|
ETIKA E |
F. L. G. |
|
|
40REM3 |
Los derechos
humanos sin Dios: Una traición al Magisterio de la Iglesia |
15-4-2005 |
Los derechos humanos sin
Dios constituyen una burla y una farsa.
La Iglesia modernista, que suscribe y fomenta los famosos
derechos humanas, olvida un pequeño detalle: que Dios
no ha enseñado al hombre derecho
alguno, sino obligaciones y deberes de orden moral y religioso.
Conviene recordar, por ejemplo, los tradicionales Mandamientos de la Ley de Dios, que siguen estando vigentes en nuestros días, mal que les pese a los falsos profetas de la nueva Iglesia "conciliar".
Estos deberes del hombre
constituyen un derecho irrenunciable del Creador, al que no se le tiene en
cuenta para nada en la actual Constitución española ni en la de los países llamados tradicionalmente cristianos.
Y, desde luego, los
derechos y la Ley de Dios son el único fundamento y garantía de los
derechos de un hombre frente a otro.
¿Qué clase de derechos humanos son aquellos que no reconocen el derecho a
la vida de millones de niños inocentes que
anualmente son asesinados antes de nacer?
Solo restituyendo un
orden jurídico y social que contemple las verdades, leyes y principios
inmutables basados en los derechos de Dios, se garantiza el más elemental de
los derechos: el de la propia vida dada por el Señor.
¿A qué principio o instancia superior pueden apelar, pues, esos millones de
inocentes, cuando el ordenamiento jurídico y la Constitución actual les niega
sus derechos más esenciales?
Si se suprime la Ley y
Autoridad del Supremo Legislador, ¿qué es lo que nos queda
para proteger a los indefensos?
La filosofia liberal
moderna fue condenada valientemente por los Papas anteriores al
"vaticano segundo". ¿Por qué? Pues porque ignora
la Voluntad Divina y persigue liberar al hombre de los Mandamientos de Dios,
para apartarlo de Él.
En sus
principios impíos caben todo tipo de abusos, aberraciones y desviaciones
morales, pudiendo legalizarse cualquier cosa por incomprensible, injusta e
inmoral que resulte con tal de que la opinión pública en el parlamento sea
mayoritaria. Se niega, en definitiva, toda posible apelación del inocente al
Orden Divino y Sobrenatural.
Todo
lo que la mayoría apruebe, aunque sea bajo presión de los medios de
comunicación, pasa a ser legal, justo y bueno. Sin
tener en cuenta a Dios, se legaliza la eutanasia, las prácticas abortivas, las
rupturas matrimoniales, la homosexualidad o cualquier aberración sexual.
El escándalo de niños y mayores ofrecido a cualquier hora por la
televisión y los medios de comunicación, pasa a ser algo normal, justificado
por una falsa libertad de expresión. No importa la severa advertencia de Jesus
cuando dijo "iAy del que escandalice!, iMás le valdría atarse una
piedra de molino al cuello y arrojarse al agua...!"
San Pablo en su Primera
Carta a los Corintios nos recuerda: "tened cuidado que esa vuestra
libertad no sirva de tropiezo a las almas, ni sea motivo de escándalo para
los débiles ni la causa de vuestra condenación eterna".
El progresismo y
liberalismo religioso no pretende precisamente liberar al hombre de sus pecados
y pasiones, sino de todo aquello que limita su bienestar en este mundo.
Veamos en la siguiente
secuencia de acontecimientos como se produce, concretamente en España, la traición de la nueva Iglesia postconciliar al
Magisterio de los anteriores Papas:
El Episcopado Español firmó con anterioridad al Concilio Vaticano II un
documento en el que se procede a la bendición del estado Confesional Católico
Español.
En el año 1978, cuando entra en vigor la actual Constitución
atea, sesenta de los setenta obispos españoles votaron afirmativamente su apoyo a la Constitución, declarando el entonces
presidente de la Conferencia Episcopal Española, cardenal Suquía, que él "no tenia nada en contra de dicha
Constitución".
Ahora, al celebrarse el
25 aniversario, todos los obispos sin excepción dan su entusiasmado apoyo a
la Constitución, que no contempla la Voluntad de Dios por ningún sitio,
sino que incesantemente la vulnera, produciendo un daño incalculable a las vidas y a las almas del pueblo español.
El
"pensamiento" modernista-liberal, defensor del laicismo,
fue condenado con rotundidad por los anteriores
Papas preconciliares, debido a su perversidad y al ataque que supone para la
Fe.
Gregorio XVI lo condena
en su encíclica Singulari Nos; Pio IX en Sylabus; San Pio X, "grande entre
los más grandes Papas de la Iglesia católica", como lo denominaron por su
implacable lucha por la defensa de la Fe y de la restauración del orden social
en Cristo (“restaurare omnia in Cristo”
fue el lema de su pontificado, siguiendo las palabras de San Pablo),
tambien lo condenó en su encíclica Pascendi; y Pio XII, en sus dos encíclicas,
Mediator Dei y Humani Generis, vuelve a condenar los errores modernistas de
nuevo cuño, reafirma la Doctrina Tradicional de la Iglesia,
y condena también a quienes cambien el ceremonial de la Liturgia Católica.
¿Obediencia? iSiempre! Pero a la Ley de Dios, a sus Mandamientos, al
Evangelio, al Magisterio Tradicional de la Iglesia. Pues nuestra vida personal,
religiosa y social, forma una unidad. Porque el Señor nos pasará cuentas y, desde luego, prefiere que obedezcamos sus Leyes, y
no las de un munda impío.
F. L. G.