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ETIKA E |
D. Félix Sardá
y Salvany, Pbro. |
www.etika.com |
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49LB3 |
El liberalismo
es pecado |
Barcelona
1887 |
Der Liberalismus
ist Sünde. Er hat die Menschheit innerhalb von zwei Jahrhunderten ins Unglück
gestürzt.
Zurück zu den Geboten und Gesetzen Gottes!
I. – V. abajo
EL
LIBERALISMO ES PECADO
CUESTIONES CANDENTES
POR
D. FÉLIX SARDÁ Y SALVANY, PBRO.,
director de la Revista popular.
Llámese Racionalismo,
Socialismo, Revolucion ó Liberalismo, será siempre por su condición y esencia
misma, la negacion franca ó artera, pero radical, de la fe cristiana.
(Carta colectiva de los
Ilmos Rdmos. Prelados de la provincia eclesiástica de Burgos).
Con censura y licencia eclesiástica.
SÉPTIMA EDICION.
BARCELONA
LIBRERÍA Y TIPOGRAFÍA, Pino, 5
1887.
I.
¿Existe hoy día algo que se llama Liberalismo?
Ciertamente;
y parecerá ocioso que nos entretengamos en demostrar este aserto. A no ser que
todos los hombres de todas las naciones de Europa y de América, regiones
principalmente infestadas de esta epidemia, hayamos convenido en engañarnos y en hacer del engañado, existe hoy dia
en el mundo una escuela, sistema, partido, secta ó llámese como se quiera, que
por amigos y enemigos se conoce con el nombre de Liberalismo.
Los
periódicos y asociaciones y Gobiernos suyos se apellidan con toda franqueza liberales; sus
adversarios se lo echan en rostro, y ellos no protestan, ni siquiera lo excusan
ni atenúan. Más aún: se lee cada dia que hay corrientes liberales,
tendencias liberales, reformas liberales, proyectos liberales,
personajes liberales, fechas y recuerdos liberales, ideales y
programas liberales; y al revés, se llaman antiliberales, o clericales,
o reaccionarios, o ultramontanos, todos los conceptos opuestos a los
significados por aquellas expresiones. Hay, pues, en el mundo actual una cierta
cosa que se llama Liberalismo, y hay a su vez otra cierta cosa que se llama
Antiliberalismo. Es, pues, como muy acertadamente se ha dicho, palabra de
división (Anm.: das dürfte sich bis zum Jüngsten Gericht hinziehen)
, pues tiene perfectamente dividido el mundo en dos campos opuestos. (Anmerkung etika.com: Tatsache ist, daß das
entgegengesetzte Lager anno 2001 nur noch aus wenigen Christen und Juden, dem
größten Teil der Hindus und Moslems sowie den Angehörigen anderer Religionen
und Ideologien, darunter die übrig gebliebenen Kommunisten, sowie manchen
vernünftig denkenden, nicht gebundenen Einzelpersonen besteht.)
Mas
no es sólo palabra, pues a toda palabra debe corresponder una idea; ni es sólo
idea, pues a tal idea vemos que corresponde de hecho todo un órden de
acontecimientos exteriores. Hay, pues, Liberalismo, y en consecuencia hay
hombres liberales, que son los que profesan aquellas doctrinas y practican
estas obras. Y tales hombres no son individuos aislados, sino que viven y obran
como agrupacion organizada, con jefes reconicidos, con dependencia de ellos,
con fin unánimamente aceptado. El liberalismo, pues, no sólo es idea y doctrina
y obra, sino que es secta.
Queda,
pues, sentado que cuando tratamos de Liberalismo y de liberales no estudiamos
seres fantásticos o puros conceptos de razon, sino verdaderas y palpables
realidades del mundo exterior. ¡Harto verdaderas y palpables por nuestra
desdicha!
Sin
duda habrán observado nuestros lectores, que la preocupacion primera que se
nota en los tiempos de epidemia es siempre la de pretender que no existe tal epidemia. No hay memoria en las diferentes que nos
han afligido en el siglo actual, o en los pasados, de que ni una sola vez haya dejado de presentarse este fenómeno.
La enfermedad lleva ya devoradas en silencio gran
número de víctimas cuando se empieza
a reconocer que existe, diezmando la poblacion. Los partes oficiales han
sido alguna vez los más entusiastas propaladores de la mentira; y caso
se han dado en que por la autoridad han llegado a imponerse penas a los que
asegurasen que el contagio era verdad. Análogo es lo que acontece en el órden
moral de que estamos tratando. Después de cincuenta años o más de vivir en
pleno Liberalismo, todavía hemos oído a personas respetabilísimas
preguntarnos con asombrosa candidez: “¡Vaya! ¿tomais en serio eso del
Liberalismo? ¿son estas, por ventura, más que exageraciones del rencor
político? ¿No valdría más hacer caso omiso de esa palabra que a todos nos trae
divididos y enconados?”
Tristísima
señal cuando la infeccion está de tal suerte en la atmósfera, que por la
costumbre no la perciben ya la mayor parte de los que la respiran!
Hay,
pues, Liberalismo, caro lector; y de esto no te permitas nunca dudar.
II.
¿Qué es el Liberalismo?
Al estudiar un objeto, cualquiera, después de la
pregunta: an sit? hacian los antiguos
escolásticos la siguiente: quid sit? y
ésta es la que nos va a ocupar en el presente capítulo.
¿Qué es el Liberalismo? En el órden de las ideas
es un conjunto de ideas falsas; en
el órden de los hechos es un conjunto de
hechos criminales, consecuencia práctica de aquellas ideas.
En el órden de las ideas el Liberalismo es el
conjunto de lo que se llaman principios liberales, con las consecuencias
lógicas que de ellos se derivan. Principios
liberales son:
la absoluta soberanía del individuo
con entera independencia de Dios y de su autoridad;
soberanía de la sociedad con
absoluta independencia de lo que no nazca de ella misma;
soberanía nacional, es decir, el
derecho del pueblo para legislar y gobernar con absoluta independencia de todo
criterio que no sea el de su propia voluntad, expresado por el sufragio primero
y por la mayoria parlamentaria después;
libertad de pensamiento sin limitacion
alguna en política, en moral o en Religion;
libertad de imprenta, asimismo
absoluta o insuficientemente limitada;
libertad de asociacion con iguales
anchuras.
Estos son los llamados principios liberales en su más crudo radicalismo.
El fondo comun de ellos es el racionalismo individual, el racionalismo político, y el racionalismo social. Derivanse de ellos
la libertad de cultos más o menos
restringida;
la supremacia del estado en sus
relaciones con la Iglesia;
la enseñanza laica o independiente
sin ningun lazo con la Religion;
el matrimonio legalizado y
sancionado por la intervencion única del Estado:
su última palabra, la que todo lo abarca y
sintetiza, es la palabra secularizacion, es decir, la no
intervencion de la Religion en acto alguno de la vida pública, verdadero
ateismo social, que es la última consecuencia del Liberalismo.
En el órden de los hechos el Liberalismo es un
conjunto de obras inspiradas por aquellos principios y reguladas por ellos.
Como, por ejemplo, las leyes de desamortizacion; la expulsion de las Ordenes religiosas; los atentados de todo
género, oficiales y extraoficiales, contra
la libertad de la Iglesia; la corrupcion y el error públicamente autorizados en
la tribuna, en la prensa, en las diversiones, en las costumbres; la guerra
sistemática al Catolicismo, al que se apoda con los nombres de clericalismo,
teocracia, ultramontanismo, etc., etc.
Es imposible enumerar y clasificar los hechos que
constituyen el procedimiento práctico liberal, pues comprenden desde el
ministro y el diplomático que legislan o intrigan, hasta el demagogo que perora
en el club o asesina en la calle; desde el tratado internacional o la guerra
inicua que usurpa al Papa su temporal principado, hasta la mano codiciosa que
roba la dote de la monja o se incauta de la lámpara del altar; desde el libro
profundo y sabihondo que se da de texto en la universidad o instituto, hasta la
vil caricatura que regocija a los pilletes en la taberna.
El Liberalismo práctica es un mundo completo de
máximas, modas, artes, literatura, diplomacia, leyes, maquinaciones y
atropellos enteramente suyos.
Es el mundo de Luzbel, disfrazado hoy dia con
aquel nombre, y en radical oposicion y lucha con la sociedad de los hijos de
Dios, que es la Iglesia de Jesucristo.
He aquí, pues, retratado, como doctrina y como
práctica, el Liberalismo.
III.
Si es
pecado el Liberalismo, y qué pecado es.
El
Liberalismo es pecado, ya se le considere en el órden de las doctrinas, ya en
el órden de los hechos.
En el
órden de las doctrinas es pecado grave contra la fe, porque el conjunto de las
doctrinas suyas es herejía, aunque
no lo sea tal vez en alguna que otra de sus afirmaciones o negaciones aisladas.
En el órden de los hechos es pecado contra los diversos Mandamientos de la
ley de Dios y de su Iglesia, porque de todos es infracción. Más claro. En
el órden de las doctrinas el Liberalismo es la herejía universal y radical,
porque las comprende todas ; en el órden de los hechos es la infraccion
radical y universal, porque todas las autoriza y sanciona.
Procedamos
por partes en la demostracion.
En el
órden de las doctrinas el Liberalismo es herejía. Herejía es toda doctrina que
niega con negacion formal y pertinaz un dogma de la fe cristiana. El
liberalismo doctrina los niega primero todos en general y después cada uno en particular.
Los niega todos en general, cuando afirma o supone la independencia absoluta de
la razon individual em el individuo, y de la razon social o criterio público en
la sociedad. Decimos afirma o supone, porque a veces en las
consecuencias secundarias no se afirma el principio liberal, pero se le da por
supuesto y admitido. Niega la jurisdiccion absoluta de Cristo Dios sobre los
individuos y las sociedades, y en consecuencia la jurisdiccion delegada que
sobre todos y cada uno de los fieles, de cualquier condicion y dignidad que
sean, recibió de Dios la Cabeza visible de la Iglesia. Niega la necesidad de la
divina revelacion, y la obligacion que tiene el hombre de admitirla, si quiere
alcanzar su último fin. Niega el motivo formal de la fe, esto es, la autoridad
de Dios que revela, admitiendo de la doctrina revelada sólo aquellas verdades
que alcanza su corto entendimiento. Niega el magisterio infalible de la Iglesia
y del Papa, y en consecuencia todas las doctrinas por ellos definidas y
enseñadas.
Y
despues de esta negacion general y en globo, niega cada uno de los dogmas,
parcialmente o en concreto, a medida que, segun las circunstancias, los
encuentra opuestos a su criterio racionalista. Asi niega la fe del Bautismo
cuando admite o supone la igualdad de todos los cultos; niega la santidad del
matrimonio cuando sienta la doctrina del llamado matrimonio civil; niega la
infalibilidad del Pontifice Romano cuando rehusa admitir como ley sus oficiales
mandatos y enseñanzas, sujetándolos a su pase o exequatur, no como en su
principio para asegurarse de la autenticidad, sino para juzgar del contenido.
En el
órden de los hechos es radical inmoralidad. Lo es porque destruye el principio
o regla fundamental de toda moralidad, que es la razon eterna de Dios imponiéndose
a la humana; canoniza el absurdo principio de la
moral independiente, que es en el fondo la moral sin ley, o lo que es lo mismo,
la moral libre, o sea una moral que no es moral, pues la idea de
moral, además de su condicion directiva, encierra esencialmente la idea de
enfrenamiento o limitacion.
Además
el Liberalismo es toda inmoralidad, porque en su proceso histórico ha
cometido y sancionado como lícita la infraccion de todos los mandamientos ,
desde el que manda el culto de un solo Dios, que es el primero del Decálogo,
hasta el que prescribe el pago de los derechos temporales, a la Iglesia, que es
el último de los cinco de ella.
Por
donde cabe decir que el Liberalismo, en el orden de las ideas, es el error
absoluto, y en el orden de los hechos, es el absoluto desorden. Y por ambos
conceptos es pecado, ex genere suo, gravísimo; es pecado mortal.
IV.
De la especial gravedad del pecado del Liberalismo
Enseña
la teología católica que no todos los pecados graves son igualmente graves, áun
dentro de su esencial condición que los distingue de los pecados veniales. Hay
grados en el pecado, áun dentro de la categoria de pecado mortal, como hay
grados en la obra buena dentro de la categoria de obra buena y ajustada a la
ley de Dios. Así el pecado directo contra Dios, como la blasfemia, es pecado
más grave de sí que el pecado directo contra el hombre, como es el robo. Ahora
bien, a excepcion del odio formal contra Dios y de la desesperacion absoluta,
que rarísimas veces se cometen por la criatura, como no sea en el infierno, los
pecados más graves de todos son los pecados contra la fe. La razon es
evidente. La fe es el fundamento de
todo el órden sobrenatural; el pecado es pecado en cuanto ataca cualquiera de
los puntos de este órden sobrenatural; es, pues, pecado máximo el que ataca el
fundamento máximo de dicho órden.
Un
ejemplo lo aclarará. Se ocasiona una herida al árbol cortándole
cualquiera de sus ramas; se le ocasiona herida mayor cuando es más importante
la rama que se lo destruye; se le ocasiona herida máxima o radical si se le
corta por su tronco o raíz.
San
Agustin, citado por santo Tomás, hablando del pecado contra la fe, dice
con fórmula incontestable: Hoc est peccatum quo tenentur cuncta peccata:
”Pecado es éste en que se contienen todos los pecados.”
Y el
mismo Angel de las Escuelas discurre sobre este punto, como siempre, con su
acostumbrada claridad.
“Tanto, dice, es más grave un pecado, cuanto por él se
separa más el hombre de Dios. Por el pecado contra la fe se separa lo más que
puede de Él, pues se priva de su verdadero conocimiento; por donde, concluye el
santo Doctor, el pecado contra la fe es el mayor que se conoce.”
Pero
es mayor todavía cuando el pecado contra la fe no es simplemente carencia
culpable de esta virtud y conocimiento, sino que es negacion y combate formal
contra dogmas expresamente definidos por la revelacion divina. Entonces el
pecado contra le fe, de suyo gravísimo, adquiere una gravedad mayor, que
constituye lo que se llama herejía. Incluye toda la malicia de la
infidelidad, más la protesta expresa contra una enseñanza de la fe, o la
adhesion expresa a una enseñanza que por falsa y errónea es condenada por la
misma fe. Añade al pecado gravísimo contra la fe la terquedad y contumacia en
él, y una cierta orgullosa preferencia de la razon propia sobre la razon de
Dios.
De
consiguiente, las doctrinas heréticas y las obras hereticales constituyen el
pecado mayor de todos, a excepcion de los arriba dichos, de los que,
como ya dijimos, sólo son capaces por lo comun el demonio y los condenados.
De
consiguiente, el Liberalismo, que es herejía, y las
obras liberales, que son obras heréticas, son el pecado máximo que se conoce en
el código de la ley cristiana.
De
consiguiente (salvos los casos de buena fe, de ignorancia y de indeliberacion),
ser liberal es más pecado que ser blasfemo, ladron,
adúltero u homicida, o cualquier otra cosa de las que prohibe la ley de Dios y
castiga su justicia infinita.
No lo
comprende así el moderno Naturalismo; pero siempre lo creyeron así las leyes de
los Estados cristianos hasta el advenimiento de la presente era liberal, y
sigue enseñándolo así la ley de la Iglesia, y sigue juzgando y condenando así
el tribunal de Dios. Sí, la herejía y las obras hereticales son los peores
pecados de todos; y por tanto el liberalismo y los actos liberales son, ex
genere suo, el mal sobre todo mal.
V
De los diferentes grados que puede haber y hay dentro de la unidad especifica
del Liberalismo.
El
Liberalismo como sistema de doctrina puede apellidarse escuela; como
organizacion de adeptos para difundirlas y propagarlas, secta; como
agrupacion de hombres dedicados a haverlas prevalecer en la esfera del derecho publico, partido. Pero, ya se considere
el Liberalismo como escuela, ya como secta, ya como partido, ofrece dentro de
su unidad lógica y específica varios grados o matices que conviene al teólogo
cristiano estudiar y exponer.
Ante
todo conviene hacer notar que el Liberalismo
es uno, es decir, constituye un organismo de errores perfecta (wohl perfecto) y lógicamente
encadenados, motivo por el cual se llama sistema. En efecto, partiendo en él
del principio fundamental de que el hombre y la sociedad son perfectamente
autónomos o libres con absoluta independencia de todo otro criterio natural o
sobrenatural que no sea el suyo propio, síguese por una perfecta ilacion de
consecuencias todo lo que en nombre de él proclama la demagogia más avanzada.
La
Revolución nada tiene de grande sino su inflexible lógica. Hasta
los actos más despóticos, que ejecuta en nombre de la libertad, y que a primera
vista tachamos todos de monstruosas inconsecuencias, obedecen a una lógica
altísima y superior. Porque reconociendo la sociedad por única ley social el criterio
de los más, sin otra norma o regulador, ¿cómo puede negarse perfecto derecho al
Estado para cometer cualquier atropello contra la Iglesia siempre y cuando,
segun aquel su único criterio social, sea conveniente cometerlo? Admitido que
los más son los que tienen siempre razon, queda admitida por ende como única
ley la del más fuerte, y por tanto muy lógicamente se puede llegar hasta la
última brutalidad.
Mas
a pesar de esta unidad lógica del sistema, los hombres no son lógicos siempre, y esto
produce dentro de aquella unidad la más asombrosa variedad o gradacion de
tintas. Las doctrinas se derivan necesariamente y por su propia virtud unas de
otras; pero los hombres al aplicarles son por lo comun ilógicos e
inconsecuentes.
Los
hombres, llevando hasta sus últimas consecuencias sus principios, serian todos
santos cuando sus principios fuesen buenos, y serian todos demonios del
infierno cuando sus principios fuesen malos. La inconsecuencia es
la que hace de los hombres buenos y de los malos, buenos a medias y malos no
rematados.
Aplicando
estas observaciones al asunto presente del Liberalismo, dirémos: que liberales
completos se encuentran relativamente pocos, gracias a Dios (nota: Anno Domini 1887; hoy, 2001, estamos en los tiempos del Anticristo); lo cual no
obsta para que los más, áun sin haber llegado al último límite de depravacion
liberal, sean verdaderos liberales, es decir, verdaderos discípulos o partidarios o sectarios del Liberalismo,
segun que el Liberalismo se considere como escuela, secta o partido.
Examinemos
estas variedades de la familia liberal.
Hay
liberales que aceptan los principios, pero rehuyen las consecuencias, a lo
menos las más crudas y extremadas. Otros aceptan alguna que otra consecuencia o
aplicacion que les halaga, pero haciendose los escrupulosos en aceptar
radicalmente los principios. Quisieran unos el Liberalismo aplicado tan sólo a
la enseñanza; otros a la economía civil; otros tan sólo a las formas políticas.
Sólo los más avanzados predican su natural aplicacion a todo y para todo. Las
atenuaciones y mutilaciones del credo liberal son tantas cuantos son los
intereses por su aplicacion perjudicados o favorecidos; pues generalmente
existe el error de creer que el hombre piensa con la inteligencia, cuando lo
usual es que piense con el corazon, y áun muchas veces con el estómago.
De
aquí los diferentes partidos liberales que pregonan Liberalismo de tantos o
cuantos grados, como expende el tabernero el aguardiente de tantos o cuantos
grados, a gusto del consumidor. De aquí que no haya liberal para quien su
vecino más avanzado no sea un brutal demagogo, o su vecino menos avanzado un
furibundo reaccionario. Es asunto de escala alcohólica y nada más. Pero así los
que mojigatamente bautizaron en Cádiz su Liberalismo con la invocacion de la
santísima Trinidad, como los que en estos últimos tiempos le han puesto por
emblema ¡Guerra a Dios! están dentro de tal escala liberal, y la prueba es que
todos aceptan, y en caso apurado invocan, este comun denominador. El criterio
liberal o independiente es uno en ellos, aunque sean en cada cual más o menos
acentuadas las aplicaciones. ¿De qué depende esta mayor o menor acentuacion? De
los intereses muchas veces, del temperamento no pocas; de ciertos lastres de
educacion que impiden a unos tomar el paso precipitado que toman otros; de
respectos humanos tal vez o de consideraciones de familia; de relaciones y
amistades contraídas, etc., etc.
Sin
contar la táctica satánica que a veces aconseja al hombre no extremar una idea
para no alarmar, y para lograr hacerla más viable y pasadera; lo cual, sin
juicio temerario, se puede afirmar de ciertos liberales conservadores, en los
cuales el conservador no suele ser más que la máscara o envoltura del franco
demagogo. Mas en la generalidad de los liberales a medias, la caridad puede
suponer cierta dosis de candor y de natural bonhomie o bobería, que si
no los hace del todo irresponsables, como dirémos después, obliga no obstante a
que se les tenga alguna compasion.
Quedamos
pues, curioso lector, en que el Liberalismo es uno solo; pero liberales los
hay, como sucede con el mal vino, de diferente color y sabor.
VI.
Del llamado Liberalismo
católico o Catolicismo liberal.
etika.com: Para facilitar la traducción en otras lenguas,
modernizamos un poco la grafía: en vez de ó o, en vez de á a.