ETIKA E

D. Félix Sardá y Salvany

www.etika.com
3.7.2003

49LB3C

El liberalismo es pecado
XII y XIII

D. Félix Sardá y Salvany, Pbro., Barcelona 1887

En alemán/auf deutsch: Eine Demokratie oder eine Monarchie hat an sich nichts mit dem Liberalismus zu tun.
Die Staatsformen sind Staatsformen, und nicht mehr.
Eine Monarchie ist nicht an sich religiöser als eine Republik.
Glorreichstes Beispiel einer Regierung war jene von Aragón und Katalonien, die zugleich demokratischste und katholischste.

El liberalismo es pecado, I. – V., etc.

XII.
De algo que pareciendo Liberalismo no lo es,
y de algo que lo es aunque no lo parezca.

Es gran maestro el diablo en artes y embelecos, y

lo mejor de su diplomacia se ejerce en introdu-

cir en las ideas la confusion. La mitad de su poderío

sobre los hombres perdería el maldito con que las

ideas, buenas o malas, apareciesen francas y deslin-

dadas. Adviértase de paso que llamarle al diablo de

esta manera no es moda hoy, tal vez porque el Libe-

ralismo nos ha acostumbrado a tratar aun al señor

diablo con cierto respeto. El diablo, pues, en tiempos

de cismas y herejías, lo primero que procuró fué que

se barajasen y trastocasen los vocablos, medio seguro

para traer desde luego mareadas y al retortero la

mayor parte de las inteligencias.

 

Esto pasó con el Arrianismo, en términos que varios Obispos de gran

santidad llegaron a suscribir en el Concilio de Milan

una fórmula en que se condenaba al insigne Atana-

sio, martillo de aquella herejía. Y aparecerian en la

historia como verdaderos fautores de ella si Eusebio

Mártir, legado pontificio, no hubiese acudido a tiem-

po a desenredar de tales lazos lo que el Breviario

llama captivatam simplicitatem de alguno de aquellos

candorosos ancianos. Lo mismo sucedió con el Pela-

gianismo ; lo mismo con el Jansenismo tiempo atrás;

lo mismo acontece hoy con el Liberalismo.

 

Liberalismo son para unos las formas politicas de

cierta clase ; Liberalismo es para otros cierto espiritu

de tolerancia y generosidad opuestos al despotismo

y tiranía ; Liberalismo es para otros la igualdad civil,

salva la inmunidad y fuero de la Iglesia ; Liberalismo

es, en fin, para muchos una cosa vaga e incierta, que

pudiera traducirse sencillamente par lo opuesto a to-

da arbitrariedad gubernainental. Urge, pues, volver

a preguntar aquí: ¿ Que es el Liberalismo? o mejor,

¿ qué no es?

 

En primer tugar, no son ex se Liberalismo las for-

mas políticas de cualquier clase que sean; por demo-

cráticas o populares que se las suponga. Cada cosa es

lo que es. Las formas son formas, y nada más. Una

república unitaria o federal, democrática, aristocrá-

tica o mixta; un gobierno representativo o mixto,

con más o menos atribuciones del poder Real, o con

el máximum o mínimum de rey que se quiera hacer

entrar en la mixtura; la monarquia absoluta o tem-

plada, hereditaria o electiva, nada de eso tiene que

ver ex se (repárese bien este ex se) con el Liberalis-

mo. Tales Gobiernos pueden ser perfecta e integra-

mente católicos.

 

Como acepten sobre su propia soberanía la de Dios

y reconozcan haberla recibido de Él,

y se sujeten en su ejercicio al criterio inviolable de la

ley cristiana, y dén por indiscutible en sus Parla-

mentos todo lo definido, y reconozcan como base del

derecho público la supremacía moral de la Iglesia y

el absoluto derecho suyo en todo lo que es de su

competencia; tales Gobiernos son verdaderamente

católicos, y nada les puede echar en cara el más exi-

gente ultramontanismo, porque son verdaderamente

ultramontanos. La historia nos ofrece repetidos ejem-

plos de poderosísimas repúblicas, fervorosísimas ca-

tólicas. Ahí está la aristocrática de Venecia; ahí la

mercantil de Génova y ciertos cantones suízos.

 

Como ejemplo de monarquías mixtas muy católi-

cas podemos citar nuestra gloriosísima de Cataluña

y Aragon, la más democrática y a la vez la más cató-

lica del mundo en los siglos medios; la antigua de

Castilla hasta la casa de Austria; la electiva de Polo-

nia hasta la inicua desmembracion de este religiosí-

simo reino. Es una preocupacion creer que las mo-

narquías han de ser ex se más religiosas que las re-

públicas. Precisamente los más escandalosos ejemplos

de persecucion al Catolicismo los han dada en los

tiempos modernos monarquías como la de Rusia y la

de Prusia.

 

Un Gobierno, de cualquier forma que sea,

es católico si basa su Constitucion y legislacion y po-

lítica en principios católicos; es liberal si basa su

Constitucion, su legislacion y su politica en princi-

pios racionalistas. No en que legisle el rey en la mo-

narquía, o en que legisle el pueblo en la república, o

en que legislen ambos en las formas mixtas, está la

esencial naturaleza de una legislacion o Constitucion;

sino en que se haga o no se haga todo bajo el sello

inmutable de la fe y conforme a lo que manda a los

Estados como a los indivíduos la ley cristiana. Así

como en los indivíduos, lo mismo puede ser católico

un rey con su púrpura, un noble con sus blasones o

un trabajador con su blusa de algodon; de igual

suerte los Estados pueden ser católicos, sea cual fue-

re la clasificacion que se les dé en el cuadro sinóptico

de las formas gubernativas.

 

De consiguiente, tampo-

co tiene que ver el ser liberal o no serlo, con el ho-

rror natural que todo hombre debe profesar a la

arbitrariedad y tiranía, con el deseo de la igualdad

civil entre todos los ciudadanos, salva la eclesiástica

inmunidad, y mucho menos con el espíritu de tole-

rancia y generosidad, que (en su debida acepcion)

no son sino virtudes cristianas. Y sin embargo, todo

esto en el lenguaje de ciertas gentes, y aun de ciertos

periódicos, se llama Liberalismo. He aquí, pues, una

cosa que, pareciendo Liberalismo, no lo es en mane-

ra alguna.

 

Hay en cambio alguna cosa que, no pareciendose

al Liberalismo, efectivamente lo es. Suponed una

monarquía absoluta, como la de Rusia, o como la de

Turquía, si os parece mejor ; o suponed un Gobierno

de los llamados conservadores de hoy, el más con-

servador que os sea dable imaginar, y suponed que

tal monarquía absoluta o tal Gobierno conservador

tengan establecida su Constitucion y basada su legis-

lacion, no sobre principios de derecho católico, ni

sobre la indiscutibilidad de la fe, no sobre la riguro-

sa observancia del respeto a los derechos de la Igle-

sia, sino sobre el principio, o de la voluntad libre

del rey, o de la voluntad libre de la mayoría conser-

vadora... Tal monarquía y Gobierno conservador son

perfectamente liberales y anticatólicos.

 

Que el librepensador sea un monarca, con sus

ministros responsables, o que lo sea un ministro res-

ponsable, con sus Cuerpos colegisladores, para el

efecto es igual. En uno y otro caso anda aquélla in-

formada por el criterio librepensador, y de consi-

guiente liberal. Que tenga o no tenga, por sus miras,

aherrojada la prensa, que azote por cualquier nonada

al país, que rija con vara de hierro a sus vasallos,

podrá no ser libre aquel misero país, pero será per-

fectamente liberal.

 

Tales fueron los antiguos impe-

rios asiáticos; tales varias modernas monarquías; tal

el imperio aleman de hoy, como lo sueña Bismarck

(Anmerkung etika.com: aus deutscher Sicht sieht alles ein bißchen anders aus, vor allem hat sich Bismarck große Verdienste um das deutsche Reich und seine Bevölkerung, unter anderem mit der Einführung der Sozialversicherung - Renten für jedermann – erworben, und in Deutschland spielt die Rivalität zwischen dem katholischen und evangelischen Teil eine große Rolle, wobei jede Seite Schuld auf sich geladen hat);

tal la actual monarquía española, cuya Constitucion

declara inviolable al monarca, pero no declara invio-

lable a Dios. Y he aquí el caso de algo que pareciendo

no ser Liberalismo, lo es sin embargo, y del más re-

finado y del mas desastroso, por lo mismo que no

tiene apariencia de tal.

 

Por donde se verá con qué delicadeza se ha de pro-

ceder cuando se tratan tales cuestiones. Es preciso

ante todo definir los términos del debate y evitar el

equívoco, que es lo que más favorece al error.

 

XIII.

Notas y comentarios a la doctrina expuesta en el capitulo anterior.

Hemos dicho que no son ex se liberales las formas democráticas ó populares, puras ó mixtas, y creemos haberlo suficientemente probado. Sin embargo, esto que especulativamente hablando, ó sea en abstracto, es una verdad; no lo es tanto in praxi, ó sea en el órden de los hechos, al que principalmente debe andar siempre atento el propagandista católico.

 

En efecto; á pesar de que, consideradas en si mismo, no son  liberales tales formas de gobierno; lo son en nuestro siglo, dado que la Revolución moderna,  que no es otra cosa que el Liberalismo en acción, no nos las presenta más que basadas en sus erróneas doctrinas. Así que muy cuerdamente el vulgo, que entiende poco  de distingos, califica de Liberalismo todo lo que en nuestros días se le presenta como reforma democrática en el gobierno de las naciones; porque, áun cuando por la natural esencia de las ideas no lo sea, de hecho lo es. Y por tanto discurrian con singular tino y acierto nuestros padres cuando rechazaban como contraria á su fe la forma constitucional ó representativa, prefiriendo la monarquia pura que en los últimos siglos era el gobierno de España. Porque cierto natural instinto decia, áun a los menos avisados, que las nuevas formas políticas, en si inofensivas como tales formas, venian impregnadas del principio herético liberal, por lo que hacian muy bien en llamarlas liberales; de igual suerte que la monarquía pura, que de sí podia ser muy impía y áun herética, se les presentaba como forma esencialmente católica, pues desde muchos siglos atrás venian recibiéndola los pueblos informada con el espiritu del Catolicismo.

 

Erraban, pues, ideológicamente hablando, nuestros realistas, que identificaban la Religion con el antiguo régimen político, y reputaban impíos á los constitucionales ; pero acertaban , prácticamente hablando, porque en lo que se les queria presentar como mera forma politica indiferente veían ellos, con el claro instinto de la fe, envuelta la idea liberal. Esto sin contar con que los corifeos y sectarios del bando liberal hicieron todo lo posible, con blasfemias y atentados, para que no desconociese el verdadero pueblo cual era en el fondo la significación de su odiosa bandera.

 

Tampoco es rigurosamente exacto que las formas políticas sean indiferentes á la Religion, aunque ésta las acepte todas. El santo filósofo las estudia y analiza, y sin condenar alguna, no deja de manifestar preferencia por las que más á salvo dejan el principio de autoridad, que está basado principalmente en la unidad.

 

Con lo cual dicho se está que la forma más perfecta de todas es la monarquía, que es la que más se asemeja al gobierno de Dios y de la Iglesia. Así como la más imperfecta es la república por la inversa razon.  La monarquia exige la virtud de un hombre solo, y la república exige la virtud de la mayoria de los ciudadanos. Es, pues, lógicamente hablando, más irrealizable el ideal republicano que el ideal monárquíco. Este es más humano que aquél, porque exige menos perfeccion humana y se acomoda más á la rudeza y vicios de la generalidad.

 

Anmerkung ETIKA : Das Risiko der Ungerechtigkeit und Unterdrückung ist aber bei einem Alleinherrscher ungleich größer, wenn man das heutige „Menschenmaterial“ betrachtet. So ist bei einem Parlament doch eine gewisse Kontrolle gegeben, weil sich die gesellschaftlichen Kräfte in etwa die Waage halten oder von Zeit zu Zeit abwechseln. Auch hat der einzelne Bürger im Normalfall mehr Freiheiten im Denken, Reden und Handeln – Extremisten ausgenommen, die auch in Demokratien verfolgt werden. Eine Monarchie wächst sich freilich schneller zur Diktatur aus als eine Republik bzw. Demokratie. Wer an die englischen Thronfolger, den persischen Schah oder den menschenfressenden Kaiser von Zentralafrika denkt, zieht die demokratische Republik einer Monarchie vor. Wäre freilich ein gerechter, gütiger, tugendhafter Herrscher aufzutreiben, dann hätte Sardá y Salvany recht.

 

Mas para el católico de nuestro siglo la mayor de todas las razones para prevenirle en contra de los gobiernos de forma popular, debe ser el afan constante con que en todas partes ha procurado implantarlos la Masonería. Por intuicion maravillosa ha conocido el infierno que éstos eran los sistemas mejor conductores de su electricidad, y que ningunos podrán servirle más á su gusto. Es, pues, indudable que un católico debe mirar como sospechoso todo lo que en este concepto le predica como más acomodado á sus miras la Revolucion; y que, por tanto, todo lo que la Revolucion acaricia y pregona con el nombre de Liberalismo, hará bien en mirarlo él como tal Liberalismo, aunque sólo de formas se trate; pues tales formas no son en este caso más que el envase ó envoltura con que se quiere que admita en casa el contrabando de Satanás.

 

etika.com: Para facilitar la traducción en otras lenguas, modernizamos en partes del texto un poco la grafía: en vez de ó o, en vez de á a.

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