La familia sana es la condición para la prosperidad de la sociedad.
Solo el "amor ordenado" hace feliz.
El matrimonio exige fidelidad, sacrificio, perdón.
La familia es amor vivido, cumplido en la vida cotidiana.
Los niños, inocentes y mensajeros de un mundo mejor, son - como fuente de familias venideras - el tesoro más precioso de la humanidad.
Empero vemos universalmente como los poderes de las tinieblas se dedican a la disolución de las familias con eficacia.
La sexualización actual de la vida pública conduce a mas casos de adulterio, divorcio, violencia sexual y con esto a más miseria mental. ?Qué podemos hacer?
Los hombres han de tener presente la exhortación de Jesús: "Mas yo os digo que todo el que mira a una mujer para codiciarla, ya en su corazón cometió adulterio con ella." (Mt 5,28)
Como tenemos que poner la religión de nuevo en el centro de nuestra vida, tenemos que parar la decadencia de la moral y de la cultura (música destructiva etc.).
La lucha contra la sexualización de la vida pública es la tarea no solo de los cristianos, sino de todos los hombres decentes de todas las religiones.
La prohibición de la pornografía, ante todo en la televisión, es indispensable.
También la moda tiene limites
(I Timoteo 2,9); la mujer no debe perder su dignidad.
La campaña contra el sida tiene que estár reorientada a la fidelidad y abstinencia como única protección segura.
El aborto es asesinato de aún-no-nacidos.
El abuso de niños es asesinato de almas de niños; quien abusa de niños ha de considerarse como el peor enemigo de la humanidad y ha de estár aislado; además ha de perder el derecho de ser padre.
Productores, comerciantes y poseedores de pornografía con niños se deben considerar como criminales.
Adultos que no quieren reconocer los valores morales tradicionales
(véase Nuevo Testamento, cartas de san Pablo etc.) como base de la convivencia (prostitutas, drogadictos y otros), han de vivir en "zonas del laissez-faire" (zonas de tolerancia) donde no constituyen un peligro para las familias.
La población tendría que decidir democraticamente sobre la formación de tales zonas de tolerancia, por ejemplo en las periferias de grandes ciudades.