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ETIKA E |
D. Félix Sardá y Salvany |
www.etika.com |
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49LB3C |
El liberalismo es pecado |
D. Félix Sardá y Salvany, Pbro., Barcelona 1887 |
En alemán/auf deutsch: Eine Demokratie
oder eine Monarchie hat an sich nichts mit dem Liberalismus zu tun.
Die Staatsformen sind Staatsformen, und nicht mehr.
Eine Monarchie ist nicht an sich religiöser als eine Republik.
Glorreichstes Beispiel einer Regierung war jene von Aragón und Katalonien, die
zugleich demokratischste und katholischste.
El liberalismo es pecado, I. – V.,
etc.
XII.
De algo que pareciendo Liberalismo no lo es,
y de algo que lo es aunque no lo parezca.
Es gran
maestro el diablo en artes y embelecos, y
lo mejor de su diplomacia se ejerce en introdu-
cir en las ideas la confusion. La mitad de su poderío
sobre los hombres perdería el maldito con que las
ideas, buenas o malas, apareciesen francas y deslin-
dadas. Adviértase de paso que llamarle al diablo de
esta manera no es moda hoy, tal vez porque el Libe-
ralismo nos ha acostumbrado a tratar aun al señor
diablo con cierto respeto. El diablo, pues, en tiempos
de cismas y herejías, lo primero que procuró fué que
se barajasen y trastocasen los vocablos, medio seguro
para traer desde luego mareadas y al retortero la
mayor parte de las inteligencias.
Esto pasó con el Arrianismo, en términos que varios Obispos de gran
santidad llegaron a suscribir en el Concilio de Milan
una fórmula en que se condenaba al insigne Atana-
sio, martillo de aquella herejía. Y aparecerian en la
historia como verdaderos fautores de ella si Eusebio
Mártir, legado pontificio, no hubiese acudido a tiem-
po a desenredar de tales lazos lo que el Breviario
llama captivatam simplicitatem de alguno de aquellos
candorosos ancianos. Lo mismo sucedió con el Pela-
gianismo ; lo mismo con el Jansenismo tiempo atrás;
lo mismo acontece hoy con el Liberalismo.
Liberalismo son para unos las formas politicas de
cierta clase ; Liberalismo es para otros cierto espiritu
de tolerancia y generosidad opuestos al despotismo
y tiranía ; Liberalismo es para otros la igualdad civil,
salva la inmunidad y fuero de la Iglesia ; Liberalismo
es, en fin, para muchos una cosa vaga e incierta, que
pudiera traducirse sencillamente par lo opuesto a to-
da arbitrariedad gubernainental. Urge, pues, volver
a preguntar aquí: ¿ Que es el Liberalismo? o mejor,
¿ qué no es?
En primer tugar, no son ex se Liberalismo las for-
mas políticas de cualquier clase que sean; por demo-
cráticas o populares que se las suponga. Cada cosa es
lo que es. Las formas son formas, y nada más. Una
república unitaria o federal, democrática, aristocrá-
tica o mixta; un gobierno representativo o mixto,
con más o menos atribuciones del poder Real, o con
el máximum o mínimum de rey que se quiera hacer
entrar en la mixtura; la monarquia absoluta o tem-
plada, hereditaria o electiva, nada de eso tiene que
ver ex se (repárese bien este ex se) con el Liberalis-
mo. Tales Gobiernos pueden ser perfecta e integra-
mente católicos.
Como acepten sobre su propia soberanía la de Dios
y reconozcan haberla recibido de Él,
y se sujeten en su ejercicio al criterio inviolable de la
ley cristiana, y dén por indiscutible en sus Parla-
mentos todo lo definido, y reconozcan como base del
derecho público la supremacía moral de la Iglesia y
el absoluto derecho suyo en todo lo que es de su
competencia; tales Gobiernos son verdaderamente
católicos, y nada les puede echar en cara el más exi-
gente ultramontanismo, porque son verdaderamente
ultramontanos. La historia nos ofrece repetidos ejem-
plos de poderosísimas repúblicas, fervorosísimas ca-
tólicas. Ahí está la aristocrática de Venecia; ahí la
mercantil de Génova y ciertos cantones suízos.
Como ejemplo de monarquías mixtas muy católi-
cas podemos citar nuestra gloriosísima de Cataluña
y Aragon, la más democrática y a la vez la más cató-
lica del mundo en los siglos medios; la antigua de
Castilla hasta la casa de Austria; la electiva de Polo-
nia hasta la inicua desmembracion de este religiosí-
simo reino. Es una preocupacion creer que las mo-
narquías han de ser ex se más religiosas que las re-
públicas. Precisamente los más escandalosos ejemplos
de persecucion al Catolicismo los han dada en los
tiempos modernos monarquías como la de Rusia y la
de Prusia.
Un Gobierno, de cualquier forma que sea,
es católico si basa su Constitucion y legislacion y po-
lítica en principios católicos; es liberal si basa su
Constitucion, su legislacion y su politica en princi-
pios racionalistas. No en que legisle el rey en la mo-
narquía, o en que legisle el pueblo en la república, o
en que legislen ambos en las formas mixtas, está la
esencial naturaleza de una legislacion o Constitucion;
sino en que se haga o no se haga todo bajo el sello
inmutable de la fe y conforme a lo que manda a los
Estados como a los indivíduos la ley cristiana. Así
como en los indivíduos, lo mismo puede ser católico
un rey con su púrpura, un noble con sus blasones o
un trabajador con su blusa de algodon; de igual
suerte los Estados pueden ser católicos, sea cual fue-
re la clasificacion que se les dé en el cuadro sinóptico
de las formas gubernativas.
De consiguiente, tampo-
co tiene que ver el ser liberal o no serlo, con el ho-
rror natural que todo hombre debe profesar a la
arbitrariedad y tiranía, con el deseo de la igualdad
civil entre todos los ciudadanos, salva la eclesiástica
inmunidad, y mucho menos con el espíritu de tole-
rancia y generosidad, que (en su debida acepcion)
no son sino virtudes cristianas. Y sin embargo, todo
esto en el lenguaje de ciertas gentes, y aun de ciertos
periódicos, se llama Liberalismo. He aquí, pues, una
cosa que, pareciendo Liberalismo, no lo es en mane-
ra alguna.
Hay en cambio alguna cosa que, no pareciendose
al Liberalismo, efectivamente lo es. Suponed una
monarquía absoluta, como la de Rusia, o como la de
Turquía, si os parece mejor ; o suponed un Gobierno
de los llamados conservadores de hoy, el más con-
servador que os sea dable imaginar, y suponed que
tal monarquía absoluta o tal Gobierno conservador
tengan establecida su Constitucion y basada su legis-
lacion, no sobre principios de derecho católico, ni
sobre la indiscutibilidad de la fe, no sobre la riguro-
sa observancia del respeto a los derechos de la Igle-
sia, sino sobre el principio, o de la voluntad libre
del rey, o de la voluntad libre de la mayoría conser-
vadora... Tal monarquía y Gobierno conservador son
perfectamente liberales y anticatólicos.
Que el librepensador sea un monarca, con sus
ministros responsables, o que lo sea un ministro res-
ponsable, con sus Cuerpos colegisladores, para el
efecto es igual. En uno y otro caso anda aquélla in-
formada por el criterio librepensador, y de consi-
guiente liberal. Que tenga o no
tenga, por sus miras,
aherrojada la prensa, que azote por cualquier nonada
al país, que rija con vara de hierro a sus vasallos,
podrá no ser libre aquel misero país, pero será per-
fectamente liberal.
Tales fueron los antiguos impe-
rios asiáticos; tales varias modernas monarquías; tal
el imperio aleman de hoy, como lo sueña Bismarck
(Anmerkung etika.com: aus deutscher Sicht sieht alles ein bißchen
anders aus, vor allem hat sich Bismarck große Verdienste um das deutsche Reich
und seine Bevölkerung, unter anderem mit der Einführung der Sozialversicherung
- Renten für jedermann – erworben, und in Deutschland spielt die Rivalität
zwischen dem katholischen und evangelischen Teil eine große Rolle, wobei jede
Seite Schuld auf sich geladen hat);
tal la actual monarquía española, cuya Constitucion
declara inviolable al monarca, pero no declara invio-
lable a Dios. Y he aquí el caso de algo que pareciendo
no ser Liberalismo, lo es sin embargo, y del más re-
finado y del mas desastroso, por lo mismo que no
tiene apariencia de tal.
Por donde se verá con qué delicadeza se ha de pro-
ceder cuando se tratan tales cuestiones. Es preciso
ante todo definir los términos del debate y evitar el
equívoco, que es lo que más favorece al error.
XIII.
Notas y
comentarios a la doctrina expuesta en el capitulo anterior.
Hemos dicho que no son ex se liberales las formas democráticas ó populares, puras ó mixtas,
y creemos
haberlo suficientemente probado. Sin embargo, esto que especulativamente
hablando, ó sea en abstracto, es una verdad; no lo es tanto in praxi, ó
sea en el órden de los hechos, al que principalmente debe andar siempre atento
el propagandista católico.
En efecto; á pesar de que, consideradas en si mismo, no son liberales tales formas de gobierno; lo son
en nuestro siglo, dado que la Revolución moderna, que no es otra cosa que el Liberalismo en
acción, no nos las presenta más que basadas en sus erróneas doctrinas. Así que muy
cuerdamente el vulgo, que entiende poco
de distingos, califica de Liberalismo todo lo que en nuestros días se le
presenta como reforma democrática en el gobierno de las naciones; porque, áun
cuando por la natural esencia de las ideas no lo sea, de hecho lo es. Y
por tanto discurrian con singular tino y acierto nuestros padres cuando
rechazaban como contraria á su fe la forma constitucional ó representativa,
prefiriendo la monarquia pura que en los últimos siglos era el gobierno de
España. Porque cierto natural instinto decia, áun a los menos avisados, que las
nuevas formas políticas, en si inofensivas como tales formas, venian
impregnadas del principio herético liberal, por lo que hacian muy bien en
llamarlas liberales; de igual suerte que la monarquía pura, que de sí
podia ser muy impía y áun herética, se les presentaba como forma esencialmente
católica, pues desde muchos siglos atrás venian recibiéndola los pueblos
informada con el espiritu del Catolicismo.
Erraban, pues, ideológicamente
hablando, nuestros realistas, que identificaban la Religion con el
antiguo régimen político, y reputaban impíos á los constitucionales ; pero
acertaban , prácticamente hablando, porque en lo que se les queria presentar como
mera forma politica indiferente veían ellos, con el claro instinto de la fe,
envuelta la idea liberal. Esto sin contar con que los corifeos y sectarios del bando
liberal hicieron todo lo posible, con blasfemias y atentados, para que no
desconociese el verdadero pueblo cual era en el fondo la significación de su
odiosa bandera.
Tampoco es
rigurosamente exacto que las formas políticas sean indiferentes á la Religion, aunque
ésta las acepte todas. El santo filósofo las estudia y analiza, y sin condenar
alguna, no deja de manifestar preferencia por las que más á salvo
dejan el principio de autoridad, que
está basado principalmente en
la
unidad.
Con lo cual dicho
se está que la forma más perfecta de todas es la monarquía, que es la que más se asemeja al
gobierno de Dios y de la Iglesia. Así como la más
imperfecta es la república por la inversa razon. La monarquia exige la virtud de un hombre solo, y la república
exige la virtud de la mayoria de los ciudadanos. Es, pues, lógicamente
hablando, más irrealizable el ideal republicano que el ideal monárquíco. Este es más
humano que aquél, porque exige menos perfeccion humana y se acomoda más á la
rudeza y vicios de la generalidad.
Anmerkung ETIKA : Das Risiko der Ungerechtigkeit und Unterdrückung ist aber bei einem Alleinherrscher ungleich größer, wenn man das heutige „Menschenmaterial“ betrachtet. So ist bei einem Parlament doch eine gewisse Kontrolle gegeben, weil sich die gesellschaftlichen Kräfte in etwa die Waage halten oder von Zeit zu Zeit abwechseln. Auch hat der einzelne Bürger im Normalfall mehr Freiheiten im Denken, Reden und Handeln – Extremisten ausgenommen, die auch in Demokratien verfolgt werden. Eine Monarchie wächst sich freilich schneller zur Diktatur aus als eine Republik bzw. Demokratie. Wer an die englischen Thronfolger, den persischen Schah oder den menschenfressenden Kaiser von Zentralafrika denkt, zieht die demokratische Republik einer Monarchie vor. Wäre freilich ein gerechter, gütiger, tugendhafter Herrscher aufzutreiben, dann hätte Sardá y Salvany recht.
Mas para el
católico de nuestro siglo la mayor de todas las razones para prevenirle en contra de los gobiernos de
forma popular, debe ser el afan constante con que en todas partes ha procurado
implantarlos la Masonería. Por intuicion maravillosa ha conocido el infierno
que éstos eran los sistemas mejor conductores de su electricidad, y que ningunos
podrán servirle más á su gusto. Es, pues, indudable que un católico debe mirar
como sospechoso todo lo que en este concepto le predica como más acomodado á sus miras la
Revolucion; y que, por tanto, todo lo que la Revolucion acaricia y pregona con el nombre
de Liberalismo, hará bien en mirarlo él como tal Liberalismo, aunque sólo de
formas se trate; pues tales formas no son en este caso más que el envase ó
envoltura con que se quiere que admita en casa el contrabando de Satanás.
etika.com:
Para facilitar la traducción en otras lenguas, modernizamos en partes del texto
un poco la grafía: en vez de ó o, en vez de á a.