ETIKA E

FAMILIA

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13.6.2001

30F5D

Sobre la mujer

Mensajes; Francisco Hernández Yágüez

A La Sagrada Familia como ejemplo – B La familia

C Divorcio - E La familia en los tiempos actuales

 

La mujer, por su vida más retirada y su facultad afectiva más fuerte que la nuestra, conversa con Dios mejor que el hombre. En Dios encuentra consuelo a sus dolores, alivio en sus fatigas: que son las del hogar, procrear y soportarnos a nosotros los hombres. Y en Dios encuentra lo que enjuga sus lágrimas y la lleva a sonreír, porque ella sabe hablar con Dios.

 

Los hombres serán los gigantes de la doctrina, las mujeres serán las que, con su oración, sostengan a los gigantes y al mundo, porque se evitarán muchas descenturas por sus oraciones y penitencias. Por eso harán milagros, casi siempre invisibles, pero no menos reales, que Dios conocerá” (Hombre Dios. Vol. 5, pág. 786)

 

 

Pregunta Juan: “¿Maestro?, ¿No te parece que fue injusto el castigo que recibió la mujer?, pues el hombre también pecó”.

 

Jesús contesta: “Y qué vamos a decir del premio?. Está escrito: que por la mujer volverá el bien al mundo y Satanás será vencido (Gen. 3,15). Nosotros, los de Israel, estamos acostumbrados a ver en la mujer a un ser inferior, y no está bien. Si está sujeta al hombre; si ha sido castigada más, por el pecado de Eva; si su misión consiste en que se desenvuelva entre penumbras, sin acciones vistosas, no por eso es menos fuerte e incapaz que los varones.

 

Os aseguro que en su corazón existe una gran fuerza, como los varones la tienen en la mente. Os aseguro también, que la posición de la mujer va a cambiar, y será justo; porque así como yo obtendré gracias y redención por todos los hombres, así una mujer las obtendrá para ellas de modo especial. Se oyó la voz de Dios en el Paraíso:

»Pondré enemistad entre ti y la mujer… Tú tratarás de morderle el carcañal, pero ella te aplastará la cabeza”.

 

La mujer tiene en sí lo que vence al adversario, y por lo tanto redime; una redención que se realiza oculta, pero pronto se dejará ver a los ojos del mundo; y las mujeres cobrarán fuerzas en ella” (Hombre Dios. Vol. 7, pág. 692 y vol. 9, pág. 514).

 

Jesús dice: “La mujer sabe amar, está hecha para amar. Ella ha convertido el amor en hambre de los sentidos; pero en el fondo, está prisionera del verdadero amor. Vosotras, en el futuro de la Iglesia, sois piadosas las que dais hospedaje, ya que tomáis los trabajos más humildes para dejar libres a los Ministros de Dios para que contínuen el oficio del Maestro.

 

Luego vendrán tiempos difíciles, llenos de sangre, de heroicidad. El hombre no es fuerte en el sufrir; pues en esto la mujer supera al hombre. Enseñadle vosotras. Y vosotros, aprended de las mujeres la humildad y la constancia. Venced la soberbia. Aprended de ellas a amar, a créer, a sufrir por el Señor. Porque en verdad os digo, que ellas, las débiles, serán las más fuertes en la fe, amor y sacrificio por el Maestro, al que aman sin pedir nada. Aman sólo por darme consuelo y alegría. Toda la gracia se ha reunido en una sola mujer; y ella la ha dado al mundo para que fuese redimido” (Hombre de Dios. Vol. 3, págs. 73 y 69).

 

María decía a las mujeres después de la muerte de Jesús: “Nosotras somos las que hemos quedado; los varones han escapado. Es siempre la mujer la verdadera creadora para el bien y para el mal. Nosotras engendramos la fe, de la que estamos llenas, porque Dios la puso en nuestro corazón, y la damos a luz a la tierra para el bien del mundo. Es siempre la mujer la que procrea» (Hombre Dios. Vol. 11, pág. 633 y 675).

 

Jesús aconseja a la mujer: Hay que ser justos sin excesivas durezas, ni demasiadas debilidades. Si tenéis que elegir, elegir más bien lo segundo; porque así Dios os dirá: «¿Por qué fuísteis tan buenos?», y no os condenará; porque el exceso de bondad, castiga ya al hombre al hacer que los otros se le suban encima.

 

La mujer sea justa con su esposo e hijos. Obedezca y respeta, ayude y consuele a su esposo. La mujer debe obedecer, mientras esta obediencia no se convierta en consentimiento al pecado. La mujer debe someterse, pero no degradarse. Recordad, esposas, que el primero que os juzgará después de Dios por ciertas condescendencias, es vuestro marido, el que antes os arrastró a ellas. No siempre son deseos de amor, sino pruebas de vuestra virtud. Si por el momento, vuestro esposo no se paró a pensar en ello, puede llegar un día en que sí lo haga y os diga: “Mi mujer es muy sensual”; y ahí le vaya a nacer alguna sospecha de vuestra fidelidad marital.

 

Sed castas en el matrimonio. Haced que vuestra castidad considere las cosas como algo puro, y por tal os tengan, no como esclavas o concubinas paganas, sólo por “placer”; y después, echadas fuera, cuando no les agrada más. La mujer virtuosa, que después del matrimonio conserva un “qué” virginal en sus acciones, palabras, entregas amorosas, puede llevar al marido a una elevación de sentimientos, y así el esposo se despoja de la lujuria y llega a ser verdaderamente “algo especial” con su mujer; la trata como algo que es parte de sí mismo.

 

Deben amarse en espíritu, no por su desnudez sensual, y sin humillaciones vergonzosas. La mujer sea pacciente, maternal con su marido; que lo considere como el primero de sus hijos. El hombre siempre tiene necesidad de una madre que sea paciente, prudente, cariñosa, comprensiva.

 

Feliz la mujer que sabe ser compañera de su esposo y al mismo tiempo madre. La mujer sea laboriosa; el trabajo ayuda a la honestidad más que a tener dinero. No atormenta al marido con celos tontos, que no conducen a nada. ¿Es el marido una persona honesta? ¿Para qué los celos?. Los celos necios lo empujan a que salga de la casa; le ponen en peligro de caer entre las redes de una mala mujer. ¿No es el marido honesto ni fiel?; los berrinches de la mujer celosa no lo curarán. Lo cura una conducta seria, sin pleitos, sin desdenes; una conducta digna y amorosa es lo que logra que el marido reflexione y se corrija. Sabed volver a conquistar a vuestros maridos, cuando alguna pasión lo aleje. Conquistadlo con vuestra virtud como en la juventud lo conquistasteis con vuestra belleza.

 

Ø     Amad a vuestros hijos. La mujer tiene todo en sus hijos: La alegría en las horas felices, cuando sois reina del hogar y del marido; y bálsamo en las horas de dolor, cuando la traición u otras penas de la vida conyugal os azotan.

 

Si os veis tan oprimidas, que deseáis iros, divorciaros, o encontrar compensación en un amigo fingido. ¡No, mujeres, ¡No! Esos hijos, esos inocentes que han perdido la calma en medio de un ambiente triste, tienen derecho a su madre, a su padre, al consuelo de un lugar donde, si se perdió el amor, se quede el otro a velar por ellos. Esos ojos inocentes os miran y estudian.

 

La mujer sea justa, hermana y amiga al mismo tiempo que madre, para con sus hijos. Y sobre todo, que sea ejemplo para todos. Que vele por sus hijos, los corrija amorosamente, sostenga, y haga reflexiónar; y todo sin hacer preferencias.

 

Y si es verdad y natural que a los buenos  se les quiere más, por la alegría que proporcionan; también es un deber que sean amados los hijos no buenos, aunque sea un amor bañado en dolor, recordando que el hombre no debe ser más severeo que Dios, quien ama no sólo a los buenos, sino también a los malos, y los ama para tratar de hacerlos buenos; para darles modo y tiempo de serlo, y aguanta hasta la muerte del hombre, reservándose el ser un justo Juez cuando el hombre no pueda ya reparar” (Hombre Dios. Vol. 8, pág. 113).

 

“Escuchad, mujeres, que calladas y sin castigo, asesináis tantas vidas: matar es sacar también el fruto que crece en el seno, porque es semen culpable, o no se quiso por ser un peso para vuestras espaldas. Hay un solo modo para no tener ese peso: Permaneced castas. No unáis a la lujuria el homicidio. Dios lo ve todo”. (Hombre Dios. Vol., 2, pág. 786)

 

“En mi primera venida vine a abriros con mi Sangre el Paraíso. Pero en mi segunda venida, vendré a levantar a la mujer caída; vendré a darle su lugar en el mundo.  Por eso os he heblado de Eva, para que las mujeres sepan su origen y comprendan mis palabras. Pues vendré a restablecer el equilibrio de la humanidad que fue roto, y la mujer volverá a su instante primero, en donde fue creada para el amor; y al llegar a este estado no sufrirá el desprecio, indiferencia. No volverá a quejarse del dolor y amargura. Pues vienen tiempos que toda lágrima será borrada”. (Guatemala, 15-06-1989)

 

DISCIPULOS DE LOS APOSTOLES DE LOS ULTIMOS TIEMPOS (D.A.U.T.)
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