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ETIKA E |
LA NATURALEZA |
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Del sol, y de sus efectos, y hermosura |
Fray Luis de Granada |
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Luis de Granada:
Introduccion del Symbolo de la Fè.
Dicho de los Cielos en comun, siguese que digamos en particular de los planetas, y estrellas, que ay en ellos: y primero del mas noble, que es el Sol.
En el qual ay tantas grandezas, y maravillas que considerar, que preguntado un gran Philosopho por nombre Anaxágoras, para què avia nascido en este mundo, respondiò, que para vèr el Sol pareciendole, que era bastante causa para esto, contemplar lo que Dios obrò en esta criatura, y lo que obra en este mundo por ella.
Y con todo esto no adoraba este philosopho al Sol, ni le tenia por Dios, como otras infinitas gentes: antes dixo, que era una gran piedra, ò cuerpo material muy encendido, y resplandesciente. Por lo qual fue condenado en cierta pena por los Athenieníes, y fuera sentenciado à muerte, si su grande amigo Pèricles no le valiera.
Mas con ser esta Estrella tan admirable, nadie se maravilla de las virtudes, y propriedades, que el Criador en ella puso; porque como dice Seneca, la costumbre de ver correr las cosas de una misma manera, haze que no parezcan admirables, por grandes que sean.
Mas por el contrario, qualquier novedad, que aya en ellos, aunque sea pequeña, haze que luego pongan todos los ojos en el Cielo.
El Sol no tiene quien lo mire, sino quando se eclypsa, y nadie mira à la luna, sino quando la sombra de la tierra la escurece.
Mas quanto mayor cosa es, que el Sol con la grandeza de su luz esconde todas las estrellas; y que con ser tanto mayor que la tierra, no la abrasa; sino templa la fuerza de su calor con sus mudanzas, haziendolo en unos tiempos mayor, y en otros menor; y que no hinche de claridad la luna, ni tampoco la escurece, y eclypsa, sino quando està en la parte contraria?
De estas cosas nadie se maravilla, quando corren por su orden; mas quando salen de ella, entonces nos maravillamos, y preguntamos lo que aquello serà. Tan natural cosa es à los hombres, maravillarse mas de las cosas nuevas, que de las grandes. Hasta aqui son palabras de Seneca.
Mas S. Augustin dice (De Civit Dei, lib. 10 C. 12.), que los hombres sabios no menos, sino mucho mas se maravillan de las cosas grandes, que de las nuevas, y desacostumbradas: porque tienen ojos para conocer la dignidad, y excelencia de ellas, y estimarlas en lo que son.
I. Pues tornando al proposito, entre las virtudes, è influencias de este Planeta, la mayor, y mas general, es, que èl influye luz, y claridad en todos los otros planetas, y estrellas, que estàn derramadas por todo el Cielo. Y como sea verdad, que assi ellos como ellas obren en este mundo sus effectos mediante la luz, con que llegan de lo alto à lo baxo, y esta luz reciben del sol: siguese, que èl despues de Dios es la primera causa de todas las generaciones, y corrupciones, y alteraciones, y mudanzas, que ay en este mundo inferior.
Y assi decimos, que èl concurre en la generacion del hombre: por lo qual se dice comunmente, que el sol, y el hombre engendran al hombre. Y no solo engendra la cosas; mas èl tambien mediante el calor, que influye en ellas, las haze crecer, y levanta à lo alto. Por donde vemos espigar todas las hortalizas, y crecer las miesses por el mes de Mayo, quando yà comienzan los calores à crecer.
II. El mismo levanta à lo alto los vapores mas subtiles de la mar: los quales llegando à la media region del ayre (que es frigidissima) se espesan, y convierten en agua, y riegan la tierra, y con esto produce ella todos los fructos, y pastos: que es el mantenimiento assi de los hombres. como de los brutos animales.
De modo, que de ella podemos decir, que nos dà pan, y vino, y carnes, y lanas, y frutas, y finalmente, quasi todo lo necessario para el uso de la vida; porque todo esto nos dà el agua.
III. El es, el que con la variedad de sus movimientos nos señala los tiempos: que son, dias, y noches, meses, y años: porque nasciendo en este nuestro emisferio, haze dia, y poniendose, y desviandose de nuestros ojos, haze noche: y corriendo por cada uno de los doze signos del Cielo, señala los meses (por detenerse por espacio de un mes en cada uno) y dando una perfecta buelta al mundo por estos doze signos con su propio movimiento, señala los años. Porque una buelta de estas suyas hace un año.
IV. El mismo es, el que allegandose, ò desviandose de nosotros, es causa de las quatro differencias de tiempos, que ay en el año: que son, Invierno, Verano, Estìo, y Otoño: los quales ordenò la Divina Providencia por medio de este Planeta, assi para la salud de nuestros cuerpos, como para la procreacion de los fructos de la tierra, con que ellos se sustentan.
Y cuanto à lo que toca à la salud, es de saber, que assi como nuestros cuerpos estàn compuestos de quatro elementos, assi tienen las quatro qualidades de ellos: que son, frio, y calor, humedad, y sequedad: à las quales corresponden los quatro humores, que se hallan en estos cuerpos.
Porque à la frialdad corresponde la flema, à la humedad la sangre, al calor la colera, y à la sequedad la melancolìa. Pues como aquel Supremo Governador viò, que la salud de nuestros cuerpos consiste en el temperamento, y proporcion de estos quatro humores, y la enfermedad, quando se destemplan, cresciendo, ò menguando los unos sobre los otros, de tal manera ordenò estos quatro tiempos, que cada uno de estos quatro humores tuviesse sus tres meses proporcionados en el año, en que se reformasse, y rehiziesse.
Y assi, para la flema sirven los tres meses del invierno, que son frios como ella. Y para la sangre los tres del Verano, que son templados como ella; y para la colera los tres Estìo, que son calientes como ella; y para la melancolìa los tres de el Otoño, que son secos como ella lo es: y assi, en estos quatro tiempos reyna, y predomina cada uno de estos quatro humores; y assi teniendo igualmente repartidos los tiempos, y las fuerzas, se conservan en paz, sin tener uno invidia del otro (pues con tanta igualdad se les repartan los tiempos) y assi ninguno prevalezca contra el otro, ni presuma destruirlo, viendo que tiene iguales fuerzas, è igual tiempo de de su parte para rehazerse, que el.
Y no menos sirve maravillosamente esta mudanza de tiempos para lo segundo, que diximos que es, para la procreacion de los fructos, y pastos de la tierra, con que estos cuerpos han de ser alimentados.
Porque en el tiempo de la otoñada se acaban de recoger los fructos, que el Estìo con su calor madurò: y con las primeras aguas, que entonces vienen, comienza el labrador à romper la tierra, y hazer sus sementeras.
Y para que los sembrados echen hondas raìzes en la tierra, y crezcan con fundamento, se siguen muy à proposito los frios del invierno: donde las plantas. huyendo del ayre frio,, se recogen para dentro: y assi emplean toda su virtud en echar sus raìzes mas hondas, para que despues tanto mas seguramente crezcan, quanto mas arraygadas estuvieren en la tierra.
Esto hecho, para que de aì adelante crezcan, succede el Verano: el qual con la virtud de su calor las haze crescer, y sube à lo alto: al qual succede el ardor del Estìo, que las madura, dessecando con la fuerza de su calor, y sequedad, toda la frialdad, y humedad que tienen: y con esto maduran.
De esta manera, acabado el curso de un año, queda hecha provision de mantenimiento, assi para el hombre, como para los animales, que le han de servir. De modo, que como los Señores, que tienen criados, y familia, suelen diputar un cierto salario cada año para su mantenimiento: assi aquel gran Señor (cuya familia es todo este mundo) con la revolucion del sol que se haze en un año, y con estas cuatro differencias de tiempo, provee cada año de mantenimiento, y de todo lo necessario para esta su gran casa, y familia; y esto hecho manda luego al sol, que vuelva à andar otra vez por los mismos passos contados, para hazer otra nueva provision para el año siguiente.
V. Y porque todos los hombres, y animales estàn subjectos à la muerte, y si no se reparassen las especies con sus individuos, se acabaria el mundo, cada año lo repara el Criador por el ministerio de esta misma Estrella: porque con la buelta, que ella dà àzia nosotros en llegando à la Primavera, quando los arboles parece que resuscitan, tambien se puebla el mundo de otra nueva generacion, y de otros nuevos moradores: Porque en esse tiempo se crian nuevos animales en la tierra, nuevos pezes en el agua, y nuevas aves en el ayre.
Y de esta manera aquel Divino Presidente sustenta, y govierna este mundo, acrecentando cada año su familia, y proveyendo pasto, y mantenimiento para ella.
Pues quien, viendo la orden de esta Divina Providencia, no exclamarà con el Propheta, diciendo:
Quan engrandecidas son vuestras obras, Señor! (Psal. 103.) Todas estan hechas con summa Sabiduria: llena esta la tierra de vuestras riquezas.§. I.
página 63:
Providencia especial del Criador en este Planeta para el orden de los tiempos; y otras exelencias suyas.
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§. II.
De la Luna,, y Estrellas.
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