi voluntad no se doblegue jamás ante el deber. Que nada modere mi ardor en vuestro servicio. Inspiradme la audacia de las grandes empresas y dadme la fortaleza para realizarlas, si preciso fuera, hasta el martirio para la mayor gloria de vuestro nombre.

Os pido que me deis un alma pura, de una limpidez de cristal, digna de ser un templo vivo de la Trinidad. Dios santo, guardad mi alma en Cristo, en la unidad, con toda su potencia de amar, ávida de comulgar sin cesar en vuestra pureza infinita. Que atraviese este mundo corrompido, santa e inmaculada en el amor, en vuestra sola presencia, bajo vuestra única mirada, sin la menor mancha, sin la menor impureza que pudiera empañar en ella el resplandor de vuestra belleza.

Y Vos, oh Virgen purísima, Madre de Dios y del Cristo total, que teneis siempre como misión esencial dar a Jesús al mundo, formad en mí un alma de Cristo. Que asociada como Vos a todos los sentimientos del Verbo encarnado, pueda en cada uno de mis actos, manifestar a Cristo ante los okos del Padre.

Como Vos, yo quiero ser hostia para la Iglesia, amándola hasta dar mi vida por ella, queriéndola con el mismo amor con que la ama Cristo.

Hija del Padre, Madre del Hijo, Esposa del Espíritu Santo, unidme en la medida en que mi alma sea capaz, a todo el misterio de vuestra propia vida identificada a la de Cristo. Vos sois, después de Jesús, el modelo supremo de toda santidad, el ideal de todas las almas que querrán ser en la Iglesia, para la redención del mundo y para la mayor gloria de Dios, hostias de la Trinidad.

DESPUÉS DE ESTE MUNDO QUE PASA, CUANDO LAS SOMBRAS DE LA TIERRA SE HAYAN DESVANECIDO PARA MÍ, QUE MI VIDA DE ETERNIDAD TRANSCURRA ANTE LA FAZ DE LA TRINIDAD, EN UNA INCESANTE ALABANZA DE GLORIA A DIOS: PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO.

 

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