ETIKA E

JUSTICIA DIVINA

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27-10-2003

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Castigos que Dios tiene hechos en credito de su Justicia en los perseguidores de la Iglesia

Fray Luis de Granada: Introducciˇn del Symbolo de la Fe, Segunda Parte, XXVIII. Madrid, 1730, p. 659ss.

De como quasi todos los Emperadores, que persigueron la FŔ, y Religion Christiana, acabaron desastradamente: y los que la honraron, fueron en todas las cosas ayudados de Dios, y prosperados.

No dexa de ser tambien grande testimonio de la verdad, de nuestra FŔ ver, que quasi todos los que la persiguieron, acabaron desastradamente, y los que la favorecieron, y abrazaron, fueron prosperados en sus Reynos, y Imperios. Y digo quasi todos, y no todos; porque (como dice S. Augustin) de tal manera se ha la Divina Providencia en la governaciˇn de este mundo, que ni castiga en esta vida todos los malos, ni dexa de castigar muchos de ellos.

Porque si castigÓra Ó todos, pudieran los hombres imaginar, que todo se remataba en esta vida, y no quedaba nada para la otra: y si Ó ninguno castigÓra, pudieran imaginar, que no avia Providencia, que tuviesse Ó cargo las cosas humanas. Por esso, la SabidurÝa divina (que todas las cosas endereza para el bien de sus criaturas) algunas cosas castiga poderosamente; para que vean los hombres, que ay Providencia (mayormente las que son tan exorbitantes, que ellas mismas estÓn clamando Ó Dios, y pidiendo venganza) y otras dexa por castigar; para que entendamos, que reserva su castigo para la otra vida, y que no se concluye todo en esta.

Lo qual se vee en algunos de los Emperadores, que persiguieron la Iglesia, que no recibieron aqui su merecido. Pero como esta crueldad, y maldad, era tan grande, no consintiˇ la Divina Justicia, que quedassen otros muchos sin castigo, aun en esta vida. En lo qual maravillosamente resplandece la divina Providencia, que usaba de los tyrannos, como de ministros, y instrumentos para fundar la FŔ de su Iglesia con la sangre de los Martyres, y para hermosear el Cielo con este gloriosissimo exercito de ellos. Porque si no huviera tyrannos, no huviera Martyres: si no huviera Decio, no huviera Laurencio, si no huviera Deciano, no huviera Vincencio: y si no huviera Herodes, no huviera martyres Innocentes.

Mas despues de averse servido de ellos en este ministerio, dabales tambien aqui su merecido: como lo hizo con Nabuchodonos˛r, de el qual us˛,como de vara (segun lo llama Esaýas) para azotar Ó su pueblo. Mas acabado este officio, ech˛ la vara en el fuego: quiero decir destruy˛, y puso por tierra todo su Imperio. Pues lo mismo hizo quasi con todos estos tyrannos: de los quales unos fueron arrebatados por los demonios, otros se mataron con sus proprias manos, otros fueron despedazados por bestias fieras, otros murieron, comiendose las manos Ó bocados, otros ahogandose en los rÝos, y otros de otras maneras.

Assi leemos en el Martyrio de Sancta Eufemia, Noble Virgen, que queriendo el juez perverso forzarla en la carcel, fue luego arrebatado del demonio, y el verdugo, que la degoll˛, fue luego muerto por un Leon, y la noche siguiente el juez, que la sentenci˛, se mat˛, comiendose Ó bocados, y lleno de furor. Lo qual movi˛ Ó muchos de los infieles, assi Judios, como Gentiles, Ó ser Christianos.

Assimismo, quasi todos los Reyes, y emperadores, que martyrizaron los Sanctos, tuvieron muy desastrados fines. Entre los quales el primero fue Herodes: el qual por matar al Ni˝o I E S U S, mat˛ los Innocentes: cuya enfermedad,y muerte, fue terribilissima, como escrive largamente Iosepho (Antiquit. Judaic.lib 17.cap.9.& 10), y en cabo, despues de aversele saltado los ojos, en un ba˝o, desesperado de la vida, se meti˛ un cuchillo por los pechos, y se mat˛, mandando antes matar el tercero de los hijos, despues de aver muerto Ó dos de ellos (Idem lib. 16. c.13).

El segundo Herodes, que degoll˛ Ó Sanctiago, y tuvo preso Ó S. Pedro, fue herido por un Angel, y muri˛ comido en vida de gusanos, com escrive el mesmo Iosepho, y S. Lucas.

El tercero perseguidor de la Iglesia (Lib. 19. cap.7. Act.12): que fue Ner˛n, (el qual martiriz˛ Ó S. Pedro, y S. Pablo,) viendo, que no podia escapar de los conjurados, que lo buscaban para matarle, Ŕl los libr˛ de esse trabajo, matandose con sus manos.

El quarto, que fue Domiciano, que desterr˛ Ó S. Iuan Evangelista, fue muerto Ó manos de los suyos.

Valeriano, cruel perseguidor de la Iglesia, fue vencido en batalla por el Rey de los Persas: el qual lo prendi˛, y mand˛ sacar los ojos, y se servia de Ŕl, para poner sobre Ŕl los pies, quando cavalgaba.

Aureliano fue muerto por manos de los suyos.

Decio, que martyriz˛ Ó S. Laurencio, Ŕl juntamente con sus hijos fue muerto.

Diocleciano, cruelissima bestia, el qual se hizo adorar por dios, vino Ó tan gran perdicion, y desatino, que le fue forzado dexar la Corona, y el Sceptro, y vivir, como uno del pueblo.

Maximiano su compa˝ero tambien lo dex˛, y vivia como Ŕl: y aun assi no le fue concedido vivir; porque Maxencio su hijo, que se queria alzar con el Imperio, le ech˛ di Roma: de donde sali˛ huyendo, y se acogi˛ al amparo de Constantino, que era su yerno. Y siendo por Ŕl noblemente recibido, ensayaba contra Ŕl traycion. Lo qual fue sabido, y por ello castigado con la muerte, y con deshonra, y infamia. CÓ sus estatuas, y medallas, fueron mandados raer, d˛ quiera que estaban, y los titulos de las casas publicas, que de Ŕl avian tomado nombre, se mandaron mudar. Pues Maxencio su hijo, heredero de los vicios, y crueldad de su padre, por especial milagro, y disposicion Divina, muri˛. Porque aviendo armado una puente falsa sobre un rio cabe Roma, para que llegando el emperador Constantino Ó ella, se hundiesse en el rio, Ŕl, como desatinado, no acordandose de lo que avia tramado, puso las piernas al cavallo, y passando por la misma puente, cay˛, y se ahog˛.

Maximino, tambien cruelissimo perseguidor de la Iglesia, fue vencido en la batalla por el mismo Constantino, y escap˛ huyendo de su exercito entre los aguadores. Por lo qual, indignado contra los agoreros, que le prometian la victoria, los mand˛ matar. Y sobre esta afrenta, lo castig˛ Dios con una gravissima enfermedad, hinchandosele, y pudriendosele las entra˝as: y dentro de el pecho se le hizo una llaga, que poco Ó poco se estendia por Ŕl, sin otras, que tenia derramadas por toda su carne, que manaban arroyos de gusanos. Y con ellas tenia hedor tan terrible, que ningun hombre, ni los mismos zirujanos podian llegar a Ŕl. Y viendo que sus medicos no le podian remediar, ni hazer algun beneficio, antes huýan de Ŕl por su abominable hed˛r, mand˛ matar muchos de ellos. Entre los quales lleg˛ Ó Ŕl uno, mas para ser degollado, que para curarle; y movido por especial instincto de Dios, le dixo: Por quŔ yerras, Emperador, pensando, que pueden los hombres estorvar, lo que Dios ordena? Esta tu enfermedad ni es de hombres, ni hombres la pueden curar. Mas acuerdate, quantos males has hecho Ó los siervos de Dios, y de quanta crueldad has usado contra sus honradores: y assi sabrÓs, Ó quien has de pedir remedio. Porque yo bien podrŔ morir, como los otros; mas tu no serÓs curado por manos de medicos. Entonces comenz˛ Maximino Ó conoscer, que era hombre, y trayendo Ó la memoria sus males, confess˛ que avia errado. Finalmente, perdiendo la vista de los ojos, y conosciendo entonces mejor la fealdad de sus males, hizo fin con affligida muerte Ó su mala vida.

Licinio tambien, que Imperaba en Oriente en tiempo de Constantino, que no menos cruelmente persigui˛ la Iglesia, que sus antecessores, levantandose contra Constantino, fue por Ŕl muerto en batalla.

Despues de estos Juliano Apostata, (que con otras nuevas artes hizo mas cruel guerra, Ó la Iglesia,) acab˛ en pocos dias su Imperio, y su vida, muerto en la guerra contra los Persas, dexando el exercito en grandissimo peligro; sin que nada le valiessen, ni sus Dioses, ni sus agoreros, y encantadores, en quien tenia toda su confianza.

Pues Valente Arriano, grande perseguidor de los Catholicos, en una batalla contro los Godos fue por ellos desbaratado: y escondiendose en una chozuela, alli le pegaron fuego, y assi muri˛, como sus obras lo merecian.

Estos fueron los fines, y desastres de todos aquellos, que tomaron armas contra la Religion Cristiana: lo qual no es peque˝o argumento de la verdad, y sanctidad de ella.

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