La televisión transforma la vida de una gran parte de la humanidad: nos convierte en seres pasivos; nos roba el tiempo y la fuerza para hacer el bien que el mundo precisa tan urgente.
La televisión nos vuelve indiferentes e insensibles ante el dolor y el sufrimiento, por ofrecer continuamente escenas de violencia y crueldad sin que podamos digerir el alcance de los mismos.
La televisión borra con su oferta excesiva los confines entre el bien y el mal. El espectador se desorienta y se hace un botín facil de los seductores secretos que manipulan la TV sin escrúpulos.
La televisión está al servicio del Becerro de Oro, del mundo del materialismo, y con su interminable publicidad degrada a los hombres a puros consumidores.
La televisión acaba absorbiendo la mente y el corazón de los hombres. Los convierte en auténticos toxicómanos de la pantalla. El mundo quimérico de la TV es el ídolo para miles de millones de hombres a quien sacrifican todo su tiempo libre; esos esclavos de la TV ya no tienen tiempo para Dios.
La televisión es el enterrador de las familias,al presentar a la mujer como objeto sexual y glorificar el adulterio.
La televisión roba el candor a los niños, porque les revela antes de tiempo los secretos de la vida y los milagros de la creación. De la misma manera los despoja de la alegría de descubrirlos.
La televisión destruye las culturas de los pueblos y pone en su lugar una verdadera anticultura; socava sin cesar las virtudes y valores tradicionales y crea hombres sin ideales.
La televisión bombardea el subconsciente con sexo y crueldad, engendra sueños inalcanzables, conduce a depresiones y desesperaciones, incita a imitar los crímenes de la pantalla, fomenta la violencia sexual contra mujeres y niños, siendo así la fuente de un mar de sufrimientos.
Conminamos a los hombres de buena voluntad de todo el mundo a apartarse de las influencias nocivas de la actual TV.
Despréndanse de la TV, cancelen sus subscripciones, o por lo menos renuncien los días que puedan a ver TV.
Sólo con la protesta masiva y una acción conjunta contra la difusión del sexo y la brutalidad, podremos conseguir una pantalla limpia
.
Por el bien de nuestros hijos es imprescindible que todas las familias participen en este boicot.
Para salvar al mundo salvemos antes a nuestros hijos. Si no nos compadecemos de los débiles e indefensos, tampoco alcanzaremos la piedad de Dios.
Existen alternativas a la TV:
ˇEmpleemos nuestro tiempo en servir a la familia y a aquellos que necesitan nuestra ayuda!
ˇDescubramos el mundo de los buenos libros, de las virtudes, de la fe!
ˇHagamos el bien! El mundo está sediento de amor y de justicia.